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Full text of "Los mostenses : zarzuela cómica en tres actos, divididos en nueve cuadros en prosa"

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ADMINISTRACIÓN 


7  3  81 

LOS  MOSTENSES 


ZARZUELA  CÓMICA 

EN  TRES  ACTOS,  DIVIDIDOS  EN  NUEVE  CUADROS 


EN   PROSA,   ORIGINAL   DE 


CANTÓ,  LUCIO  Y  ARNICHES 


MÚSICA  liST, 


i 


MAESTRO   CHAPÍ 


CEDACEROS,  NÚM.  4,  SEGUNDO 

]  3 


LOS  MOSTENSES 


Esta  obra  es  propiedad  de  sus  autores,  y  nadie  podrá, 
sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en  Es- 
paña y  sus  posesiones  de  Ultramar,  ni  en  los  países 
con  los  cuales  haya  celebrados  ó  se  celebren  en  ade- 
lante tratados  internacionales  de  propiedad  literaria. 

Los  autores  se  reservan  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Administración  Lírico-dra- 
mática de  DON  EDUARDO  HIDALGO,  son  los  encar- 
gados exclusi'^amente  de  conceder  ó  negar  el  permiso 
de  representación  y  del  cobro  de  los  derechos  de  pro- 
piedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


LOS  MOSTENSES 

ZARZUELA    CÓMICA 

Efí  TRES  ACTOS,  DIVIDIDOS  EN  NUEVE  CUADROS 


KN   PROSA,    ORIGINAL   DK 


CANTÓ,  LUCIO  Y  ARNICHES 


MÚSICA   DEIi 


2vd:-¿^ESTi^o    ciai.^iE'i 


Estrenada  en  el  TEATRO  DE  LA  ZARZUELA  la  noche  del  6 
de  Diciembre  de   1893 


MADRID 

R.   VELASCO,   IMPRESOR,   RUBIO,    20 
1893 


REPARTO 


PERSONAJES 


ACTORES 


Lauea = Srta.  Soler  Di-Franco. 

SuPEEioEA. Sra.    Toda. 

Madke  toeneka García. 

Madee  Mónica , Eosal. 

IJesula ". . . ,  Srta.  Sánchez. 

Educanda  1.a Pastor. 

Ídem  2.a Cros. 

Ídem  3.a Cantejo. 

Mesoneea Sra.    López. 

MoLiNEEÁ Srta.  Bueno. 

Moza  1.a Eodríguez. 

Ídem  2.a Bernal. 

Ídem  3.a Vega. 

Laceeda Sr.     Berges. 

J»EMANDADEEO Soler. 

Baebeeo Guerra. 

Maeqüés  de  la  Cein Bueso. 

El  lego Jimeno. 

Mendoza Suárez. 

El  Mayoedomo Navarro. 

Molineeo Peral. 

El  tío  Malasteipas Suárez. 

El  tío  Zoeeo  (mesonero) Alvarez  (C.) 

Ouadbilleeo Sola. 


6GS743 


Mercadee  l.o Sr.     Puchol. 

Ídem  2.» Rilo. 

Estudiante  l.o Asensio  (A.) 

Ídem  2.o Gado. 

Ídem  3.o Valle. 

Mozo  1.0 Beut. 

Ídem  2.o Sanz. 

Ídem  3.o Asensio  (M.) 

Mozas,  mozos,  mercaderes,  cuadrilleros,  aldeanos,  molineros,  monjas, 

educandas   y   estudiantes.    Coro    general,    banda    de    bandurrias  j 

guitarras  y  acompañamiento 


Por  derecha  é  izquierda  las  del  actor 


Esta  obra  ha  sido  dirigida  y  puesta  en  escena  por  D.  Miguel" 
Soler  y  concertada  por  el  maestro  Sr.  López. 

Se  han  estrenado  ocho  magníficas  decoraciones  pintadas 
por  D.  Luis  IVIurieL 

La  sastrería  ha  estado  á  cargo  de  la  Sra.  Viuda  de  Vila. 


ACTO  PRIMERO 


CUADRO  PRIIVIERO 


Decoración.  Interior  de  un  mesón.  A  la  derecha  una  escalera  que 
conduce  á  un  corredor  con  varios  cuartos  que  hay  en  el  foro. 
Junto  á  la  escalera  una  puerta  que  se  supone  da  á  la  cocina.  A 
la  izquierda  otra  puerta  que  da  á  la  cuadra.  Una  mesa  larga  ro- 
deada de  banquetas  en  el  mismo  lado.  Varios  sacos  apilados  al 
pié  de  dicha  escalera.  Colgados  en  los  postes  que  sostienen  el  co- 
rredor habrá  colleras,  cedazos,  etc.  En  distintos  sitios  hoces,  pa- 
las, etc.  Al  fondo  y  en  el  centro,  un  pozo;  detrás  la  tapia  que 
cerca  la  casa.  Puerta  grande,  formando  chaflán,  á  la  izquierda  de 
la  tapia;  junto  á  la  misma  un  coche-galera  con  la  lanza  levan- 
tada. 


ESCENA    PRIMERA 

Al  levantarse  el  telón  aparecen  tres  MERCADERES  y  un  CUADRI- 
LLERO jugando  á  las  cartas.  Un  mozo  con  un  jarro  de  vino  en  la 
mano  mirando  el  juego  con  atención.  Dos  arrieros  duermen  echados 
sobre  los  sacos.  Otros  cuelgan  arreos  de  caballería  en  los  sitios  con- 
venientes. Varias  mozas,  unas  apoyadas  en  la  baranda  de  la  escale- 
ra y  otras  en  actitud  de  prestar  gran  atención  en  el  corredor,  frente 
á  un  cuarto  en  el  que  se  oyen  sonidos  de  guitarras,  panderas,  can- 
to, algazara.  El  TÍO  ZORRO,  apoyada  la  mano  en  el  marco  de  la 
puerta  derecha^  oye  la  algazara  con  muestras  de  vivísimo   enfado 

Música 

(Se  oye  el  estribillo  de  una  jota  tocada  por  panderas, 
guitarras  y  bandurrias,  Cesa  la  música  y  se  oyen  gri- 
tos y  palmoteos.) 


8  — 


Hablado 

Zorro  (Renegando.)  ¡No  OS  llevarán  cinco  mil  de  á 
caballo!... 

CuAD.  Bien  se  conoce  que  ha}^  estudiantes  y  que 

el  mesón  del  Zorro  ha  perdido  su  tranqui- 
lidad. 

Mer.  1.0      ¡Mala  peste  los  lleve! 

Zorro  Afortunadamente,  están  de  jmso;  van  de  va- 
caciones y  se  han  entretenido  á  tomar  un 
refrigerio;  pero  todo  lo  alborotan  y  todo  lo 

revuelven.   (Despertando  á  los  arrieros.)    [Eh,  Va- 

mos,  que  j'a  es  hora! 


ESCENA  II 


DICHOS  y  MESONERA,  saliendo  por  la  puerta  de  la  cocina 


Mes. 

CuAD. 


Mes. 


CuAD. 


Mer.  l.o 

Mes. 

Zorro 
Mer.  1.0 


¿Sigue  el  juego,  señores? 
¡Hola,  tía  Alegrías!  Mientras  que  vos  no 
echáis  á  perder  la  fama  del  apodo,  aquí  te- 
néis á  vuestro  marido,  el  buen  tío  Zorro, 
echando  pestes  contra  la  Tuna. 
¡Los  estudiantes!...  ¡Pobrecillos!  ¡La  Tuna!... 
¡Cómo  me  recuerda  mi  juventud!  Vieja  soy, 
y  en  cuanto  oigo  una  jota  se  me  cae  la 
baba. 

Y  á  mí:  yo  me  parezco  á.  vos,  tía  Alegrías; 
soy  viejo,  y  todavía  en  cuanto  veo  una  Ta- 
na... me  iría  bailando  tras  ella.  En  cambio 
al  tío  Zorro,  se  ve  que  no  le  ponen  de  buen 
humor. 

¿Y  qué  hace  esa  gente? 
Los  he  dejado  templando  los  instrumentos, 
porque  iban  á  ir  á  la  plaza. 
¡Así  no  vuelvan! 

Aquí  bajan;  (se  oye  ?ran  algazara.)  Dejeuios  el 
juego  para  mejor  ocasión,  (nejan  de  jugar.) 


—  9 


ESCENA  III 

DICHOS,  MOZOS  y  MOZAS  del  mesón;  los  ESTUDIANTES  que  apa- 
recen por  el  corredor,  cou  guitarras,  flautas,  panderas,  etc.,  y  bajan 
á  la  escena 

Música 

EsT.  1.0  Ya  que  el  estudiante, 

corriendo  la  tuna, 
sus  libros  olvida 
en  la  vacación, 
cantaremos  una 
jotita  picante, 
para  despedida 
de  los  del  mesón,   (siguen  tocando.) 

Coro  ¡Jesús,  qué  tunantes 

son  los  estudiantes! 

¡Qué  zaragateros 

todos  ellos  son! 
EsT.  1.0  ¡Pon,  pon,  pon,  pon!    (Tocando.) 

¡Ay,  a}^  ay,  qué  moza, 

como  me  retoza 

el  alma  en  el  cuerpo 

de  satisfacción! 
Todos  ¡Pon,  pon,  pon,  pon! 

(Salen  cuatro  parejas  y  bailan.) 

Uno  No  te  quejes,  niña  hermosa, 

y  dale  gracias  á  Dios, 
que  en  el  cielo  de  tu  cara 
en  vez  de  un  sol  puso  dos. 

(Tendiendo  los  manteos.) 

EsT.  1.0  Pisa  ya  el  manteo,    • 

porque  yo  deseo 
que  tu  linda  huella 
se  dibuje  en  él; 
pisa  con  coraje, 
déjalo  calado, 
igual  que  el  encaje 
que  viene  de  Argel.' 


-  10  — 

Coro  Pisa  ya  el  manteo,  etc. 

EsT.  1.0  ¡Ay!  qué  zaragata, 

gata,  gata,  gata, 

cómo  luce  el  talle 
'  y  no  se  recata, 

cata,  cata,  cata, 

para  que  me  calle. 

No  hay  mujer  ninguna, 

una,  una,  una, 

más  hermosa  y  más... 

dígalo  la  tuna, 

tuna,  tuna,  tuna, 

que  toca  á  compás. 
Coro  ¡Ayl  qué  zaragata, 

gata,  gata,  gata,  etc. 
Uno  De  la  tuna  los  amores 

siempre  rechazando  estás, 
y  eso  que  entre  tú  y  la  tuna 
sabe  Dios  quién  será  más. 
EsTUDS.  Pisa  ya  el  manteo,  etc. 

Mozas  ¡Ay!  qué  zaragata, 

gata,  gata,  gata,  etc. 

Halblado 

EsT.  1.0  Compañeros,  vamos  á  echar  un  baile  en  la 
plaza.  Tío  Zorro,  ¿nos  quiere  acompañar  su 
merced?  Que  no  faltará  moza  que  al  ver  esa 
gentileza... 

Zorro         ¡Idos  al  diablo!  (Mal  humorado.) 

Todos         ¡Já,  já,  jal 

Uno  ¡Viva  el  tío  Zorro! 

Todos  ¡Viva!      (Vanse  por  el  foro  dando  vocea  de  alegría.) 


ESCENA  IV 

El  Tío  ZORRO,  la  MESONERA  y  los  CRIADOS  que  se  agrupan  á  la 
puerta  para  ver  marchar  á  los  ESTUDIANTES 


Zorro         ¡Como  fuera  yo  el  Corregidor,  ya  os  daría!... 
Mes.  Es  gente  divertida;  á  mí  me  entretienen. 

Zorro         Y  á  los  criados  también,  (por  ios  que  están  pa- 
rados á  la  puerta.)    ¡Salomé!  ¿Quiere  vuestra 


—  11  — 

alteza  ir  á  dar  de  comer  á  los  guarros?   (La 

moza  obedece  bajando  la  cabeza,  y  vase  por  la  puertfip 
que  da  á  la  cuadra)    Y  tÚ,   (a1  mozo.)   ¡animal!,  á 

la  cuadra,  (obedece  también.)   TÚ,  á  la  cocina, 

(a  su  mujer.)  y  3'0,  ¡al  demoilio!  (Vanse  cada  uno- 
por  donde  se  indica.) 

ESCENA   V 

LACERDA  y  MENDOZA;  bfijan  por  donde  los  demás  ESTUDIANTES- 

Lac.  Estoy  contento  de  tí,  mi  querido  Mendoza; 

sé  que  me  ofreces  tu  ayuda  de  todo  corazón, 
pero  no  quiero  que  mi  amistad  te  obligue  á 
comprometerte  gravemente. 

Men.  No  pienses  en  eso;  todos  nosotros  estamos 

dispuestos  á  ayudarte,  y  yo  en  particular;  no 
hago  más  que  corresponderte.  Tú  te  has  ex- 
puesto mil  veces  por  mis  calaveradas;  con- 
que habla,  chico;  se  intenta  todo,  y  ó  tú  re- 
cobras la  alegría,,  ó  me  la  haces  perder  á  mi, 
y  lo  sentiría,  por  ser  lo  único  que  me  queda. 
¡Tú  tienes  un  plan,  un  propósito,  pues  cuen- 
ta conmigo!  Dentro  de  uq  momento  vuelvo 
y  me  pongo  á  tus  órdenes.  Voy  á  decir  á  los 
compañeros  que  no  tarden,  porque  conviene 
que  hoy  mismo  salgamos  de  aquí,  (vase  por 
el  foro.) 

ESCENA    VI 

LACERDA  solo 

Música 

¡Todo  ayer  me  sonreía! 


_Todo  alegre  lo  veía 
de  mi  vida  en  el  albor; 
y  hoy  que  nueva  fe  me  guía 
y  alas  tiene  el  alma  mía, 
hoy  que  siento  más  caJor, 
hoy  que  más  vida  sentía, 
me  estoy  muriendo  de  amor! 


—  42  — 

Laura  querida; 
si  de  mi  vida 
Dios  dispusiera, 
que  te  la  pida, 
que  tuya  es. 
Si  Él  me  la  ha  dado, 
dueño  adorado, 
yo  te  la  ofrezco 
enamorado, 
loco,  <á  tus  pies. 


¡Ya  de  mis  labios  no  brota 

de  alegre  jota  la  nota, 

llena  de  vida  y  color, 

que  hoy  mi  inspiración  se  agota, 

y  la  lira  miro  rota 

del  amante  trovador, 

que,  en  vez  de  cantar  la  jota, 

te  canta  endechas  de  amor! 


Yo  ni  un  momento, 
mi  bien,  te  olvido, 
y  si  he  sentido 
de  amor  la  llama 
sólo  es  por  ti. 
Si  en  el  convento 
siempre  he  de  verte, 
¡será  la  muerte 
para  el  que  te  ama 
con  frenesí! 


ESCENA  VII 

LACERDA,  MENDOZA  por  el  foro;  luego  EL  TIO  ZORRO 

Hablado 

Men.  Cantando  y  bailando  les  he  dejado  con  to- 
das las  mozas  del  pueblo.  Conque  ya  que 
alK  están  alegres,  no  estemos  aquí  tristes, 
¡Mesonero!...  (Liamaudo.)  Venga  vino. 


—  13 


Zorro         (saliendo.)  ¿Qué  se  ofrece?  - 
Men.  Traed  vino,  un  jarro  muy  grande,  que  se 

puedan  ahogar  en  él  todas  las  penas  de  un 

enamorado.  (Vase  el  Mesonero,  que  vuelve  al 
punto  con  el  jarro  de  vino;  lo  deja  en  la  mesa  y  hace 
mutis.) 


ESCENA    VIH 

LACERDA  y  MENDOZA  sentados  junto  á  la  mesa.  Beben. 

Men.  Ante  todo,  hace  falta  saber  en  qué  consiste 

tu  rompimiento  con  tu  excelentísimo  tío  el 
señor  marqués  de  La  Crin,  (saludando.) 

Lac.  El  padre  de  Laura,  el  marqués  y  mi  madre 

eran  hermanos.  Mi  madre  casó  por  amor 
con  un  hidalgo,  heredero  del  ilustre  apelli- 
do de  Lacerda;  pero  sin  más  escudos  que 
los  de  su  nobleza.  El  marqués,  como  sabes, 
permanece  soltero,  y  el  padre  de  Laura,  al 
morir,  dejó  á  éste  el  cuidado  de  su  hija  y 
el  de  una  fabulosa  fortuna. 

Men.  (Bebiendo.)  Cuidados  ambos  que  deben  pasar 

á  tí. 

Lac.  Ya  te  he  dicho  cien  veces  que  Laura  es  un 

ángel  de-  hermosura  y  de  bondad,  que  no& 
amamos  desde  niños;  pues  bien,  de  acuerdo 
con  ella,  un  día,  desechando  mi  timidez,  se 
lo  revelé  todo  á  mi  tío. 

Men.  (Bebiendo.)  ¡Preveo  la  catástrofe! 

Lac.  (Bebe.)  ¡Fué  horrorosa!  «Querido  tío — le  dije 

— yo  estoy  enamorado,  adoro  á  una  mujer  y 
quiero  casarme.»  «¿Y  quién  es  esa  mujer?» 
«Laura — le  dije.»  Al  oir  tal  nombre  pusa 
un  gesto  horrible  de  fiereza,  y  me  gritó: 
«¡Imposible!  ¡Laura  es  una  niña,  y  tú  eres 
un  estudiante,  un  desaplicado!»  «¿Un  des- 
aplicado? Observad,  tío,  que  el  primer  año 
salí  bien,  y  los  demás...  lo  mismo.»  «¿Cómo 
lo  mismo,  embustero!»  «Sí,  señor;  lo  mis- 
mo, todos  mal;  pero  ha  sido  por  Laura;  por 
su  amor  he  perdido  los  estudios,  la  alegría, 
el  apetito  y...»  «Y  la  vergüenza — añadió  él. » 


—  14  — 

Entonces  j"-©  le  pregunté  indignado:  «¿Con 
qué  derecho  me  la  negáis?  «¡Soy  su  padre, 
señor  sohrino!»  «Señor  marqués,  no  sois 
más  que  un  tío.»  «¿Y  te  parece  poco.»  «Sí, 
señor,  poco;  porque,  además  creo  que  sois 
nn  tío  bárl)aro  y  déspota...  x  Se  puso  rojo  de 
cólera,  levantó  la  voz,  luego  levantó  una 
silla,  me  arrojó  á  la  cara  la  pobreza  de  mi 
linaje  y  me  arrojó  la  silla.  Quise  evitar  un 
disgusto,  pero  se  abalanzó  á  la  mesa  de  su 
despacho,  cogió  la  arenilla  y  gritó:  «¡Co- 
barde!» Aquella  frase  me  cegó;  enseguida 
me  tiró  la  arenilla  y  aquello  me  cegó  más 
todavía.  Yo,  sin  darme  cuenta,  cogí  un  tin- 
tero de  cuerno  para  defenderme,  le  arrojé 
la  tinta  y  me  quedé  con  el  cuerno  en  acti- 
tud defensiva. 

Men.  ¡Magnífico! 

Lac.  y  á  todo  esto   el   marqués  gritaba:    «¡Has 

echado  un  borrón  sobre  tu  familia!...»  Y, 
efectivamente,  con  la  tinta  sobre  la  cabeza, 
el  buen  marqués  parecía  un  vencejo. 

Men.  ¡Tiene  gracia! 

Lac,  Al  contrario;  yo  creo  que  esa  fué   mi  des- 

gracia. Al  día  siguiente,  Laura  entraba  co- 
mo educanda  en  el  convento  de  Santa  Cla- 
ra, y  al  ñn  me  he  quedado  sin  Laura,  sin 
sueño,  sin  alegría...  y  sin  tío. 

Men.  Pues  hay  que  recobrar  todas  esas  cosas,  me- 

nos el  tío.  ¿Tú  qué  tienes  pensado  para  eso? 

Lac.  No  hay  más  que   un  medio:  entrar  en  el 

convento,  robar  á  Laura,  sacarla  de  allí  á 
todo  trance;  una  dilación  cualquiera,  quizá 
diera  lugar  á  desgracias  inevitables. 

Men.  ¿y  ella  estará  dispuesta  á  seguirte? 

Lac.  Sin  duda  alguna. 

Metí.  Pues  yo  no  veo  más  que  una  dificultad. 

Lac.  ¿Cuál? 

Men.  Entrar  en  el  convento. 

Lac.  Pues  precisamente  e*i  eso  estoy  pensando 

hace  días,  sin  dar  en  el  quid.  (Pausa.) 

Men.  ¿Tú  sabes  algo  de  mvisica? 

Lac.  Sí. 

Men.  ¿Te  atreverías  á  tocar  el  órgano? 


—  15  — 

Lac.  Sí;  ¿por  qué? 

Men.  Porque  podías  fingirte  un  músico  milanés, 

de  esos  que  andan  componiendo  órganos 
por  iglesias  y  conventos. 

Lac.  Para  eso  hace  falta... 

Men.  Hace  falta  valor  nada  más. 

Lac.  Bueno;  valor  y  que  tengan  el  órgano  des- 

compuesto. 

Mén.  Desechado  ese   medio;   tengo   el  presenti- 

miento de  que  el  segundo  jarro  de  vino  ha 
de  darnos  la  idea  de  ponerte  entre  las  bue- 
nas madres  del  convento  de  Santa  Clara  y 
cerca  de  tu  Laura. 

Lac.  Pues  venga  vino.  ¡Mesonero!  (Llamando,  saie 

él  Mesonero  y  les  sirve  Tino  nuevamente.) 


ESCENA  IX 

DICHOS  y  el  HERMANO  ANTOLÍN,  que  viste  hábito  blanco,  mon- 
tado en  un  mulo,  con  un  gran  paraguas  encarnado  abierto:  lleva 
las  alforjas  repletas  de  pollos,  gallinas,  jamones  y  una  gran  por- 
ción de  hortalizas.  Al  entrar  en  escena^  el  CORO  que  le  sigue,  le 
rodea.  Al  apearse  del  mulo,  un  mozo  retira  la  caballería,  Lacerda  y 
Mendoza   quedan  aparte  bebiendo 

Música 

Lego  Dominus  tecum, 

(Echando  bendiciones  á  cuantos  le  rodean.) 

ora  pro  nohis, 

hyrie  eleyson . 
Coro  ¡Hola,  hermanito, 

¿que  es  lo  que  busca 

por  el  mesón? 
Lego  Detenerme 

y  guarecerme 

de  la  lluvia 

torrencial; 
s  pues  el  agua 

^  no  hay  quien  beba, 

ni  le  prueba 

á  este  animal,  (por  el  mulo.) 

Como  el  pobre 


—  de- 
tiene reuma 
y  le  tengo 
yo  también, 
tanto  al  mulo 
como  al  lego, 
no  les  sienta 
el  agua  Ken. 

Coro  Pues  descanse 

el  pobre  lego, 
ya  irá  luego 
á  su  deber. 

Lego  Entregadme 


una  limosna, 

y  al  par  dadme 

de  comer.  (Se  apea  del  mulo. 


Coro  Sintiendo  hambre  y  sed, 

aquí  en  el  mesón, 
lo  que  es  su  merced 
no  hará  colación. 


Lego  Como  estamos  en  cuaresma, 

y  según  santas  doctrinas 
el  ayuno  es  lo  primero, 
lo  primero  y  principal; 
que  me  deis  para  los  padres, 
por  amor  de  Dios  espero, 
pavos,  pollos  y  gallinas, 
y  otras  aves  de  corral. 


Coro  Ya  no  habla  en  latín 

el  lego  mostén; 
hermano  Antolin 
eso  no  está  bien. 


Lego  Como  los  padres  Mostenses, 

por  los  que  sin  cesar  ruego, 
tienen  la  despensa  escasa 
para  hacer  la  colación, 
hoy  encargan  que  os  visite, 


—  17  — 

como  de  costumbre,  el  lego, 
por  si  queda  en  vuestra  casa 
todavía  algún  capón. 


Coro  Pues  toma  un  capón,  (pegándole.) 

hermano  Antolín, 
si  es  que  colación 
vas  á  hacer  al  fin. 


Lego  Las  acelgas  y  espinacas 

van  á  dar  conmigo  fin, 
¡mirad  que  carnes  tan  flacas 
tiene  ya  el  lego  Antolín! 
Coro  ¡Já,  já,  já,  já! 

Como  este  lego 
no  existen  dos. 
¡Jesús  qué  tuno! 
¡qué  tuno,  qué  tuno,  qué  tuno! 
¡Válgame  Dios! 
Lego  Me  llaman  tuno, 

¡válgame  Dios! 
sin  ver  que  ayuno, 
que  ay...  uno,  que  ay...  uno,  que  ay...  uno 
como  no  hay  dos. 
¡Ay,  qué  mujeres! 
Coro  Lego  mostén, 

tú  te  lo  quieres 
tú  te  lo  ten. 
Lego  Ven  en  mi  ayuda, 

Dios  mío,  ven, 
y  libéranos 
amén,  amén. 


Las  acelgas  y  espinacas 

van  á  dar  conmigo  fin,  etc.  etc. 


Coro  Como  este  lego 

no  existen  dos,  etc.  etc. 


—  18  — 


Hablado 


Lego 


Moza  1.» 
Lego 
Moza  !> 

Lego 


Moza  2.» 
Lego 
^  Moza  2.a 

Lego 
Moza  2.a 
Lego 

Moza  2.a 
Lego 
Moza  3.^ 

Lego 
Moza  3.a 
Lego 


Todos 
Lego 


Con  que  ya  lo  sabéis.  En  atención  á  loa 
días  de  Semana  Santa  que  corremos,  días 
de  penitencia  y  ayuno,  desea  nuestro  reve- 
rendo padre  el  prior,  libraros  del  pecado 
mortal,  para  lo  cual  manda  que  me  entre- 
guéis todos  los  pollos,  pavos,  gallinas,  lie- 
bres, conejos  y  perdices  que  tengáis,  más 
los  gamos  que  tanto  abundan  entre  vos- 
otros, (ai  oír  esta  frase  vanse  los  mozos  por  el  foro.) 
Ahora,  si  queréis  entregarme  por  cuenta 
propia,  roscas,  roscos,  rosquillas  ó  roscones, 
eso  en  bien  de  vuestra  alma  irá;  y  por  cada 
roscón  os  daré  una  bendición  para  vuestra 
salvación. 

Oiga  vuestra  merced. 
¿Qué? 

¿Y  para  qué  quiere  el  prior  todos  esos  ani- 
males? 

Para  evitar  los  comáis  y  pequéis,  y  para 
guisarlos  por  la  Pascua  y  que  se  los  co- 
man los  pobres... 
¿De  la  comarca? 
¡Quiá;  los  pobres  frailesl 
Bueno,  hermano,  yo  no  tengo  animales  en 
casa. 

¿Y  tu  padre? 

Tampoco  tiene,  pero  os  daré  chocolate. 
Bueno,  hija;  pues  por  cada  onza  te  daré  una 
indulgencia. 
¿Plenaria? 

¡Plenaria,  tiene  que  ser  con  bizcochos! 
Y  diga,  hermano,  después  de  la  Cuaresma, 
¿se  puede  comer  carne  los  viernes? 
Si,  pero  hace  falta  bula. 
¿Y  para  los  demás  días? 
Hace  falta  carne,  (a  todos.)  Con  que  no  os 
digo  más.  ¡Fax  Domine  sic  seniper  vóbiscum! 
(Echando  la  bendición.)  Y  que  me  traigáis  laS 
gallinas.  Tomad  una  estampita. 
Quedad  con  Dios,  (vanse.) 

(Bajando  al  proscenio.)  ¡DioS  mío!...  jDÍOS  mío!.. 


->  19  — 

y  ¡Dios  mío!,..  ¡Qué  muchachas!.,,  ¡qué  her- 
mosas y  qué  frescotas!  Vamos,  me  explico 
que  hagan  pecar  á  todos  los  hombres  que 
no  sean  legos,  y  aun  á  los  que  sean  un  poco 
legos.  Yo  admiro  á  los  padres  de  mi  con- 
vento que  miran  á  las  mujeres  con  la  ma- 
yor indiferencia...  ¡Vamos,  que  cuando  veo 
á  estas  muchachas...  quisiera  ser  padre...  pa- 
ra no  caer  en  la  tentaciónl  ¡Ayl  señor,  libe- 
ranos  Domine,  (santiguándose.)  jQué  mujeresl.. 
jQué  mujeres! 


ESCENA  X 


El  LEGO,  LA  MESONERA,  que  sale  por  la  puerta  que  da  á  al    co- 
cina, luego  EL  TÍO  ZQRRQ,  LACERDA  y  MENDOZA  en  la  mesa 


Mes. 

Lego 

Mes. 

Lego 


Mes. 
Lego 
Zorro 


Lego 

Zorro' 

Lego 

Lac. 

Men. 

Zorro 

Lego 


Hermano,  ¿estáis  deseando  ya  la  colación? 
¿Qué? 

¿Que  si  queréis  que  os  prepare  la  colación 
en  seguida? 

Sí,  sí;  porque  ya  veis  cómo  estoy,  tía  Ale- 
grías: caladito  y  muerto  de  cansancio.  Me 
ha. cogido  el  chaparrón  en  el  camino,  me 
he  metido  en  la  taberna  de  la  tía  Cordera... 
y,  ¡cómo  me  he  puesto! 
De  vino,  ¿eh? 
¡No,  de  agua,  de  agua!  . 

(Sale  por  la  izquierda.)  ¿Qué,  y  la    COmunidad? 

¿Cómo  están  los  padres,  hermano?  (vase  la 

Mesonera  á  la  cocina.) 

Bien,  gracias  al  Señor,  tío  Zorro. 

¿Y  ahora  de  dónde  venís? 

Pues  vengo  nada  menos  que  del  convento 

de  Santa  Clara. 

(Aparte  á  Mendoza,  con  interés.)   ¡Viene   del    COn- 

vento! 

(ídem.)  Sí,  oigámosle. 
¿Y  cómo  están  las  madres? 
¡Hechas  una  bendición!  ¡Pues  y  las  educan- 
das!  ¡Hay  cada  muchacha  alK  como  un  lu- 
cero! En  cuanto  he  llegado  yo  han  empeza- 
do las  Completas. 


—  20  — 

Zorro         ¿A  qué? 

Lego  A  cantarlas,  y  luego  Cuarenta  horas,  trisa- 

gios,  maitines,  los  dolores  y  luego  otra  vez;- 
Completas.  Ptro  hoy  he  salido  del  convento 
disgustadisin)(>. 

Zorro         ¿Y  eso? 

Lego  Porque  me  ha  hecho  la  madre  Superiora  un 

encargo  que  no  podré  cumplir. 

Zorro         ¿Cuál? 

Lego  Pues  no  sé  si  sabréis  que  hará  dos  meses,, 

ha  entrado  en  la  Orden  un  padre  que  tiene 
asombrada  con  sus  sermones  á  la  comu- 
nidad. 

Zorro         El  padre  Anselmo;  sí,  ya  he  oído  decir  que 
es  una  maravilla. 

Lego  Pues  bueno,  la  Abadesa  quiere  conocerle  y 

que  vaya  al  convento  á  predicar  á  las  edu- 
candas  los  sermones  de  Cuaresma. — A  vos 
08  lo  encargo,  hermano  Antolín — me  ha  di- 
cho la  Abadesa, — ¡hacedle  venir!  Y  para  mí 

que  no  va.  (Lacerda  y  Mendoza  hablan  bajo.) 

Zorro         ¿Por  qué? 

Lego  Porque  le  ha  llamado  el  obispo  de  Siman- 

cas que  quiere  oirle.  Yo  no  le  he  dicho  á  la 
Abadesa  ni  que  iría  ni  que  no  iría.  En  íin, 
ya  veremos. 


ESCENA  XI 

DICHOS  y  LA  MESONERA   (que  durante  la  escena  anterior  subió  al 
corredor  llevando  unas  ropas  de  cama),  que  llega  por  la  escalera 


Mes. 


Lego 
Zorro 


Hermano,  en  vuestro  cuarto  de  siempre  te- 
néis ya  la  colación  y  arreglada  la  cama  para 
que  podáis  descansar. 
Bueno,  tía  Alegrías,  vamos  á  la  colación. 

¡Buen  provecho!  (e1  Lego  sube   á  su  cuarto,    y  el 
Mesonero  y  la  Mesonera  se  retiran  por  la  cocina.) 


—  21  — 
ESCENA  XII 

LACERDA  y  MENDOZA 

Lac.  ¿Nos  hemos  quedado  solos?  (con  misterio.) 

Men.  (Levantándose.)  Solos;  el  Lego  va  á  encerrarse 

en  su  cuarto. 

Lac.  ¿Qué  te  parece  mi  proyecto? 

Men.  ¡Magnífico! 

Lac.  Sin  embargo,  pueden  venir... 

Men.  No  temas. 

Lac.  De  todos  modos  mi  plan  es  decisivo:  sales, 

preparas  á  los  compañeros,  vuelves  con  ellos, 
pagáis  la  cuenta,  y  por  menos  de  un  mara- 
vedí armáis  un  escándalo  mayúsculo;  yo  me 
pierdo  en  la  confusión,  tú  defiendes  en  la 
escalera  mi  huida.  Una  vez  yo  en  la  calle  se 
acabó  la  pendencia;  ¡sálvese  el  que  pueda! 
¡Los  compañeros  se  reunirán  en  la  fuente  de 
los  Castaños;  yo  al  convento,  tú  á  buscar  dos 
caballos,  y  mañana  Laura  será  mía,  y  mi 
noble  tío  el  marqués  de  la  Crin  se  tirará  de 
los  pelos  hasta  arrancarse  el  título  nobilia- 
riol  En  tí  confío,  yo  voy  á  escribir  á  Laura., 

Men.  {Pues  manos  á  la  obra! 

Lac.  ¡Dios  nos  ayude!  í'se  estrechan  las  manos;  Lacerda 

sube  á  su  cuarto  y  Mandoza  vase  por  el  foro.) 

ESCENA  XIII 

mercaderes  1.°  y  2."  y  CUADRILLERO  por  el  foro 

Mer.  1.0  Ahora  que  la  maldita  estudiantina  no  nos 
estorba,  acepto  el  desafío  y  os  juego  todo  el 
vino  que  nos  podamos  beber  en  toda  la  se- 
mana. 

Mer.  2.0      Aceptado. 

"CuAD.  Pues,  andando.  ¡Mesonero,  naipes  y  vino! 

(Se  sientan  á  jugar.) 


22  — 


ESCENA  XIV 

DICHOS  y  LOS  MESONEROS;    ella    con  un  jarro  de  vino    y    él  coi. 
una  baraja  que  da  á  los  jugadores 

Mer.  l.o  ¿Conque  por  fin  se  fué  la  estudiantina  y 
quedasteis  tranquilos,  tío  Zorro?  (juegan.) 

Zorro  ¿Cómo  marcharse?  ¡  Enseguita!  ¡Sin  abonar- 
me el  gasto  de  vino,  pan,  queso  y  barullol 

Mes.  Tienen  que  volver  por  los  atillos. 

Mer.  1.0  Pues  si  no  vuelven,  ya  tenéis  prenda:  os 
quedáis  con  los  bártulos. 

Mes.  Todo  reunido  no  vale  un  escudo. 

Mer.  2.0  Y  qué,  tía  Alegrías,  ¿le  habéis  entregado  to- 
das las  gallinas  al  Lego? 

Mes.  Yo  estoy  libre  de  diezmos  y  primicias;  en 

cambio,  cuando  pasa  algún  Padre,  tengo 
que  obsequiarle  con  lo  mejor  del  corral. 

ESCENA    XV 

DICHOS,    MENDOZA  y  demás  ESTUDIANTES    con  varas  escondida» 

bajo  del  mantee;    entran  armando  gran  algazara,    gritando    todos  á 

la  vez.  Luego  LACERDA 

EST.  1.0         ¡Mesonero!  (Estas  voces  casi  simultáneas.) 

EsT.  2.0  ¡Tío  Zorro! 

EsT.  3.0  ¡Mesonero! 

Zorro  ¡Eh!  ¿qué  se  ofrece?  ¿A  qué  tanto  escándalo? 

Men.  ¡La  cuenta,  la  cuenta! 

Mer.  l.o  (Renegando.)  ¡Ya  están  aquí  otra  vez! 

Zorro  La  cuenta,  la  cuenta...  ¡Voy  por  ella!  (Hace 

mutis  y  vuelve  á  salir  con  un  manojo  de  cañas  en  las. 
manos.) 

Men.  Subid  algunos  al  cuarto  y  recoged  todos  los 

bártulos,  que  es  tarde  y  tenemos  que  salir 

ahora  mismo,  [ho  hacen  algunos  de  los  que  llevan 
guitarras.) 

Zorro  (saliendo.)  Esta  no...  esta  no...  ¿ésta?  (Escogien- 

do de  las  cañas  una.)  Aquí  CStá.  (Enseñándoles  una.) 

Men.  ¿Ahí?  (Extrañándose.) 


—  23  — 

Zorro  Es  mi  manera  de  llevar  las  cuentas.  Para 
cada  parroquiano  tengo  una  caña. 

Men.  y  vuestra  mujer  un  anzuelo,  (Ríen  todoe.) 

EsT.  l.o      ¡Nos  tratan  como  peces! 

EsT.  2.0      No  está  mal  pez  el  tío  Zorro. 

Zorro  Haciendo  rayas  en  la  caña,  voy  marcando 
los  escudos  que  me  deben. 

Men.  ¡Buen  sistemal  (Todo  en  tono  burlón.) 

Zorro  Que  viene  un  parroquiano  y  le  preparo  un 
cuarto,  raya;  pide  de  cenar,  raya;  quiere  ca- 
ma, se  acuesta,  raya;  que  ronca,  raya;  que  se 
despierta,  raya;  que  llama  á  una  moza...  ¡dos 
rayas!  hasta  que  se  marcha,  me  pide  la  cuen- 
ta y... 

Men.  ¡y    cruz    y    raya!    (Ríen    todos,    burlándose.)   No 

vuelven  más  por  aquí. 
Zorro         Naturalmente,  de  alguna  manera  hay  que 

arreglarse  cuando  no  se  sabe  de  números.  Y 

con  caña  y  todo  se  me  van  muchos  sin 

pagar. 
Men.  Qué,  ¿os  deben  algo? 

Zorro         ¿Algo?...  Un  cañaveral  lo  menos.  ¿Veis  ese 

cobertizo?   (señalando  hacia   la  tapia.)    PuCS  CStá 

hecho  de  cuentas  atrasadas. 

Men.  Pues  esas  cuentas  ya  no  os  las  pagarán. 

Zorro         ¿Por  qué? 

Men.  Porque  han  subido  mucho. 

Zorro  ¡Ay!  mucho,  mucho;  pues  voy  á  enseñaros 
el  recibo  que  me  quedó  á  deber  un  caballe- 
ro que  decía  ser  pagador  del  reino,  (saca  una 

caña  de  pescar.) 

Todos         ¡Já,  já,  já! 

Zorro         ¡Como  yo  le  pescara!... 

Men.  ¡Pues  si  no  le  pescáis  con  esa  caña!...  (ei  tío 

Zorro  deja  la  caña.)  ' 

Men.  Conque,   ¿cuánto  es  nuestra  cuenta?.  (Que 

ya  Lacerda  estará  impaciente.) 

Zorro  (contando  y  mirando  el  canuto  de  caña.)  ünO,  doS, 

tres...  ¡siete  escudos! 

Men.  ¡Me  parece  que  os  habéis  equivocado  de  ca- 

nuto! 

Zorro         ¡No,  no!  Aquí  están  las  rayas. 

EsT.  1.0       ¡Eso  es  darnos  cañazo!  (los  demás  gritan.) 

Men.  ¡Naturalmente,  so  tramposo! 


—  24  — 

Mer.  1.0  (a  sus  compañeros  de  juego.)  Me  parece  que  va  á 
haber  jarana  con  esta  gente. 

Men.  (ai  Mercader.)  ¡Hola,  scñor  Apolo!  ¿Os  moles- 

tábamos con  la  conversación?  jPaes  si  no 
alargarais  tanto  las  orejas  os  evitabais  la 
molestia  de  oir  y  el  de  que  alguna  vez  os  ti- 
ren de  eUas!  (nejan  de  jugar.) 

Mer.  1.0  No  se  hicieron  mis  orejas  para  manos  de 
sopistas. 

Men.  (Rápido.)  Tío  Zorro,  tomad  los  siete  escudos, 

(se  los  da.)  venga  el  canuto  y  vamos  á  ponér- 
selo de  mordaza  á  éste  que  tiene  sobra  de 
orejas  y  falta  de  meollo. 

Todos         ¡Sí,  sí!  (confusión.) 

CUAD.  (Se  levanta    y  echa  mano    á  la  espada.)    [Fucra    de 

aquí  todos,  ó  hago  uso  de  las  armas!  (pn  Es- 
tudiante le  descarga  un  palo.) 
EsT.  1.0      ¿De  las  armas?  [Toma,  bribón!  (otro  palo.) 

CUAD.  ¡Favor    al  rey!   (Los  Estudiantes  sacan  las  varas    y 

empiezan  á  repartir  palos,  confusión,  gritería;  se  oyen 
voces  de  ¡Villanos!  iCanallas!  ifavorl  ique  me  matan! 
¡á  esos!  Los  estudiantes,  en  medio  de  la  confusión, 
procuran  guardar  la  escalera,  á  fin  de  dejar  paso  por 
detras  de  ellos  á  Lacerda.  El  Cuadrillero  se  oculta  en 
el  hueco  que  forma  la  escalera;  las  mozas  tiran  pimien- 
tos y  tomates  de  los  que  hay  colgados  en  el  corredor. 
El  desorden  es  completo;  óyese  un  ruido  como  si  echa- 
ran abajo  una  puerta;  el  Lego  sale  precipitadamente 
de  su  cuarto  en  calzoncillos  de  bayeta  amarilla  con 
unos  tirantes  negros,  y  apenas  ha  bajado  la  escalera 
recibe  un  palo  que  le  obliga  á  retroceder  cruzando  por 
toda  la  escena  ) 

Lego  ¡Socorro!     ¡Favor!    (Un  Mozo    que  cruza  la  escena 

llevando  una  collera  de  cascabeles,  es  agredido  por  un 
estudiante  y  emprende  la  huida  tras  el  Lego  asustán- 
dole más;  la  Mesonera,  que  saldrá  con  una  gran  cace- 
rola de  cobre,  recibe  un  palo  en  ella,  la  deja  caer  y 
huye  chillando.  Todo  esto  muy  rápido.  Los  Estudian- 
tes, cuando  ya  Lacerda  ha  huido  llevándose  los  hábi- 
tos del  Lego,  se  baten  en  retirada  hacia  el  foro;  los 
Mozos,  el  tío  Zorro  y  demás  personajes  del  mesón, 
como  Mercaderes  y  arrieros,  quedan  últimamente  de 
espaldas  al  público,  figurando  sesteaer  lucha  con  los 
Estudiantes  que  ya  están  fuera  defendiéndose  todavía. 


—  25  — 

El  Cuadrillero,  que  sigue  oculto,  asoma  la  cabeza  y 
al  ver  que  el  peligro  desaparece  ya,  saca  la  espada  y 
comienza  á  dar  tajos  en  el  aire  al  tiempo  que  el  Lego 
se  dispone  á  bajar  nuevamente;  el  Cuadrillero  dice: 
jQue  vengan  ahora  esos  villanos,  cobardes!  El  Lego, 
creyendo  que  lo  dice  por  él  y  al  verle  en  aquella  ac- 
titud, huye  diciendo;  ISan  Cucufate  me  valga!  Todo 
rapidísimo  para  que  el  cuadro  tenga  verdad  y  colori- 
do. La  orquesta  simulará  la  pelea  hasta  que  ésta  ter- 
mine y  asome  otra  rez  el  Lego  por  la  escalera  pi- 
diendo auxilio.) 

MüTACIOir 


CUADRO  SEGUNDO 

Decoración  de  selva,  figurando  un  bosque  de  castaños.— A  la  dere- 
cha un  peñasco  del  cual  fluye  un  caño  de  agua,  siendo  ésta  re- 
cogida tn  un  hoyo.— La  decoración,  á  la  izquierda,  tiene  una 
abertura  ó  rompimiento  con  su  correspondiente  forillo 

ESCENA  PRIMERA 

CORO  DE  MOZAS,  que  con  sus  cántaros  van  á  la  fuente.  Luego  LOS 
ESTUDIANTES 

Música 

■Coro  Niña  que  á  la  fuente  vas  (Dentro.) 

corre  que  ya  cerca  estás. 

Por  agua  voy 
para  beber, 
mas  no  me  doy 
prisa  en  volver. 

En  el  cristal 
de  la  apartada  fuente, 

al  beber, 

podrás  ver 
tu  rostro  angelical. 

(Saliendo  por  la  izquierda.) 


—  26  — 

Antes  que  el  sol 
oculte  tras  el  monte 

BU  arrebol, 

has  de  estar 
de  vuelta  en  el  hogar. 

Descansemos 

compañeras,  (nejan  ios  cántaros.) 

que  algo  nuevo 

hay  que  contar; 

pues  el  fresco 

de  esta  fuente, 

nos  invita 

á  murmurar. 


(Forman  apiñado  grupo   y    dicen    con   interés   y   pi- 
cardía.) 

Con  el  cántaro  cargada 
hemos  visto  en  el  camino, 
á  una  moza  enamorada, 
y  á  un  zagal  muy  libertino. 
Cuando  aquí,  y  esto  es  lo  grave, 
los  dos  cita  no  se  dan... 
es  que  el  cántaro,  ¡Dios  sabe 
en  qué  fuente  llenarán! 

Cuando  ella  venia 

por  agua  á  la  fuente, 

en  vez  de  agua  fría 

al  pueblo  volvía 

con  agua  caliente. 

Como  él  no  ha  querido 

por  aquí  bajar, 

y  es  algo  atrevido, 

lo  que  ha  sucedido 

era  de  esperar. 

No  hay  que  murmurar; 
no  ha}'  que  criticar... 
(Pausa.  Oyese  el  alegre  son  de  la  jota  y  palmoteo.) 

¡Ay,  qué  dulce  acento! 
¡Ay,  qué  grato  son! 


—  27  — 

Dejad  un  momento 
la  murmuración. 


EST.  (Salen  izquierda.) 

Ya  que  por  nuestra  fortuna 
os  salimos  al  encuentro, 
dad  de  beber  á  la  tuna, 
porque  se  abrasa  por  dentro. 
Mozas  Nuestro  corazón  se  ablanda 

ante  vuestro  ronco  acento, 
porque  la  Iglesia  nos  manda 
dar  de  beber  al  sediento. 

EsT.  (Formando  parejas  con  ellas.) 

Ven,  niña  adorada, 

la  de  tersa  frente; 

¡ay,  qué  retirada 

que  tienes  la  fuente! 

Aunque  no  lo  digas, 

si  yo  no  me  engaño, 

tras  de  mil  fatigas 

dimos  con  el  caño. 
Mozas  Cantad  otra  copla. 

EsT.  La  boca  está  seca 

si  no  le  das  agua, 

preciosa  Rebeca. 
Mozas  Aquí  hay  agua  fresca; 

(presentando  cada  una  su  cántaro.^. 

beba  su  merced. 
EsT.  [Yo  si  apagaría 

contigo  la  sed!  (Beben.) 
Mozas  Llevad  cuidadito, 

que  os  estáis  mojando. 
EsT.  ,  Tú  me  tienes  frito. 

Mozas  Idos  refrescando. 

EsT.  Ven  y  apaga  el  fuego 

de  mi  corazón. 
Mozas  En  la  fuente  luego 

date  un  remojón. 
EsT.  Ven,  niña  monísima, 

oye  aquí  inter  nos.  (Abrazándola.) 

Mozas  No  me  rompa  el  cántaro, 

y  vaya  con  Dios. 

(Con  el  cántaro  al  brazo.) 


—  28  — 

Ellos  Ellas 

¡Oh,  ninfas  ¡Qué  risa! 

del  Pindó,  De  prisa 

qué  lindo  les  entra 

perfil!  el  amor. 

Hermosa  Si  en  serio 

es  tu  cara  se  tomar,                       ^ 

cual  rosa  la  broma 

de  Abril.  es  peor. 

Coro                  Que  Dios  os  guarde, 
porque  ya  es  tarde. 

(Haciendo  ademán  de  marcharse  llevando  el  cántaro.) 

EsT.  ¿Y  esa  mudanza? 

Coro  Es  porque  el  rio  murmura, 

y  porque  la  noche  obscura 
de  prisa  avanza. 
(Van  marchando  poco  á  poco  por  el  forillo  izquierda.) 

Ellas  Ellos 

Procura,  niña,  Adiós,  zagala, 

seguir  tu  senda  de  mi  amor  prenda; 

con  mucho  tino,  sigue  tu  sino, 

y  que  la  noche  y  que  la  noche 

no  te  sorprenda  no  te  sorprenda 

por  el  camino.  por  el  camino. 
'Coro           (Dentro.)    ¡La,  la,  la,  la! 

EST.  (a  media  voz.) 

Es  de  las  muchachas  bellas 
la  fuente  de  los  Castaños, 
mas  no  te  acerques  á  ellas 
si  no  quieres  desengaños. 

A  la  jota,  Jota 
de  la  estudiantina, 
que  en  viendo  una  moza 
canta  y  desafina; 
pues  los  estudiantes 
de  poco  magín, 
entienden  de  amores 
más  que  de  latín, 
(vanse  forillo  derecha.) 


€0R0 
EST. 


(Lejos.)     ¡La,  la,  la!  etc. 


—  29  — 
ESCENA  II 

EL  MARQUÉS  DE  LA  CRIN  y  su  MAYORDOMO 

Halblado 

May.  '         (Sale  por  la  izquierda.)  Por  aquí,  señor  Marqués. 

Marq.  ¡Ajajá!   ¡Gracias  ¿  Dios!...  Descansaremos 

aquí,  tomaré  unas  confituras,  beberé  un  sor- 
bo de  agua,  y  seguiremos  en  la  silla  de  pos- 
tas hasta  llegar  al  convento  de  Santa  Clara. 

May.  ¿y  á  qué  hora  piensa  el  señor  Marqués  que 

llegaremos  al  convento?  (siempre  muy  ceremo- 
nioso.) 

Marq.  A  las  siete;  ya  sabes  que  quiero  aguardar  á 

la  noche  y  entrar  en  él  con  todas  las  pre- 
cauciones necesarias  para  que  la  Abadesa 
únicamente  conozca  nuestra  estancia  alh. 

May.  Excelentemente  pensado. 

Marq.  Quiero  sacar  á  Laura  del  convento  sin  que 

se  entere  nadie,  ni  ella  misma,  hasta  el  pre- 
ciso momento  de  la  salida. 

May.  ¿y  estáis   decidido  á  casaros  con  vuestra 

sobrina? 

Marq.  Decidido;  pero  antes  quiero  consultar  su 
opinión. 

May.  Es  muy  justo. 

Marq.  ¿Que  me  quiere?  Me  caso  en  seguida.  ¿Que 
no  me  quiere?...  ¿Qué  vamos  á  hacerle? 

May.  Se  resigna  vuecencia. 

Marq.  ¡Eso!  Me  resigno  y...  me  caso  también.  Des- 
pués de  todo,  ¿qué  va  perdiendo?  Mi  sobrino 
es  menos  rico  que  yo. 

May.  Es  verdad. 

Marq.  Si  acaso  en  lo  que  me  aventaja  es  en  no- 

bleza. 

May.  Pero,  ¿tiene  más  pergaminos  que  vos? 

Marq.  No,  pero  tiene  en  su  blasón  seis  golondri- 
nas y  yo  no  tengo  más  que  cuatro. 

May.  Pero,  en  cambio,  vuecencia  tiene  un  golon- 

drino. 

Marq.         (Mal  humorado.)  Buono,  no  me  lo  recuerdes. 


—  so- 
por eso  quizá  en  la  corte  se  mira  mal  este 
matrimonio,  porque  cuando  fui  á  despe- 
dirme  de   Su  Majestad  Carlos  cuarto  (ei 

Mayordomo  se  descubre.)  y  le  encontré  CU  SU  po- 

sesión  del  Buen  Retiro  pescando,  al  comu- 
nicarle mi  pensamiento,  me  dijo: — ¡Casarte 
con  tu  sobrina!...  ¡Bah!  ¡Marqués,  eres  un 
imbécil! — Y  siguió  pescando. 

May.  Señor,  Su  Majestad  no  sabía  lo  que  se  pes- 

caba. 

Marq.  En  cambio  me  dio  la  enhorabuena  Godoy, 

que  estaba  más  abajo  pescando  con  la  reina. 

May.  Señor,  Godoy  sabe  lo  que  se  pesca, 

Marq.  Y  te  advierto  que  Carlos  cuarto  no  es  el  pri- 

mero... 

May.  Ya  sé  que  es  el  cuarto. 

Marq.  Digo  que  no  es  el  primero  que  me  lo  dice; 

pero  yo  desprecio  las  intrigas  de  la  corte,  y 
me  casaré  á  toda  costa,  y  que  se  fastidie  mi 
sobrino,  que  no  le  perdonaré  nunca  el  ha- 
berme amenazado  con  un  cuerno. 

May.  Quién  sabe  si  mañana  podrá  vuecencia  ame- 

nazarle con  más...  ' 

Marq,  ¿Cómo? 

May.  Con  más  fundamento, 

Marq.  Tienes  razón.  En  fin,  vamos,  que  quiero  aci- 

calarme un  poco  antes  de  ir  al  convento, 

May,  Vamos, 

Marq.  (yéndose.)  La  verdad  es  que  como  gentileza  y 

bizarría  no  me  negarás  que  las  tengo, 

May,  No,  señor,  no,  (Vanso  por  donde  entraron,) 

MVTAClOlir 


31 


CUADRO   TERCERO 

Interior  del  convento  de  Santa  Clara.  La  decoración  dividida  en 
doi  partes,  que  comunican  entre  sí.  El  locutorio  á  la  izquierda, 
con  reja  al  foro^  cubierta  con  una  cortina;  junto  á  la  reja,  y  á 
au  izquierda,  una  pequeña  puerta  practicable;  en  «1  lateral  iz- 
quierda dos  puertas.  Una  mesa,  sillón  de  cuero  y  sillas.  En  la 
parte  derecha  el  claustro,  con  ventanas,  que  se  supone  dan  al 
jardín.  Puertas  en  el  lateral  derecha  y  en  el  fondo  del  pasillo, 
que  forma  la  separación  del  locutorio  y  los  claustros. 


ESCENA  PRIMERA 

Aparece  EL  DEMANDADERO  asido  á  una  cuerda  que  pende  del  te- 
tJho,  arrimada  á  la  pared  del  locutorio  y  en  primer  término,  de- 
recha del  mismo.  Cada  vez  que  simula  un  tirón  de  la  cuerda  se 
«ye  ol  doblar  de  una  campana.  Hace  grandes  esfuerzos  al  tirar  de 
la  cuerda,  como  si  se  hallara  muy  fatigado,  y  se  le  nota  un  exage- 
rado temblor  en  las  piernas.  La  campana  suena  fuerte  unas  veces  y 
otras  muy  débil,  según  el  esfuerzo  más  ó  menos  exagerado  que  el 
Demandadero  hace 

Dem.  (Después  de  dos  ó  tres  tirones.)  ¡PueS,   Señor,   me 

parece  que  no  voy  á  poder  acabar  este  to- 
que. (Da  dos  6  tres  tirones  y  bosteza.)  EátO  CS 
superior  á  mis  fuerzas;  pero  es  claro,  ¿qué 
fuerzas  van  á  quedarme  con  una  debilidad 
como  la  que  tengo?  ¿Qué  fuerzas  van  á  que- 
darme después  de  veintinueve  días  de  es- 
pinacas? ¡Veintinueve  días  con  espinacas 
por  la  mañana,  (Tira.)  espinacas  por  la  tarde 
(id.)  y  espinacas  por  la  noche!  (id.)  Y  des- 
pués de  todo  esto,  toque  su  merced  á  vís- 
peras... ¿y  á  vísperas  de  qué?  ¡De  más  es- 
pinacas! (Tira.  Variando  de  tono  y  dejando  la 
cuerda.)  Gracias,  gracias  á  que  yo  tengo  la 
manga  ancha  (Mira  á  todos  lados.)  y  llevo  es- 
condido" en  la  manga  un  riquísimo  muslo 
de  liebre  estofada,  y  ahora  mismo...  (saca  lo 
que  dice  y  como.) 


32  — 


ESCENA  II 


DICHO  y  LA  SUPERIORA,  que,  atravesando  el  pasillo,  se    dirige  al 
locTitorio 


Sup.  (Todavía  en  el  pasillo.)  ¡Hermano,  pero  her- 

mano! 
Dem.  ¡Cascaras,  la  Superiora!  ¿Y   qué  hago  con 

el  hueso?...  (Dudando.)  ¡Al  bolsiUo!  (Se  lo  guar- 
da, y  empieza  á  tocar  la  campana    precipitadamente.) 

Sup.  (Entra  en  el  locutorio )  Pero  hermano,  por  Dios^ 

¿qué  manera  de  tocar  es  esa? 

Dem.  Madre  Superiora,  es  que  el  hueso...  vamos, 

que  me  duele  un  hueso... 

Sup.  Pues  sabed,  hermano  Demandadero,  que  la 

comunidad  y  las  educan  das  se  quejan  de  lo 
mal  que  tocáis;  algunos  días  apenas  se  oye 
el  repique  de  la  campana. 

Dem.  Haceos  cargo,  madre,  que  después  de  un 

mes  de  acelgas  no  hay  quien  repique. 

Sup.  Pues  la  Madre  Tornera  me  ha  dicho  que 

habéis  quebrantado  el  ayuno,  y  que  os  ha 
visto  coger  de  la  despensa  una  tajada  de 
jamón. 

Dem.  ¡No  me  extraña  que  os  lo  diga  porque  la 

Madre  Tornera  la  ha  tomado  conmigol 

Sup.  ¿La  tajada? 

Dem.  No,  que  me  ha  tomado  manía. 

Sup.  Basta  de  conversación;  idos  á  arreglar  la 

celda  de  vuestro  pabellón  para  que  se  hos- 
pede el  padre  mostense  que  esperamos. 

Dem.  Está  bien. 

Sup.  ¡Ah!  y  después  tenéis  que  salir  al  tejado  á 

buscar  el  gato  que  se  ha  escapado. 

Dem.  ¡Maldito  morrongo!  Voy  allá,  madre  Supe- 

riora, voy  allá.  (Vase.) 

Sup.  ¡Jesús,  qué  viejo  tan  gruñónl 


—  33  — 


ESCENA  III 

SüPERIORA,  MADRE  MÓNICA,  MADRE  TORNERA,  LAURA,  ÚR- 
SULA, monjas  y  educandas,  que  van  saliendo  por  las  puertas  del 
pasillo  y  por  la  escalera  que  hay  en  el  feudo  dei  mismo.  Otras  pa- 
san por  detrás  de  la  reja  del  ¡ociitorio.  Las  monjas  se  sientan  en  el 
locutorio;  unas  cosen  y  oirás  rezrtu.  LA  MADRE  MÓNICA  queda 
entre  las  educandas,  que  se  divierten  jugando  junto  á  las  ventanas. 
LAURA  queda  en  segundo  término  muy  pensativa.  Al  acabar  la 
música  todas  palmotean  y  dan  muestras  de  regocijo 

Música 

Coro  Compañeras,  venid  y  cantemos; 

del  recreo  llegó  la  hora  al  fin, 
que  en  Cuaresma,  como  ya  sabemos, 

ninguna  podemos 

bajar  al  jardín. 
Disfrutemos  en  buena  armonía 
este  rato  de  grata  expansión, 
ya  que  estamos  de  noche  y  de  día 

con  la  letanía 

y  el  kirieleijsón. 

(Disponiéndose  á  jugar.) 


Hagamos  corro 
y  empiece  el  juego; 
ya  vendrá  luego 
la  reclusión. 
¿Qué  tiene  Laura? 
¿Por  qué  está  triste? 

Laura  (Se  me  resiste 

la  diversión.) 

Coro  ¿Por  qué  triste  y  sola 

del  corro  te  alejas, 
y  á  todas  nos  dejas 
con  harto  pesar? 
Tu  gran  desconsuelo 
di  á  tus  compañeras, 
por  si  algún  consuelo 
te  pue.den  prestar. 

(Rodean  á  Laura  con  gran  curiosidad. 


34  — 


Laura 


Coro 


Amo  á  un  hombre 
con  locura, 
que  á  Dios  jura 
serme  fiel. 

Y  aunque  lejos 
de  la  vida, 

ni  él  me  olvida 
ni  yo  á  él, 
aquí  dentro 
del  convento, 
mi  amor  siento 
revivir. 

Y  esta  llama, 
que  me  inflama, 

es  difícil  extinguir. 
Si  es  amaros 
con  locura 
la  ventura 
de  los  dos, 
tu  constancia, 
su  desvelo, 
desde  el  cielo 
premie  Dios. 


JjAura         Vencer  no  han  podido  mi  firme  constancia 
las  rejas,  ni  el  muro,  ni  todo  el  convento; 
podrá  separarnos  tal  vez  la  distancia, 
mas  no  el  pensamiento. 


Coro 

En  tu  pecho 

la  esperanza 

verás  pronto 

revivir, 

.y  esas  puertas, 

hoy  cerradas, 

á  tu  paso 

se  han  de  abrir. 


Laura 

En  mi  pecho 

la  esperanza 

veré  pronto 

revivir, 

si  esas  puertas, 

hoy  cerradas, 

á  mi  paso 

se  han  de  abrir. 


No  te  aflijas 
al  mirarte 
en  tan  triste 
soledad; 


Tengo  miedo 
de  mirarme 
en  tan  triste 
soledad. 


—  35  — 


que  Fernando 
vendrá  á  darte 
la  perdida 
libertad. 


Ven,  Fernando, 
ven  a  darme 
la  perdida 
libertad. 


Hablado 


Educ.  1.a     jPobrecilla! 

Urs.       ■     No  te  aflijas,  que  si  él  te  quiere  no  te  olvi- 
dará nunca. 
Educ.  2.^    Anímate  y  ven  á  jugar  con  nosotras,  (se 

oyen  los  acordes  lie  un  arpa.) 

Laura         ¿Habéis  oído? 
ÜRS.  8í. 


ESCENA  IV 


DICHAS  y  LACEKDA  dentro 


Coro  Callad  un  momento, 

¡qué  duice  nrinonía! 
¿Quién  junto  al  convento 
se  atreve  á  vi\  n  t  ar? 
¿Será  alirún  ;imante?... 
Oigamos  sus  quejas; 
callad  un  instante 
y  oír  su  cantar. 

(Todas  escuchan  cmi  sfran  atención.) 

XíAfc.  Al  muro  del  convento  (Dentro.) 

llega  tu  amor; 
oye  niña  el  acento 

dei  trovador, 
que  su  seiitiila  queja 

trae  hasta  aquí, 
y  al  pie  de*  la  alta  reja 

canta  por  tí. 
Oye  de  mis  canciones 

el  dulce  afán, 
y  nuestros  corazones 

se  entenderán, 
<iue,  á  pesar  de  la  ausencia, 

juntos  están. 


Laura 


Coro 


—  36  — 

¡Qué  hermoso  es  querer, 

qué  grato  es  amar,  • 
qué  dicha  es  poder 

tus  ojos  mirar; 
qué  hermoso  es  sentir 

tu  dulce  rigor! 
¡Qué  triste  sufrir 

desdenes  de  amorl 

A  xiTi  tiempo 

¡Dios  mío,  es  su  acento; 

Fernando  está  aquí; 

en  alas  del  viento 

su  voz  llega  á  mi! 

¡Qué  dulce  es  su  acento, 

cautiva  le  oi; 

quizá  el  pensamiento 

tendrá  puesto  en  mi!  (con  alegría.) 


Lac 


Es  por  ti,  vida  mía, 

mi  suspirar, 
y  es  mi  sola  alegría 

poderte  amar. 
Si  hasta  ti  llega  el  eco 

de  mi  canción, 
ten  piedad,  porque  sufre 

mi  corazón. 
Tan  sólo  por  tí 

me  muero  de  amor; 
Ten  piedad  de  mí, 

calma  mi  dolor. 
¡Si  me  has  de  olvidar 

.  no  quiero  vivir, 
si  no  me  has  de  amar 

prefiero  morir! 


Laura  En  alas  del  viento 

su  voz  llega  á  mí. 

Coro  Quizá  el  pensamiento 

tendrá  puesto  en  mí. 


Lac. 


—  37  — 

¡.A.h,  sólo  por  tus  amores 

aquí  llegué; 
á  calmar  mis  dolores 

decídete, 
que  5'o  toda  la  vida 

te  adoraré! 


[Ay,  qué  hermoso  es  querer, 
qué  grato  es  amar!  etc.,  etc. 
Laura.  ¡Dios  mío,  su  acento!  etc.,  etc. 

Hablado 

Todas  ¡Ay,  muy  bien,  muy  bien! 

JEduc.  2.a  ¡Qué  voz  tan  preciosa! 

Educ.  o.^  ¡Pues  y  la  canción!... 

Educ.  1.a  ¿Os  ha  gustado? 

Educ.  3.a  ¡Muchísimo! 

Educ.  2.a  ¿Queréis  que  aplaudamos  desde  las  ven- 
tanas? 

Educ.  1.a  Sí,  sí. 

Todas  Sí,  sí.  (Queriendo  aplaudir.) 

-Sup.  Señoritas,  tened  la  bondad  de  moderar  esos 

regocijos. 

Educ.  1.*     Es  que  tenía  una  voz... 

Sup.  ¡a  callar! 

Educ.  2.a     Y  era  una  canción  tan  bonita... 

Sup.  Silencio;  olvidad  esas  mundanas  canciones. 

Madre  Mónica,  cerrad  esas  ventanas  y  en- 
tretened á  las  educandas  contándolas  algu- 
na historia  religiosa;  la  de  la  casta  Susana, 
por  ejemplo;  pero  antes  del  pasaje  de  los 
viejos. 

MÓN.  Está  bien,  reverenda  madre.  (La  Superiora  vase 

al  locutorio  y  se  sienta.)  AcercaOS.  (a  las  edu- 
candas.) 


ESCENA  V 

laura  y  ÚRSULA.  Las  demás  en  segundo  término  con  la  MADRE 
MÓNICA.  SUPERIORA  y  monjas  en  el  locutorio 

•ÜRS.  Pero,  por  Dios,  Laura,  tranquilízate. 

Laur.\         ¡Ay!  no  sé  qué  extraña  emoción  he  sentido 
al  oir  su  voz,  Úrsula. 


-  38  — 

Urs.  ¿Pero  estás  segura  de  que  es  él? 

Laura  ¡Segurísima!  Sí,  es  él,  no  hay  duda.  La  voz., 
la  expresión  de  sus  canciones,  todo  me  re- 
vela que  es  Fernando  que  me  anuncia  su 
presencia, 

Urs.  ¿y  qué  int^^ntará? 

Laura  No  lo  sé;  pero  me  ama  demasiado  para  aban- 
donarme á  esta  tristísima  situación  que  su- 
fro por  él.    (suena  una  Cíimpana.) 

Urs,  [La  campana  de  la  portería! 

Laura         ¡Dios  mío! 

Sup.  (Leyantándose.)  Han  llamado.  ¿Quién  será? 


ESCENA  VI  ~ 

DICHAS  y  el  DEMANDADERO  por  la  primera  derecha 

Dem,  ¡Madre  Superiora!  ¡Madre  Superioral 

Sup.  ¿Qué  pasa,  hermano? 

Dem.  ¡Gran  noticia!...  Por  fin  vais  á  cumplir  vues- 

tros deseos...  que...  (Las  edueandas  se  acercan  á 
ja  puerta  del  locutorio;  las  monjas  dejan  sus  asientes 
y  todas  oyen  con  curiosidad.) 

Sup.  ¿Qué? 

Dem.  Que  sonó  la  campana  de  la  portería...  y  me 

he  encontrado  con  un  padre  mostense,  que 
me  ha  dicho:  hermano,  avisad  á  la  Abadesa 
que  está  aquí  el  padre  Anselmo.  (Todas  mues- 
tran alegría  al  oir  Ja  noticia.) 

Sup.  ¡Uy!  El  padre  Anselmo;  corred,  corred...  de- 

cidle que  suba. 

Dem,  Voy  volando,  (vase.) 

Torn.  Per  fin  vamos  á  conocerle. 

Sup.  ¡El  padre  aquí  ya;  qué  pronto!...  Señoritas, 

preparaos  á  recibir  al  padre  Anselmo;  que 
ninguna  levante  la  vista  del  suelo,  ni  hable 
ni  se  distraiga.  En  fin,  que  parezca  que  es- 
táis bien  educadas...  Vamos,  vamos  nosotras- 

á  recibirle.  (Se  dirige,  seguida  de  las  monjas,  á  la 
primera  derecha.  Las  edueandas  forman  en  dos  ñlas,. 
por  entre  las  cuales  pasará  Lacerda  al  entrar.) 


39  — 


ESCENA  Vn 

DICHOS  y  LACERDA,  quo  viste  el  hábito  de  los  mostenses 

Música 

Lac.  [Dios  guarde  á  esta  santa  casa! 

Coro  Ya  está  aquí  el  padre  niostén. 

Lac.  ¡Alabado  el  Señor  sea! 

Todos         ¡Por  siempre  jamás,  amén! 

8üP.  Estas  son  las  educandas.  (presentándolas.) 

Lac.  ¡Qué  humildad,  qué  sumisión! 

(Guapas  chicas.) 
Coro  Dadnos,  padre, 

vuestra  santa  bendición. 

Lac.  BoiedicÚUS,  benedictus.    (Echando  bendiciones.) 

(Son  de  rostro  angelical.) 
Coro  ¡Que  el  Señor  nos  dé  su  gracia! 

Lac.  (Pues  de  gracia  no  están  mal.) 

Dejad,  madre  Superiora, 

que  entre  las  niñas  reparta 

una  oración...  (y  una  carta), 

una  mística  oración, 

de  María  Magdalena, 

que  alcanzó,  de  gracia  llena, 

para  sus  culpas  perdón. 

(Les  entrega  una   oración  á  cada  una,   y   al   llegar  á 

Laura  le  entrega,  en  vez  de  oración,   una  carta  y  le 

dice.) 

(Laura.) 
Laura  (Fernando.) 

Lac.  (Por  Dios,  callad.; 

Laura         (Yo  estoy  temblando.)  (ai  coger  la  carta.) 
Lac.  Tomad...  tomad. 

(Repartiendo  oraciones  á  las  demás  educandas.) 


Sup.  Rezad  la  oración 

con  gran  devoción. 
(Forman  todas  en  linea  recta,  quedando  Laura  en  el 
extremo  de  la  derecha;  Lacerda  y  la  Abadesa  reti- 
ranse  á  un  lado.) 


4Ü   - 


Coro 

Por  las  calles  noche  y  día,  (Leyeudo  la  oración 

con  el  diablo  tentador. 

■) 

Laura 

«Dueño  mío,  vida  mía,   (Leyendo  la  carta.) 

heme  aquí  loco  de  amor.» 

Coro 

La  mujer  más  pecadora 
iba  en  busca  del  placer. 

Laura 

«Si  tu  corazón  me  adora 
pronto  mía  puedes  ser. » 

Coro 

Una  vez  arrepentida 

del  perdón  marchaba  en  pos. 

Laura 

«Preparada  está  la  huida, 
y  que  nos  proteja  Dios.» 

Coro 

Al  llorar  la  pecadora 
su  pasada  juventud. 

Laura 

«Ven  y  escapa  sin  demora 
de  tan  negra  esclavitud.» 

Coro 

Al  fin  Dios  le  abrió  los  brazos. 

Laura 

«Ven  á  mis  brazos,  por  Dios, 
y  estrechemos  más  los  lazos 
que  han  de  unirnos  á  los  dos  » 

Coro 

¡Sea  por  siempre  alabado! 

Laura 

(¡Jesús,  María  y  José!) 

Coro 

Libéranos  del  pecado, 
libéranos  Domine. 

Coro 

¡Venturosa  Magdalena! 

Laura 

«¡Reina  de  mi  corazón!» 

Coro 

¡Pater  noster,  gracia  plena, 
agnus  Dei,  kirie  eleyson! 

(Aproximándose  disimuladamente.) 

Lac. 

(Laura.) 

Laura 

(Fernando.) 

Lac. 

(¿Te  atreves?) 

Laura 

(Sí.) 

Lac. 

(No  estés  temblando, 
confía  en  mí. 

Coro 


A  ixn  tiempo. 

¡Bendita  sea 
la  que  su  pasado  llora 
igual  que  la  pecadora 

de  Galilea! 


Laura  ¡Bendito  sea 

el  que  eterno  amor  me  jura, 


—  41  — 

pues  salir  de  esta  clausuru 
mi  alma  desea! 


Lac.  ¡Bendito  sea 

por  siempre  mi  bien  amado, 
y  quiera  Dios  que  á  tu  lado 
siempre  me  vea! 

Coro  y     )  Ya  terminamos 

Laura       j  nuestra  oración, 

y  ahora  esperamos 

la  absolución.   (Lacerda  las  bendice.) 

Ilattlndo 

Sup.  Ahora,  padre,  dadles  vuestra  bendición,  y 

con  vuestro  permiso  que  se  retiren. 

Lac.  (Echándoles  la  bendición.)  La  paz  del  Señor  sea 

con  vosotras.  (Las  ha}''  gaiapas.) 

Todas  Amén.     (Vanse  monjas  y  educandas.  La  Superiora 

las  acompaña  hasta  el  final  del  pasillo,  diciendo 
antes:) 

Sup.  Madre  Tornera,  mandad  con  el  Demanda- 

dero lo  que  os  dije  antes. 

Laura  (Queda  detrás  y  se  acerca  á    Lacerda  )    ¡Fernando 

mío! 
Lac.  ¡Laura  mía!  ¡Nada  temas!  (Mira  la  Madre  Méni- 

ca; Lacerda  -varía  el  gesto  y  le  hecha  una  bendición:^ 

Eí  cum  spiritu  tuo. 

Más.  Amén.   (Vanse.) 

Lac.  ¡Dios  mío,  qué  hermosa  está!  Que  el  Señor 

me  perdone  esta  calaverada  y  me  saque  con 
bien  de  este  trance  y  de  estos  hábitos  con 
los  que  ando  á  tropezones...  ¡Nada,  que  si 
no  me  los  quito  pronto,  voy  á  romperme  las 
narices!  ¡Y  eso  que  me  están  un  poco  cor- 
tos! 


Sup. 
L\c. 


ESCENA  Vm 

LACERDA  y  LA  SUPERIORA 

Domine  labia  mea. 

(¡Bueno!  ¿Qué  habrá  querido  decir?) 


—  42  — 

Sup.  JDeo  granas. 

Lac.  Deo... 

Sup.  Gracias. 

Lac.  (No  hay  de  qué.) 

Sup.  Pasad,  pasad,  reverendísimo  padre.  (Pasan  ai 

locutorio  y  se    sientan.)    No    podéis  figuraros  loS 

deseos  que  teníamos  en  el  convento  de  co- 
noceros y  oiros. 

Lac.  Muchas  gracias...  madre  Superiora. 

Sup.  ¡Ah!  Y  á  todo  esto  no  os  he  preguntado  por 

la  comunidad. 

Lac.  (¡Cuerno,  ni  falta  que  hacía!) 

Sup.  ¿Qué  tal,  qué  tal  el  padre  Rufo? 

Lac.  Pues   como   siempre,   tan    Rufo,  digo,  tan 

bueno. 

Sup.  ¿Cómo  tan  bueno,  pues  y  la  gota"? 

Lac.  ¿Qué  gota? 

Sup,  La  que  padecía. 

Lac.  ¡Ah,  ya  se  le  secó! 

Sup.  ¿De  modo  que  de  sus  antiguas  dolencias  no 

le  queda  nada? 

Lac.  Ni  gota,  madre  Superiora. 

Sup.  ¿y  decidme,  cómo  habéis  venido  tan  pron- 

to? 

Lac.  Porque   el  hermano  Antolín  me  dijo  que 

deseabais  conocerme. 

Sup.  ¡Ay!  Tenéis  en  ese  lego  una  alhaja.  ¿Le 

habréis  dejado  en  oración? 

Lac.  (Le  he  dejado  en  calzoncillos,  que  es  peor.) 


ESCENA  IX 

DICHOS  y  EL  DEMANDADERO  que  trae  unos   hábitos  en   una  ban- 
deja; sale  por  la  segunda  puerta  del  locutorio 

Dem.  Madre    Superiora,   la   madre  Tornera  me 

manda  que  os  entregue  esto. 
Sup.  ¡Ah,  sí!  (a  Lacerda.)  Esto  es  para  vos. 

Lac.  ¿Para  mí?  (se  levantan.) 

Sup.  Sí,  es  un  pequeño  presente  que  hace  la  co- 

munidad todos  los  años  al  padre  que  viene 
á  predicar.  Son  unos  hábitos. 


—  -Í3  — 

Lac.  ¡Ah,  muchas  gracias!  Y  decidme,  ¿todos  los 

años  viene  un  padi*e  mo?tén...  al  convento'?" 

Sup.  Y  algunos  años  vienen  dos. 

Lac.  (¡Cuerno!)  No  os  extrañe  mi  pregunta... 

Sup.  No,  ya  sé  que  sois  nuevo  en  el  convento,  y 

la  falta  de  hábito... 

Lac,  (Ya  ha  notado  que  me  está  corto.)  Este  año 

sentiría  yo  que  viniera  otro. 

SüP.  ¡Y  yo  también  lo   sentiría  muchísimo! — 

Bueno,  ¿y  á  qué  hora  tenéis  costumbre  de 
cantar  misa? 

Lac.  Temprano;  pero  he  pensado  que  si  os  es 

igual  en  vez  de  cantar  misa,  cantaré  otra 
cosa  cualquiera;  porque  yo  las  misas...  las- 
rezo  nada  más. 

Sup.  Bueno,  bueno,  como  queráis,  (ai  Demandade- 

10.)  Hermano  Demandadero,  acompañadle 

hasta  su  celda.  (e1  Demandadero  coge  la  bandeja 
que  dejó    sobre    la  mesa  y  sale  al    pasillo.— A  Lacer- 

da.)  Ya  he  advertido,  contando  con  los  rigo- 
res de  vuestra  orden,  que  os  preparen  una 
ensalada  de  acelgas  y  cuatro  arrobas  de 
paja. 

Lac.  (Con  extrañeza.)  ¿Para  qué? 

Sup.  Las  acelgas  para  comer  y  la  paja  para  dor- 

mir. 

Lac.  Bueno,  que...  no  se  equivoquen,  ¡eh! 

Sup.  Descuidad. 

Lac.  Pues  hasta  luego,  y  que  San  Cucufate  os 

guarde, 

Sup.  Y  que  á  vos  os  acompañe. 

Dem.  No,  no  hay  cuidado. 

Lac.  (Yéndose  con  el  Demandadero.)    No    SG    refiere    á 

vos,  hermano. 

Dem.  ¿En  qué  quedamos?  ¿No  era  yo  el  que  tenía 

que  acompañaros? 

Lac.  Sí;  pero  es  que  ahora  dice  que  me  acompa- 

ñe San  Cucufate  también, 

Dem.  ¡Bueno...  pues  vamos  los  tres!  (vanse  ios  dos 

porla  puerta  del  pasillo.) 


4  i  - 


ESCENA  X 

LA  SUPERIOKA  y   LA  TORNERA 

íSup.  ¡Qué  santo,  <|ué  santo  es  ese  buen  padre!. .. 

¡Nada,  nada,  esta  noche  después  del  Rosario, 
voy  á  suplicarle  que  nos  pronuncie  una  plá- 
tica! 

ToRN.  (por  la  segunda  del  locutorio.)  ¡Madre,  madre  Su- 

perior a  I... 

Sup.  ¿Qué  ocurn\  madre  Tornera? 

ToRN.  (Con  misterio"  ¿E.stamOS  SOlaS? 

Í5UP.  Sí;  ¿qué  panay  . 

ToRN.  Un  suceso  que  os  sorprenderá.  En  este  mo- 

mento acaban  de  llamar  al  torno  el  Mar- 
qués de  la  Crin  y  su  Maj^ordomo. 

í^up.  ¿El  Marqués  on  el  torno? 

TuRN.  Si;  y  me  ha  dicho  que  quería  entrar  en  el 

convento  sin  ser  visto,  y  tener  una  confe- 
rencia secreta  con  vos, 

íSup.  ¿Le  habréiís  liecho  pasar  inmediatamente? 

ToRN.  Sí;  y  como  viene  con  tanto  misterio,  le  hice 

subir  por  la  escalera  del  campanario,  y  ahí 
fuera  aguarda. 

^up.  ¿No  le  ha  visto  nadie? 

ToRN.  No;  las  educandas  están  en  sus  celdas. 

'.'üP.  Pues  que  ]>ase,  que  pase  en  seguida,  (vase  la 

Tornera.)  ¡El  Marqués  de  la  Crin  aquí  y  con 
tanto  misterio!...  ¿Qué  le  ocurrirá? 


ESCENA  XI 

LA  SUPERIORA,  EL  MARQUES  y  EL  MAYORDOMO,  por  la  segunda 
puerta 


Marq.         (saludando.)  j  Reverenda  madre! 

SüP.  Excelentísimo  señor. 

May.  ¡Reverenda  madre!... 

Sup.  Pasad,  pasad.  ¿Vos  aquí  y  á  estas  horas? 

Marq.  Me  trae  un  asunto  grave;  el  señor  es  mi  Ma- 

3'ordomo  y  podemos  hablar  delante  de  él. — 

Vengo  á  llevarme  á  Laura. 


—  4o  — 

Sup.  ¿Ocurre  algo? 

Marq.  Os  lo  explicaré  después,  pero  antes  quisiera 

merecer  de  vuestra  gra,cia  que  nos  dispen- 
sarais hospitalitiaíl  por  esta  noche. 

Sup.  Con  mucho  gusto. 

Marq.  Es   preciso   que   Laura  ignore   mi  llegada 

hasta  el  momento  de  partir,  que  será  maña- 
na temprano. 

Sup.  Bueno,  ya  me  contaréis;  venid,  yo  misma 

os  llevaré  por  una  escalera  reservada  al  pa- 
bellón en  que  podréis  descansar.  Vamos, 
que  pronto  pasará  i    las  educandas  al  coro. 

Marq.  ¡Vamos,  vamos!  (Vanse   por  la  puerta  inmediata  á 

la  reja.) 


ESCENA  XII 

LACERDA,  sale  por  el  pasillo.— Durante  todo   este  monólogo  y  has- 
ta el  final  del  acto,  óyense  los  acordes  del  órgano 

¡Oh,  felicidad  suprema!...  ¡Su  letra!  ¡Una 
carta  suya!...  ¡Di(>s  mío,  tú  que  perdonas 
á  los  que  aman,  ¡¡erdona  esta  locura...  y  lí- 
brame de  la  AbaJx-sa!...  (Mira  á  todos  lados.)  ¡Y 

no  hay  nadie!  Apenas  me  dejó  el  Deman- 
dadero en  mi  celda,  cerrando  la  puerta  tras 
si,  me  sorprendió  el  ruido  de  unos  pasos  me- 

nuditos,    me    quedé    inmóvil...    (con   marcada 

alegría )  Un  papel  rápidamente  arrojado  en- 
tró por  debajo  de  li.  puerta...  Los  pasos  me- 
nuditos  se  alejaron;  sorprendido  recojo  el 
papel,  y  era...  ¡Era.  una  carta  suya!  (Leyendo.) 
«Fernando  mío:  Tu  presencia  me  asusta  y 
me  regocija.  ¿Qué  intentas?  Estoy  dispuesta 
á  obedecerte;  si  quieres  hablar  conmigo, 
después  del  toque  de  ánimas  sal  al  tejado; 
la  ventana  de  mi  celda  está  precisamente 
enfrente  de  la  tuya;  puedes  sin  peligro  re- 
correr la  distancia  fjue  separa  las  dos  venta- 
nas, y  á  través  de  la  celosía  hablaremos.  Te 
espero;  si  puedes  ir  al  locutorio,  por  la  reja 
te  estrecharé  la  mano.  .  Vamos  al  coro. 
Laura.» — ¡Oh,  Laura  mía^  pronto  serás  mi 


—  46  — 

esposa!     Y...    (suena    una    campana.)    ¡DemOllio! 

llaman  á  coro,  y  ya  se  acercan.  (Entra  en  ei 
locutorio.)  ¡Una  cortina!  Aquí  me  escondo. 

(Se  oculta.) 


ESCENA  ULTIMA 

I-ACERDA,    LAURA,    monjas    y    edneandas.    Luego    EL   DEMAN- 
DADERO 

Música 

(vense  pasar  á  través  de  la  reja  del  locutorio,  de  de- 
recha á  izquierda,  á  las  monjas  y  educaudas;  éstas 
cubierta  la  cabeza  con  tocas  blancas.) 

<JoRO  Las  pompas  y  galas, 

del  mundo  ei  bullicio, 
son  lazos  que  tiende 
Satán  tentador, 
que  dobla  sus  alas 
y  á  eterno  suplicio 
vencido  desciende 
mas  no  vencedor. 

(siguen  cantando  á  lo  lejos.) 
LaC.  (Viendo  al  Demandadero  que,  cruzando    los  claustros 

se  dirige  al  locutorio  cargado  con  un  gran  capazo  de 
verduras)  ¡El  Demandadero!    (ocultándose  más.) 

DeiM  .  (Dejando  el  capazo.)  ¡Siete  arrobas  de  espinacas! 

¡Qué  horror!  (Coge  la  cuerda  y  toca  la  campana 
según  indique  la  mi'isica.— Pasa  Laura  y  mete  una  ma- 
no por  la  reja.  Lacerda  saca  la  cabeza  de  entre  la  cor- 
tina y  besa  la  mano.) 

Lac.  ¡Su  mano!  ¡Oh,  vida  mía!  (Besando.) 

Laura  ¡No,  no  más! 

Deím.  (Mirando  el  capazo.)  La  Verdad  68  que  hay  para 

hartarse.  (Toca.) 
L.'\c.  ¡Hasta  luego,  (Besa.)  mi  bien! 

Dem.  Lo  dicho;  no  hay  nada  mejor  que  la  carne. 

(Toca.) 

Laura         ¡Adiós! 

Lac.  jEl  último!    (Besa  rápidamente.) 

Dem.  y  vaya  el  último  repique.    (Toca  con  rapidez 

igual  á  los  besos  de  Lacerda.  Óyese  á  lo  lejos  cantar 
á  las  monjas  y  edneandas  lo  siguiente:) 


Coro 


—  47  — 

¡Madre  nuestra 
sálvanos, 
por  nosotras 
ruega  á  Dios! 

Halilado 


Laura         ¡Adiós! 
Lac.  ¡Adiós! 

DeM.  (yéndose  por  la   segunda  puerta  del   locutorio.)     ¡Y 

qué  tenga  un  hombre  que  comerse  todo  es- 
to!... (Vase  con  el  capazo.) 

(sigue  oyéndose  el    canto  de   las  educandas.    Lacerda 
se  aleja  por  los  claustros  rápidamente.) 


FIN  DEL  ACTO  PRIMERO 


ACTO  SEGUNDO 


CUADRO  CUARfO 

Decoración.  Tejados  del  convento.  A  la  derecha,  en  tercer  térmiao, 
la  torre  del  campanario;  junto  al  mismo  y  á  su  derecha,  for- 
mando ángulo  recto,  una  ventana,  por  donde  saldrá  Lacerda. 
Frente  á  la  misma,  en  el  lateral  izquierda,  una  reja  con  celosía, 
que  es  la  que  se  supone  que  ocupa  Laura.  Desde  la  ventana  á  la 
reja  tejado;  en  la  pared  vertical  del  mismo  que  da  frente  al  pú- 
blico, vense  varias  rejas  con  celosías,  que  ocupan  las  educandas 
y  monjas.  Delante  de  estas  rejas  tejado  en  declive;  inmediatamente 
las  copas  de  los  árboles  del  jardín;  después,  y  ya  en  el  primer 
término,  tejados  y  chimeneas.  En  el  lateral  derecha  del  tejado  en 
declive,  una  puerlecilla  practicable.  Al  fondo,  tejados,  cúpulas  y 
torres  lejanas.  Es  de  noche  y  está  completamente  nevado. 


ESCENA  PRIMERA 

El  DEMANDADERO  andando  á  gatas  por  el    tejado   en   declive;   las 
monjas  y  educandas  tras  de  las  celosías  con  luces  en  la  mano 

Música 

Coro  Mis...  mis... 

Morronguito,  morronguito. 
Dem.  No  le  encuentro  por  aquí. 

(Yo  le  juro  al  muy  maldito 

que  se  ha  de  acordar  de  mí.) 
Coro  Es  nuestra  delicia, 

es  nuestro  regalo. 
Dem.  Lo  que  es  si  resbalo 


49  — 


Coro 


Dí:m. 
Coro 


Dem. 


Coro 
Dem. 


Coro 
Dem. 


me  voy  ;'i  luatar. 
¡Ay,  pobre  morrongo, 
ya  le  hemos  perdido! 
¿A  qué  hal)rá  salido? 
Pues...  a  promiscuar. 
Mis...  mis... 
Es  más  blanco  que  la  nieve, 
es  legítimo  de  Angola; 
cuando  llueve 
maya  y  mueve 
dos  ó  tres  veces  la  cola. 
Es  tan  manso,  tan  monino, 
pobrecito,  se  va  á  helar; 
tiene  un  pelo 
suave  y  fino 
y  una  voz  dulce  al  mayar. 
(Podrá  ser  muy  mono, 
pero  yo  le  mato; 
no  se  la  perdono 
esta  vez  al  gato.) 
Buscad  bien,  hermano. 
Estoy  en  un  tris, 
(si  yo  le  echo  mano 
más  no  maya  el  mis.) 
Mis...  mis... 


Aunque  si  yo  fuera  gato 
también  me  vería  así,  (Andando  á  gatas.) 
al  gato  le  dan  un  trato 
qvie  no  me  lo  dan  á  mí. 
De  fijo  no  comería 
las  espinacas  que  como, 
y  alguna  me  pasaría 
la  manita  por  el  lomo. 
"  Yo  si  que  sería 

un  gato  modelo, 

sólo  de  pensarlo 

se  me  eriza  el  pelo. 

Sería  tan  tuno 

como  este  animal, 

porque  á  mí  el  ayuno 

me  sienta  muy  mal. 


—  50  — 

OoRO  .     Cuidado,  no  vaya, 

hermano,  á  caer. 

!)em.  Silencio,  que  maj^a. 

Coro  Echad  á  correr. 

Buscad  bien,  hermano. 

Dem.  Estoy  en  un  tris, 

(si  yo  le  echo  mano 
más  no  maya  el  mis.) 

Coro.  Mis...  mis... 


Dem.  Por  las  tejas  voy  á  gatas 

tras  el  gato  remolón; 
si  me  rompo  las  dos  patas, 
¡vaya  una  complicación! 
Se  compadecen  del  gato 
sin  ver  á  lo  que  me  expongo; 
¡quién  pudiera  por  un  rato 
permutar  con  el  morrongo! 

Yo  sí  que  sería 

un  gato  modelo,  etc. 
Coro  Mis...  mis... 

(Retíranse  monjas  y  educandas,  y  el  Demandadero  vase 
por  la  puertecilla  da  la  derecha.) 


ESCENA  II 

Suenan  tres  campanadas  pausadamente.  Se  abre  la  ventana  que  hay 

junto  al  campanario,  y  aparece   LACERDA  sigilosamente.  Viste  el 

traje  de  estudiante,  pero  sin  manteo 

I/AC.  ¡Gracias  á  Dios!  ¡Con  qué  impaciencia  he 

estado  aguardando  esas  tres  campanadas! 
Las  ocho  menos  cuarto;  ¡la  hora  de  la  cita! 
¡Dios  mío!  ¡Qué  noche  tan  obscura  y  tan 
fría!  No  acierto  á  andar  por  estos  tejados.  Si 
al  menos  estuviera  estrellado.  (Resbala.)  ¡Cas- 
caras! Si  no  ando  con  tiento  el  que  va  á  es- 
tar estrellado  voy  á  ser  yo;  y,  francamente, 
sentiría  irme  á  la  calle  sin  despedirme  de  la 
Madre  Superiora.  ¡Maldita  nieve!...  Y  no  se 
vé  luz  en  ninguna  celda...  ¡Calle!  Aquí  se  ve 

luz  por  esta  rendija.     (Se  acerca  á  la  reja  de   la 


—  51  — 

torre  y  mira.)  Sí:  veo  allí  Una  madre...  ¿Qué 
hace?...  ¡Atiza!  ¡Se  está  dando  golpes  con  unos 
zurriagos!  ¡Pobres  madres!  ¡Cómo  se  mortifi- 
can! ¡Qué  cosc'ori'ones  se  está  dando!...  Va  á 
quedarse  rendida,  (vueive  á  mirar.)  ¡Anda! 
Pues  no,  no  se  ha  quedado  rendida;  se  ha 
hecho  la  señal  de  la  cruz...  y  está  ya...  co- 
miéndose un  papelón  de  bollos.  ¡Se  conoce 
que  no  ha  querido  perdonar  los  bollos  por  los 
coscorrones!...  ¡Pero,  Dios  mío,  parece  que 
Laura  tarda  mucho!...  Me  acercaré.  La  reja 
de  su  celda  debe  ser  aquella...  (se  acerca  á  la  de 
la  izquierda.)  ¡Sí!  Ya  parece  que  oigo... 


ESCENA  Iir 

"DICHO  y  LAURA  en  la  reja.  Luego  el   BARBERO,   que  sale  por  de. 

tras  del  campanario,  da  algunos    pasos  por   el   tejado,   azorado,    sia 

sombrero,   descompuesto.  Al  observar  que  hay  gente  en   el  tejado, 

desaparece  enseguiJa  por  la  puerta  que  dejó  abierta  Lacerda 

SIiisil;a 

(Suenan  tres  campanadas.) 

liAC.  ,        Asoma  á  la  celosía, 

niña  hechicera, 
antes  que  la  luz  del  día 
tus  ojos  hiera. 


Laura 

¡Fernando!    (a  través  de  la  celosía,) 

Lac. 

¡Laura!  (Acercándose.) 
Heme  á  tu  lado, 
mi  bien  amado. 

Laura 

No  acierto  á  verte. 
¡Qué  obscuridad! 

Lac, 

JNo  tengas,  niña, 
pena  ninguna, 

* 

que  hasta  la  luna 

(Sale  la  luna,  que  iluminará  á  los  dos.) 

viene  á  ofrecerte 

-su  claridad. 

—  52  — 
(Suena  la  campana  á  intervalos.) 

¿Por  (jué  suspiras 
y  no  me  miras? 
Dime  al  momento 
quién  tu  reposo 
viene  á  turbar. 
Laura  Esa  campana, 

que  oyes  cercana, 
que  con  su  acento 
tan  misterioso 
me  hace  temblar. 


Lac.  Nunca  á  su  sonido 

prestes  atención, 
ven  y  oye  el  latido 
de  mi  corazón. 
La  luna  más  bella 
se  refleja  en  tí, 
no  mires  á  ella 
y  mírame  á  mí. 

Laura  En  todas  partes 

tu  imagen  veo. 

Lac.  Tan  sólo  creo 

en  tí  y  en  Dios. 

Laura       )         Que  nuestras  almai^ 

Lac.  ]         por  siempre  aduna, 

fundiendo  en  una 
las  de  los  dos. 


Laura  Aunque  á  ese  sonido 

no  preste  atención, 
su  triste  tañido 
mata  mi  ilusión; 
pues  desde  el  momento 
que  encerrada  fui, 
va  mi  pensamiento 
siempre  en  pos  de  tí. 
¡Mi  amor, 
en  pos  de  tí! 

Lac.  Nunca  á  ese  sonido 

prestes  atención, 
ven  y  oye  el  latido 


—  53  — 

de  mi  corazón. 
La  luua  más  bella 
se  refleja  en  ti, 
nó  mires  á  ella 
y  mírame  á  mí. 

¡Mi  bien, 

mírame  á  mí! 


Hablado 

Lac.  Pues  sí,  Lam-a  mía,  me  era  imposible  so- 

portar el  martirio  cíe  tu  ausencia. 

Laura  •.      ¿Y  qué  intentas? 

Lac.  Realizar  nuestra  felicidad. 

Laura         ¿Pero  cómo? 

Lac.  Saliendo  los  dos  esta  noche  del  convento; 

mi  amigo  Mendoza  nos  aguardará  desde  las 
diez  en  las  tapias  de  la  huerta  con  dos  caba- 
llos. Partiremos  á  escape,  y  mañana  llega- 
remos á  Segovia;  te  llevaré  á  casa  de  mi 
madre,  5^  allí,  en  sus  brazos,  libre  de  todo 
peligro,  esperarás  el  momento  de  que  nos 
unan  para  siempre...  ¿Estás  decidida? 

L.'^URA  ¡Ay!  Fernando  mío,  yo  no  sé  qué  extraño 
temor... 

Lac.  ¡Por  Dios,  Laura!  ¿Dudas  de  mí?  ¿No  me 

amas  acaso? 

Laura  ¿Dudar  de  tí?...  ¿No  amarte?...  ¡Imposible! 
¿Pero  cómo  vamos  á  salir? 

Lac.  ¿Tú  conocerás  el  convento? 

Laura         Todo. 

Lac,  ¿Quién  tiene  las  llaves? 

Laura     .     El  Demandadero. 

Lac.  ¿y  dónde  duerme? 

Laura         En  un  pabellón,  al  lado  del  patio  del  torno. 

Lac.  ¿Está  lejos  la  puerta  de  salida? 

Laura  Allí  mismo.     (En  este  momento   sale   el   Barbero  y 

hace  lo  que  se  indicó.) 

Lac.  Basta.  A  las  diez  nos  iremos.  Tú  saldrás  de 

•  tu  celda  en  cuanto  oigas  las  diez  campana- 
das del  reloj;  yo  estaré  allí  ya  aguardándote. 

Laura         ¿Pero  quién  abrirá  la  puerta? 

Lac.  Mi  astucia;  confía  en  mí,  y  quizá  mañana 

seas  ya  mi  esposa. 


—  54  — 


Laura 
Lac. 

Laura 
Lac. 

Laura 
Lac. 

Laura 


Lac. 

Laura 

Lac, 


De  modo  que  á  las  diez... 

¡En  la  sala  del  torno,  y  que  Dios  nos  protc- 

jal  ¡Hasta  luego;  valor,  Laura  mía! 

¡Adiós,  Fernando! 

Laura,   estoy  helado;  si  pudiera  besar  tu 

mano,  acaso  su  calor... 

No,  Fernando. 

¿Te  niegas? 

Es  imposible  por  la  celosía.  Cuando  suba 

del  refectorio,  al  pasar  por  la  puerta  de  tu 

celda,  podrás  besar  mi  mano  por  la  mirilla. 

¡Gracias,  amor  mío! 

Adiós.    (Va  á  cerrar  y  oye  el  estornudo  del  Deman- 

dadero.) 

Adiós. 


ESCENA  IV 


DICHOS  y  el  DEMANDADERO  por  la  derecha 

Dem.  ¡Atcbís!  (Estorn'ida.)  ¡Jesús! 

Laura         ¡Dios  mío!  ¿Has  oído? 

Lac.  Sí;  he  oído  así  como  un  estornudo.  ¿Qué  se- 

rá? (Pausa.) 

Dem.  Nada,  que  he  cogido  un  constipado  regular. 

¡Todo  sea  por  Dios...  y  por  el  gato! 

Lac.  Parece  que  anda  un  hombre  por  el  tejado... 

Laura  Sí;  debe  ser  el  Demandadero.  ¡Huye,  Fer- 
nando! 

Lac,  ¿y  por  dónde  huyo? 

Laura         Por  aquí,  por  la  derecha,  (cierra.) 

Dem.  Mis...  mis... 

Lac.  (¡Zape!  ¡Dios  mío,  si  me  vieran!) 

Dem.  ¡Menuda  paliza  te  espera! 

Lac.  Me  esconderé  por  aquí,  (vase  por  detrás  de  la 

reja  de  Laura.) 
Dem.  ¡Qué  hará  ese  animal  por  el  tejado  con  una 

noche  tan  fría!...  Mis...  mis...  Yo  estoy  tiri- 
tando... ¡Atchís!...  ¿Y  dónde  encontraría  yo 
á  ese  gato?  (pausa.)  ¡Ah,  qué  idea!...  Debe 
estar  por  detrás  del  campanario.  Me  parece 
que  esta  mañana  he  oído  mayar  ahí  á  la 
gata  del  sacristán...  Vo}''  á  ver...  (Anda  á  gatas.) 


—  55  — 

¡Y  tener  que  andar  á  gatas  como  los  gatos!.  . 

Mis...     (Suena  la   campana  y  se  asusta.)     ¡Demon- 
tre; no  me  acordaba  ya  de  la  campanal  (va^jc 

por  detrás  del  campanario.) 
SllITACIOIir 


CUADRO  QUINTO 

Pasillo  del  convento    que  conduce  á  la  celda    que  ocupa  Lacérela. 
Puertas  á  izquierda  y  derecha;  ésta  con  una  mirilla 


ESCENA  PRIMERA 

EL  BARBERO,  cojeando,  sale  por  la  izquierda,  azoradisimo,  sin 
sombrero,  con  el  traje  descompuesto  y  sucio;  mira  á  todos  lados,  se 
dirige  a  la  puerta  derecha  y  mira  por  la  cerradura;  vuelve  y  cierra 
la  puerta  por  donde  entró.  Todo  esto  dando  muestras  de  sobresalto 
é  inquietud.  El  monólogo  dicho  con  gran  rapidez 

Uno  aquí...  otro  aquí...  otro  aquí...  otro  aquí... 

dos  aquí...  (señalándose  diferentes  partes  del  cuer- 
po.) y  veintiséis  en  la  espalda...  Total,  j trein- 
ta y  dos  cardenales!...  ¡Un  cónclave! — ¡Válga- 
me San  Antonio,  abogado  de  los  novios;  San 
Benito  Palermo,  abogado  de  las  buenas  pali- 
zas, como  la  que  me  acaban  de  dar,  y  San 
Alejo,  abogado  de  las  escaleras  que  acabo  de 
subir,  bajar,  saltar  y  rodar,  entre  una  lluvia 
de  puntapiés,  estacazos,  bofetadas,  empujo- 
nes, cachetes,  etcétera,  etcétera,  etcétera... 
(pausa.)  y  etcétera!  ¡Este  último  etcétera  es  el 
palo  monumental  que  me  ha  hecho  perder 
casi  por  completo  el  juego  del  tobillo;  (cojean- 
do.)  y  esto,  no  me  pasa  á  mí  más  que  por 
tonto,  por  confiado,  por  bueno  y  por  Mari- 
quita!... Ella,  Mariquita,  es  la  que  tiene  la 
culpa  de  todo;  es  decir,  su  tío  el  capellán. 
¡Buena  manera  de  pagar  mis  servicios  es- 
meradísimos! Porque  cuando  iba  á  mi  bar- 
bería, él  era  el  parroquiano  á  quien  yo  afei- 
taba con  más  interés.  Para  él  la  mejor  bro- 


~  56  — 

cha,  el  mejor  jabón,  sólo  á  él  le  lavaba  la 
cara  con  agua  limpia,  y  le  sacaba  la  coroni- 
lla con  un  compás...  Pero  nn  día,  cuando  le 
acababa  de  repasar  la  nuez  con  una  suavi- 
dad encantadora,  se  levanta  y  me  dice:  «Pe- 
drillo:  sé  que  cortejas  á  mi  sobrina,  guárda- 
te de  rondí^rla  la  calle  ó  me  veré  obligado  á 
emplear  otros  medios.» — Desde  aquél  día  la 
prohibió  sahr  y  no  poiiiamos  vernos;  busca- 
mos entonces  un  modo  de  hablarnos  sin 
que  nadie  se  apercibiera,  y  le  encontramos. 
Por  una  escalerilla  que  tienen  en  el  corra- 
lón de  su  casa,  subía  yo  todas  las  noches,  y 
ella  se  asomaba  por  una  ventana.  Así  está- 
bamos tan  ricamente,  hasta  que  esta  noche 
hemos  pasado  juntos  la  horita  de  costum- 
bre, y  nos  hemos  dicho  las  cositas  de  cos- 
tumbre, y  al  irme  yo,  como  de  costumbre, 
me  dice  Mariquita:  «Pedrillo,  quédate  media 
hora  más»,  y  yo  por  no  dejarla  mal...  y  por 
no  dejarla,  me  quedé  la  media  hora.  Me 
despido  de  nuevo,  vuelve  á  rogarme  que  me 
quede  otra  media  hora,  y  yo  por  no  dejarla 
mal...  y  por  no  dejarla,  me  quedé  la  otra 
media...  \y  aquel  par  de  medias  me  han 
perdidol  Porque  cuando  yo  la  estaba  dicien- 
do que  nada  había  en  el  mundo  tan  fuerte 
como  mi  cariño...  [fuerte,  pero  muchísimo 
más  fuerte,  fué  el  palo  que  me  dieron  en  la 
nuca!...  Me  atonté,  y  ciego,  en  la  obscuridad, 
les  grité:  «¡Cobardes,  me  pegáis  por  de- 
trás!...» ¡y  no  fué  bofetada  la  que  me  dieron 
por  delante!...  Y  como  si  aquello  hubiera  si- 
do la  señal  convenida,  una  lluvia  de  palos 
cayó  sobre  mí.  ¡Yo  me  revolví,  grité,  3''  como 
un  valiente  quise  defenderme...  huyendo, 
por  supuesto,  y  viendo  que  no  podía  bajar, 
tomé  escalera  arriba,  y  los  palos  detrás... 
hasta  que  loco,  frenético,  llego  al  final  de  la 
escalera,  veo  un  tragaluz  estrechísimo,  me 
estrujo,  me  prenso,  me  reduzco,  do}'-  un  sal- 
to heroico  y  salgo  al  tejado!...  Entonces  fué 
cuando  recibí  el  último  etcétera  en  el  tobi- 
llo de  esta  pierna  que  se  había  quedado  re- 


—  57  — 

trasada.  Una  vez  allí,  con  la  nieve  escurre- 
diza,  las  piernas  débiles,  el  cuerpo  magulla- 
do, emprendo  una  fuga  penosísima,  y  sin 
saber  qué  hacer,  llegué  al  tejado  del  con- 
vento, vi  una  puertecilla  abierta,  y  aquí  me 
he  metido.  Y  buscando  la  salida,  bajé  esca- 
leras, atravesé  claustros,  crucé  pasillos,  fui  á 
esconderme  en  un  cuarto,  pero  era  el  refec- 
torio donde  las  madres  estaban  haciendo  la 
colación...  y  no  me  atreví  á  colarme.  ¡Volví 
pies  atrás  y  aquí  estoy  expuesto,  si  me  des- 
cubren, á  dar  con  mi  cuerpo  en  una  de  las 
galeras  del  rey,  por  haberme  metido  en  un 
sitio  como  éste!  ¡Dios  mío,  si  yo  supiera 
quién  fué  el  que  le  dijo  al  padre  capellán 
que  hablábamos  por  la  escalerilla!...  Enton- 
ces sí  que  iba  á  las  galeras  á  gusto,  ¡pero  era 
después  de  haberle  matado!  ¡Ay,  si  yo  le  co- 
giese!;.. ¡Ay...  ay...  ay!...  ¡cómo  me  duele 
este  cardenal!  (cambiando  de  tono.)  Y  yo  nece- 
sito salir  de  aquí,  pero  salir  inmediatamen- 
te... (Pausa.  Queda  pensativo.)  Si  5''0  me  atrevie- 
ra... En  ese  cuarto  (ei  de  la  izquierda.)  por  don- 
de acabo  de  pasar,  hay  unos  hábitos  colga- 
dos, y  unas  disciplinas  y  breviarios  en  la 
mesa...  debe  ser  la  celda  de  un  fraile. — ¡Ah, 
Pedrillo,  una  idea  salvadora!...  Expuesto  es, 
pero  si  yo  tuviera  valor,  me  ponía  esos  há- 
bitos, me  colaba  la  capucha,  y  buscando, 
buscando,  yo  hallaría  la  salida  más  fácil- 
mente... ¿Y  por  qué  no  he  de  hacerlo?... 
¡Animo!  me  juego  el  todo  por  el  todo...  y  me 
juego  el  otro  juego  del  tobillo...  ¡pero,  salgo, 

vaya  si  salgo!...  (Entra  en  la  celda.) 


ESCENA  II 

DICHO,    ya    con   los  hábitos  puestos    y    LAUR.\,    dentro.    Dan    dos 
golpes  en  la  puerta  de  la  derecha,  llamando 

Barb,  (Saliendo.)  Vaya,  ánimo  y  á  la  calle. 

Laura  (Abriendo    el    ventanillo    y    llamando.)    ¡Chist!... 

¡chist!... 


—  58  — 

BaRB.  (Asustado.)    (¡Ay,  DioS  mío!)  (Se  acerca  un  poco>) 

¿Quién? 

Laura  ¡Soy  yo,  bien  mío! 

Barb.  (¡Caracoles!)  ¿Qué? 

Laura  ¿No  te  ha  ocurrido  nada? 

Barb.  Todavía  no... 

Laura  Me  he  acercado  á  cumplirte  lo  prometido,  y 
á  decirte  que  según  acabo  de  saber  por  la 
Tornera,  al  anochecer  entró  secretamente  en 
el  convento,  nuestro  tío  el  marqués  de  la 
Crin. 

Barb,  ¿Sí?...  (Me  alegro,  pero,  ¿á  mi  qué  me  im- 

porta?) 

Laura  (^Metiendo  una  mano  por  el  ventanillo.)  ¡Bcsa,  besa, 

que  estoy  impaciente  por  volver  á  la  celda! 
Barb.  (¡Canastos,  y  mete  la  mano!...  ¡Qué  mano, 

qué  mano!) 
Laura         (impaciento )  ¡Anda,  hombre,  anda! 
Barb.  ¿Y  qué  hago  yo  con  esta  mano?  (cogiéndola.) 

Laura         Besa,  que  me  voy. 
Barb,  (¡Dios  mío,  y  tengo  que  besarla,  si  no,  me 

descubro!  ¡Pues  yo  no  me  descubro!)  (Besa 

muchas  veces.) 

Laura  ¡Basta,  hombre,  basta! 

Barb.  ¡Ay,  qué  suave,  pero  qué  suave!  (sigue  besan- 

do.) (¡Yo  no  me  descubro!...  ¡Lo  que  tienen 
que  sufrir  estos  pobres  frailes!) 

Laura         Adiós,  (vase.) 

Barb,  (Mirando  por  el  ventanillo.)  ¡Rica,  que  vuelvas, 

eh,  que  vuelvas!  (oeja  de  mirar.)  Pero,  ¿qué 
será  esto?  (Mirando.)  ¡Y  es  rubia,  y  tiene  un 
talle,  y  unos  pies,  y  unos  andares!... 


ESCENA  III 

DICHO  y  LACERDA,  vistiendo  el  hábito,  por  la  izquierda 

Lac.  (Sin  ver  al  Barbero.)  ¡Creí  que  no  llegaba  sano. 

¡Maldito  Demandadero,  lo  que  me  ha  hecho 
correr! 

Barb.  Pero,  ¡qué  rica!  (Se  vuelve  y  se  ven  ios  dos,  retro- 

cediendo asustados.)  ¡Ábrete,  tierra...   el  verda- 
dero padre!... 


-  59  — 

Lac.  (¡Un  fraile!...  ¡María  Santísima!  ¡Debe  ser  el 

padre  Anselmo!...  ¡Dios  me  valga!) 
Barb.  ¡El  santo,  éste  es  el  santo!...   ¡Santo!   ¡santo! 

¡santo!...  (Dándose  golpes  de  pecho.  Se  quedan  los 
dos  á  corta  distancia  y  mirándose  de  reojo  después  de 
haberse  hecho  iina  reverencia.) 

Lac.  (Ha  llegado  mientras  yo  andaba  por  los  te- 

jados.) 
Barb.  (¿Y  por  dónde  habrá  entrado  este  santo?... 

Estaría  durmiendo.)  (vuelven  á  mirarse  y  otia 
reverencia.)  ¿ 

Lac.  (¡El  compromiso  es  terrible!) 

Barb.  (¡El  apuro  es  tremendo!) 

Lac.  (¿y  yo  qué  hago* ) 

Barb.  (¿Y  yo  qué  digo?) 

Lac.  (Nada,  las  situaciones  hay  que  resolverlas 

con  decisión.)  ¡Padre!...  (Dirigiéndose  al  Barbero.) 
Barb.  (Asustado,    hace  una  reverencia.)    ¡Padre!    (¡Padre 

nuestro  que  estás  en  los  cielos!...) 
Lac.  Padre...  por  lo  que  veo  sois  mostén...  como 

yo.  (Pausa.) 

Barb.  Como  vos... 

Lac  y  hará  poco  que  habéis  llegado...  como  5^0... 

Barb.  Como  vos... 

Lac.  ¿y  seréis  el  padre  Anselmo? 

Barb.  Como  vos...  digo,  sí,  sí,  ¡el  padre  Anselmo! 

Lac  Entonces  ya  sé  por  lo  que  habéis  venido 

aquí:  por  el  sermón  de  la  bofetada. 

Barb.  Sí,  por  la  bofetada... 

Lac  ¿y  por  los  Siete  Dolores? 

Barb.  jPor  más,  por  más  de  siete! 

Lac  Pues  por  eso  venía  yo...  pero...  (Yo  sé  lo  que 

digo.) 

Barb.  (Nada,  yo  no  le  engaño.) 

Lac  )  ¡Padre!    (Se    arrodillan    los  dos    á    un    tiempo,    uno 

Barb.  j  frente  á  otro.  Pausa.) 

Lac  Padre,  yo  no  he  venido  aquí  por  la  bofetada. 

(Con  humildad.) 

Barb.  [Pues  yo  si! 

Lac  Ya  lo   sé.    ¡Perdón!   yo  no   soy   fraile  ni 

mostén. 

Barb.  (¡Cuerno!)  (Levantándose.) 

Lac.  No  os  enfadéis. 

Barb.  No,  no,  pero...  ¿cómo  que  no  sois?... 


—  60  — 

Lac.  No,  lio,  señc^^'.  El  amor  y  una  porción  de 

circunstancias  fatales  me  han  obligado  á 
entrar  en  esta  santa  casa,  vestir  este  santo 
hábito  y  fingirme  lo  que  no  S03^  Yo  soy  es- 
tudiante; y  comprendo  que  mi  falta  es  tan 
grave  que  no  me  levantaré  de  aquí  sin  que 

.  me  deis  vuestra  absolución,  (Se  inclina  espe- 
rando la  absolución.)  [oh,  reverendísimo  padre! 

^ARB.  (con  seriedad  cómica.)  ¡Hay  uii  inconveniente 

para  daros  la  absolución! 

Lac.  ¿Cuál? 

Barb.  (Muy  conmovido.)  Que  soy  barbero... 

Ijac.  ¿Qué? 

Barb.  ¡Que  tampoco  soy  fraile!  No  os  enfadéis. 

Lac.  (Levantándose.)  ¿Cónio  que  no? 

Barb'.  (Arrodillándose.)  No,  no,  señor;  el  amor  y  una 

porción  de  coscorrones  me  han  obligado  á 
entrar  en  esta  santa  casa,  vestir  estos  santos 
hábitos  y  fingir  lo  que  no  soy.  ¡Yo  soy  bar- 
bero; y  no  me  levantaré  de  aquí  sin  que  me 
deis  vuestra  mano,  porque  tengo  estropeado 
un  tobillo! 

Lac.  (Ayudándole  á  levantarse.)   PerO,   ¿UO  OS  burláis? 

Barb.  ¡Quiá,  hombre,  quiá! 

Lac.  ¿De  modo  que  lo  de  los  siete  dolores  es 

mentira? 

Barb.  ¡No,  lo  de  los  siete  dolores,  no!   ¡Ay!...  (Que- 

jándose.) Yo  he  venido  aquí  huyendo  por  los 
tejados,  porque  me  han  dado  una  paliza  ho- 
rrorosa: vi  en  este  liábito  un  medio  de  sal- 
varme, me  lo  puse...  y  ahora  me  encuentro 
en  más  peligro  que  nunca. 

Lac.  Pues  yo  estoy  aquí  por  lo  mismo  que  vos. 

Barb.  ¡Por  una  paliza! 

Lac.  No,  por  una  mujer;  por  mi  novia  que  está 

encerrada  en  este  convento  y  he  venido  á 
llevármela. 

Barb.  ¡Zambomba!    De   modo  que  vos  sois...    el 

que...  ¡Vaya,  ahora  me  explico  una  cosa! 

Lac.  ¿Cuál? 

Barb.  El  por  qué  una  educanda  ha  llegado  á  esa 

puerta,  ha  metido  la  mano  por  el  ventani- 
llo y  se  ha  empeñado  en  que  se  la  besara. 

Lac.  ¡Demonio!  ¿Y  qué  os  ha  dicho? 


—  61    - 

Barb.  Que  está  aquí  nuestro  tío  el  marqués  de  la 

Criu. 

Lac.  ¡Cómo!...  ¡Dios  santo!...  ¿Qué  decís?  ¿El  mar- 

qués aquí?.  .  ¡Qué  horror!...  Es  preciso  ade- 
lantar nuestra  fuga;  si  vos  me  obedecéis... 

Barb.  ¿Qué? 

Lac.  Dentro  de  una  hora  estamos  en  la  calle. 

Barb.  Contad  conmigo...  para  la  calle.  ¿Qué  hace- 

mos? 

Lac.  Pues  yo  ahora  mismo  salgo  al  tejado,  vuelva 

á  la  celosía,  hablo  con  Laura  y  ya  os  diré  lo 
que  decidamos;  mientras  tanto,  que  nadie  os 

vea.  (Entran  los  dos  en  la  celda.) 


ESCENA  IV 

El  BARBERO,  luego  el  DEMANDADERO.  (Dan  dos  golpecltos  en  la 
puerta  derecha.) 

Dem.  (Dentro.)   ¡Padre!...    ¿Dais  vuestro  permiso^ 

padre? 

Barb.  (saliendo  de  la  celda.)  Ya  está  en  el  tejado.  Pues, 

señor,  este  encuentro,  que  yo  creí  al  princi- 
pio fatal,  es  lo  que  va  á  salvarme;  ya  le  he 
dicho  que  ande  con  cuidado  por  el  tejado, 
no  vaya  á  irse  á  la  calle,  porque  entonces  sí 
que  me  reventaba...  y  se  reventaba  él  tam- 
bién. (e1  Demandadero  mete  la  mano  por  el  venta- 
nillo, intentando  levantar  el  pestillo  de  la  puerta,  y 
sus  esfuerzos  para  conseguirlo,  remeda  el  ademán  con 
que  se  llama  á  otro.  El  Barbero  se  vuelve  y  se  fija  en 
la  mano.) 

Barb.  ¡Qué  veo!   ¡Otra  vez  la  mano!   ¡La  misma 

mano  blanca  y  suave!...  ¡Ella,  ella  otra  vez!... 
Y  parece  que  me  llama...  sí,  me  llama.  Y  el 
otro  en  el  tejado  y  yo  solo;  ¡qué  compromi- 
so!... (Mira  á  todos  lados.)  ¡Pero  nada,  yo  no  me 

descubro!  (Besa  repetidamente.) 

Dem.  (ai  instante.)  ¡Oh,  padre!  ¿Qué  hacéis? 

Barb.  (Retrocede  )    ¡Cuerno!  (Limpiándose  los  labios.)  ¿A 

quién  le  he  besado  la  mano?  ¡Pinchaba,  pin- 
chaba!... 


-    62  — 

¡)eM.  (Que  La  levantado  el   pestillo,  entra  asustado,  con  la 

cara  compungida.)  ¡Padre!  (Asomando  la  cabeza.) 

Barb.  (¡Horror!)  (se  caía  la  capucha.)  (¿Quién   será 

éste?) 

Dem,  Padre,  conocía  vuestra  humildad,  pero  no 

puedo  consentir  que  la  llevéis  hasta  besar  la 
mano  á  un  pobre  demandadero... 

Barb.  (¡Es  el  Demandadero!) 

Dem.  Padre,  yo  me  he  atrevido  á  venir  á  molesta- 

ros, porque  necesitaba  de  vos. 

Barb.  ¿Y  qué  necesitabais  de  mí,  hermano?  por- 

que tengo  mucha  prisa. 

Dem.  Pues,  yo  deseaba  contaros  dos  cosas  que  he 

hecho  hoy,  para  que  me  digáis  si  estoy  en 
pecado  mortal. 

Barb.  Veamos  qué  cosas  son. 

Dem.  Oídlas. 

Barb.  (Alguna  tontería.) 

Dem.  Esta  mañana,  padre,  en  cuanto  me  levanté... 

tuve  que  estercolar  dos  bancales  de  lechu- 
gas, y  cuando  acabé... 

Barb.  ¿Os  lavasteis  las  manos? 

Dem.  No,  señor. 

Barb.  (Limpiándose  los  labios.)  ¡Mal  hccho,  mal  hecho! 

Dem.  Bueno;  pero  no  es  eso  lo  grave. 

Barb.  jNo  ha  de  ser! 

Dem.  Lo  grave  es  que  con  el  trabajo  se  me  abrie- 

ron unas  ganas  de...  no  comer  espinacas, 
que  fui  y  me  comí  media  liebre. 

Barb.  ¿Y  después? 

Dem.  La  otra  media.  Y  luego  espinacas,  porque 

como  era  vigilia  de  precepto;  y  luego  una 
perdiz,  porque  como  era  escabechada...  ¿Será 
mortal,  padre? 

Barb.  Con  menos  han  reventado  otros. 

Dem.  Si  me  refería  al  peoado. 

Barb.  ¡Ah!  el  pecado,  veremos...  veremos.  ¿Os  que- 

da algo  más? 

Dem.  Otra  media  liebre. 

Barb.  Me  refería  al  pecado. 

Dem.  Sí,  señor,  me  queda  otro  pecado,  y  este  es  el 

más  grave. 

Barb.  ¿Y  no  podríais  dejarlo  para  mañana? 

Dem.  '         Padre,  si  es  qu^  me  pesa  sobre  la  concien  - 


—  G3  — 

cia  de  un  modo  terrible.  ¡Es  un  secreto  que 
me  atormenta!... 

Barb.  Bueno,  pues  decidlo  pronto. 

Dem.  Veréis.  En  una  casa  próxima  al  convento, 

vive  un  padre  capellán  muy  bueno... 

Barb.  (¡Cascaras!)  ¡Seguid,  seguid! 

Dem.  Que  tiene  una  sobrina  muy  guapa. 

Barb.  Sí,  j'^a,  ya;  ¿y  qué?  Seguid,  (con  interés.) 

Dem.  y  esta  sobrina  tiene  un  novio  barbero  de 

muy  mala  fama... 

Barb.  ¡Mentira'. 

Dem.  ¿Qué? 

Barb.  Que  parece  mentira,  (se  echa  más  la  capucha.) 

¿Le  conocéis? 

Dem.  Ni  quiero.  Bueno,  padre,  pues  es  el  caso, 

que  sin  que  lo  supiera  el  tío,  hablaban  los 
novios  por  una  escalerilla,  3^  yo  los  vi  y  se  lo 
dije  todo  al  capellán;  y  de  acuerdo  con  él, 
lie  buscado  gente  para  que  le  dieran  una 
paliza  esta  noche,  y  creo  que  tan  fuerte  se 
la  han  dado,  que  Dios  sabe  el  pobre  barbe- 
ro cómo  estará  á  estas  horas,  (ouraute  este  dia- 
logo, el  Barbero  hace  gestos  de  asombro  é  iadigna- 
ción.) 

Barb.  (paseando  agitadlsimo  y  en  actitud  amenazadora.)  Ra- 

biando, rabiando!  (¡Ha  sido  este  el  misera- 
ble!) ¡Oh!  ¿Conque  has  sido  tú,  (zarandeándo- 
le.) has  sido  tú  el  infame  que  ha  cometido... 
ese  pecado! 

Dem.  Yo,  padre;  pero,  por   Dios,   (Asustado.)  sol- 

tadme. 

Barb.  ¿Conque  has  sido  tú?  ¡Tú,  el  que  tienes  la 

culpa  de  que  hayan  magullado  á  ese  pobre- 
cito  barbero!  (¡.\h!  ¡Si  no  fuera  por  la  situa- 
ción en  que  me  encuentro!)  Pero  no  te  esca- 
parás, no  te  escaparás!...  (zarandeándolo.) 

Dem.  ¿Deque? 

Barb.  ¡Del  infierno! 

Dem.  ¿De  modo  que  creéis  que  es  mortal? 

Barb.  ¿Que  si  es  mortal?...  ¡Infame!   ¡Considera  si 

el  barbero  te  tuviera  cogido  por  el  cuello! 

(Le  aprieta  el  cuello.) 

Dem.  ¡Padre,  que  me  ahogáis! 

Karb.  jTe  estrangulaba,  hombre,  te  estrangulaba! 


—  64  - 

Dem.  Ya  sé,  ya  sé  que  mi  culpa  es  grave,  porque 

precis^unente  he  Iniscado  para  que  le  pega- 
ran á  los  más  brutos  del  pueblo:  al  carpinte- 
ro, al  zapatero,  tres  ó  cuatro  más  y  al  he- 
rrador. 

Barb,  (Entonces  ya  sé  quien  me  ha  hecho  lo  del 

tobillo.) 

Dem.  y  ahora  deseo  que  me  deis  vuestra  absolu- 

ción. (Se  arrodilla  mirando  al  suelo.) 

Barb.  ¡Mi  absolución!  Yo  os  daría,  yo  os  daría... 

(Le    amenaza,    y  cuando  mira  parece  que  va  á  darle 

un  puñetazo.)  mi  absolucióii,  pei'o... 
Dem.  ¡Dádmela,  padre! 

Barb.  (Vamos,  que  no  se  si  darle  la  absolución  ó 

darle  dos  puñetazos!)  (Haciendo  con  la  mano  mo- 
vimientos como  para  bendecirle  y  para  pegarle.) 

Dem.  ¡Perdonadme! 

Barb.  Bueno;   pero  habéis   de   cumplir   la  peni- 

tencia. 

Dem.  Decidme;  estoy  dispuesto  á  cumplirla. 

Barb.  Bien,  pues  como  ha  sido  la  culpa  tiene  que 

ser  el  castigo.  (¡Te  voy  á  reventar!)  (vase  á  la 

celda.) 

Dem.  ¡Pero,  Dios  mío,  cómo  le  indignan  los  peca- 

dos! ¡Es  un  santo!...  Si  lo  sé,  no  vengo. 

Barb.  (saliendo.)  La  penitencia  es  que  con   estas 

disciplinas  os  deis  quinientos  veintidós  zu- 
rriagazos, repartidos  por  todo  el  cuerpo,  y 
con  el  palo  de  los  zurriagos,  cincuenta  gol- 
pes en  el  tobillo  derecho. 

Dem.  Pero,  padre...  ¡son  muchos  golpes! 

Barb.  ¿Que  son  muchos  golpes?...  Pues  podéis  des- 

contar estos  que  voy  á  daros  yo  mismo,  y 
serán  menos. 

Dem.  jPero,  padre!... 

Barb.  Tomad,  ¡así,  así!...  (pegándole  despiadadamente. 

El  Barbero  le  persigue  por  toda  la  escena,  pegándole.) 

Dem.  ¡Por  Dios!  ¡Por  Dios!... 

Barb.  ¡Así  hay  que  pegarse! 

Dem.  ¡Ay!...  ¡Ay!...  ¡Socorro! 

Barb.  ¡Toma,  bribón,  toma! 

Dejvi.  ¡Dios  mío,  que  me  matan!  (Huye  por  la  puerta 

de  la  derecha.) 


—    Üíi    - 

ESCENA  V 

El  BARBERO ,  luego  el  DEMANDADBEO  y  LACERDA 

Barb.  ¡Gracias  á  Dios!  ¡Me  he  desahogado,  hom- 

bre, me  he  desahogado!  Parece  que  ahora 
estoy  más  tranquilo, 

Dem.  (Asomando  la  cabeza.)  Padre,  ¿me  dais  las  dis- 

ciplinas?... 

Barb.  ^  ¡Toma,  granuja!  (Le  atiza  dos  zurriagazos.  El  De- 
mandadero  huye  cerrando  la  puerta.) 

Lac.  (Por  la  izquierda.  Encuentra  al  Barbero  dando  zurria- 

gazos á  la  puerta.)  Pero...  ¡eh!...  ¡eh!...  ¿Qué  ha- 
céis?... ¿Estáis  loco? 

Barb.  ¡Loco  de  alegría!  ¡Le  he  dado  al  Demanda- 

dero cuarenta  zurriagazos! 

Lac.  ¿Por  qué? 

Dem.  Porque  no  he  podido  darle  más.  Ese  pillo  es 

el  que  me  delató. 

Lac.  Bueno,  dejaos  de  eso,  y  arreglemos  nuestra 

fuga.  Laura  está  enterada  de  todo  y  decidi- 
da á  huir  en  este  momento. 


Barb. 
Lac. 

¡Pues,  ánimo! 

Callad,  (pausa.)  Sí,  ella  se  ac 

ESCENA  VI 

DICHOS  y  LAURA  por  la  derec 

Laura 

Lac. 

Barb. 

(Entrando.)  ¡Fernando! 
¡Laura! 

¡Señorita!  (Una  reverencia.) 

Miisica 

Lac. 

Laura 
Lac. 
Laura 
Lac. 

Laura 

Ya  llegó  la  hora. 
Ya  llegó  el  momento 
Llegó  la  ocasión.    . 
Dejar  esta  casa.      ; 
Dejar  el  convento. 
Dejar  la  prisión. 

~  m  — 

¿Quién  es  ese  hombre? (Por  el  Barbero.) 
Lac.  Un  pobre  diablo. 

Barb.  Per  sécula  amen,  (saludando.) 

Lac.  Aunque  lo  parece, 

ni  es  fraile  ni  es  lego, 

ni  es  padre  mostén. 

(Quedan  hablando  bajo.) 

Barb.  Yo  soy  un  barbero 

de  parroquia  escasa, 

corto,  afeito  y  rizo 

á  la  perfección. 

Y  al  Demandadero 

de  esta  santa  casa, 

he  venido  á  darle 

el  primer  Jabón. 
Lac.  y       )  Todo  está  dispuesto, 

Laura       )  todo  está  previsto, 

nadie  nos  ha  visto, 

marchemos  de  aquí. 
Barb.  ¡Ay,  en  cuanto  salga, 

la  Virgen  me  valga 

si  me  encuentro  al  cura 

ó  él  me  encuentra  á  mí! 


Barb. 


Laura 

Lacerda 

Dios  mío, 

Callemos, 

mi  tío 

despacio 

el  noble 

podemos 

marqués. 

huir. 

¿Qué  hacemos? 

No  sea 

De  prisa 

que  alguno 

marchemos 

nos  vea 

los  tres. 

salir. 

Ay  pobre 

Darbero, 

si  acaso 

te  ven 

con  estas 

hechuras 

de  padre 

mostén!  (Vanse 

por  la  d«r«cha.) 

—  67  — 


CUADRO   SEXTO 

■1.»eeoración:  Sala  del  torno.  A  la  derocha  en  primero  y  segundo  tér- 
mino, puertas;  en  tercer  término,  otra  puerta  grande  en  forma 
(le  verja,  que  conduce  al  jardín.  A  la  izquierda,  una  puerta.  En 
el  foro  y  á  su  izquierda,  pequeña  puerta  que  se  supone  da  á  una 
escalera  de  caracol;  un  tragaluz  á  conveniente  altura  de  la  puer- 
ta. A  la  derecha  del  foro  otra  puerta  no  practicable.  En  el  ceu- 
1ro  uu  torno  grande  practicable.  Una  mesa  con  breviarios,  sillón 
^le  cuero  y  sillas.  • 


ESCENA  PRIMERA 

El  PEM,\NDADERO  con  un  farol   y  unas   llaves;    sale    quejándose, 
molido  y  maltrecho  por  la  izquierda 

Dem.  ¡Ay,  ay,  Dios  mío,  me  ha  molido!  Si  yo  sé 

esto,  ¡cualquier  día  me  confieso!  Porque  la 
verdad  es  que  ese  padre  es  un  ..  santo.  ¡Qué 
indignación  cuando  le  dije  lo  del  barbero! 
¡Cómo  le  enfurece  el  pecado!...  Es  un  justo^ 
porque  cuando  á  mí  me  ha  pegado  con  tan- 
ta fuerza...  ¿cómo  se  pegará  él?  Mucho  más, 
mucho  más...  flojo...  ¡  Ay,  ay,  qué  dolor;  cómo 

me  duele  aquí!  (Tentándose  el  lado  derecho.)  PerO 

es  claro,  Dios  mío,  si  me  ha  roto  un  hueso. 

(Saca  del  bolsillo  el  hueso  que  se  guardó   antes,  roto 

en  dos  pedaz(,s.)  ¡El  de  la  liebre!  Naturalmen- 
te, si  me  dio  en  dos  segundos  la  mitad  de  la 
penitencia...  No  me  faltan  más  que  los  del 
tobillo;  pero  lo  que  es  esos ,  me  parece  que 
no  me  los  doy. 

ESCENA  II 

DICHO  y  la  SUPERIOR  A  por  la  primera  derecha 

T)em.  (La  Superiora.)  (coge  ei  farol.) 

Sup.  (Lleva  otro  farol.)  Pei'o,  hermano,  ¿qué  hace 

aquí  sin  haber  cerrado  todavía  las  puertas 

del  convento? 


—  68  — 

Dem.  Madre  Siiperioia,  es  que  tengo  un  dolor  muy 

fuerte  y  no  puedo  moverme;  me  duelen 
todos  los  huesos,  ¡ay! 

Sup.  Dolor  de  corazón  debía  tener,  hermano.  Más 

valdría  que  en  vez  de  quejaros  de  males 
quiméricos,  hicierais  examen  de  conciencia 
y  fuerais  á  confesaros  con  el  padre  Anselmo. 

J)em.  (¡Si,  enseguidita,  enseguidita  me  confieso 

con  ese  padre!) 

Sup.  Yo  voy  á  seguir  mi  inspección  por  el  con- 

vento; conque  cerrad  pronto  y  retiraos  á  des- 
cansar. 

Dem.  Sí,  que  buena  falta  me  hace ,  madre  Supe- 

riora.    (Vase  la  Sxiperiora  por    la  segunda  derecha.) 

Cerraré  y  volveré  pronto  para  meterme  en 

lU  cama.  (Vase  por  la  puerta  del  jardiu.) 


ESCENA  III 

LAUU.^,  LACERO  A  y  BARBERO    entran   coa    mucho   sigilo    por  lí» 
puerta    izqiiierda 


Barb.  jChist ..  silencio,  precaución! 

Lac.  ¿No  hay  nadie  aquí? 

Barb.  Nadie. 

Laura  ;Si  nos  descuidamos!... 

Barb.  jSi  nos  descuidamos  nos  ve  la  Tornera!  (vs». 

examinando  las  puertas.) 

Laura         ¿Y  nuestro  tío,  Fernando,  y  nuestro  tíoV 
Lac.  No  temas  nada,  le  he  dejado  una  carta  que 

le  tranquilizará. 
Barb.  Bueno;  es  preciso  no  perder  tiempo.  Señori- 

ta, ¿de  aquí  por  dónde  salimos? 

Laura  Por   esta   puerta   (señalando   la  del  foro  derecha.) 

que  da  á  la  sala  del  torno. 

Barb.  (Acercándose    á   la  puerta.)    ¡Si    esta  puerta   está. 

cerrada!  , 

Laura         Pero  tendrá  la  llave  puesta  por  fuera,  que 

así  la  deja  el  Demandadero  cuando  se  acaban 

las  horas  de  torno. 
Barb:  Pues  se  me  ocurre  una  idea  salvadora. 

I^c.  ¿Cuál? 


—  69  — 

IUrb.  Salir  yo  por  el  torno,  ver  si  puedo  abrirla  .y 

examinar  el  terreno. 
Laura         ¿Y  si  encontráis  al  Demandadero? 
BarB.  Le    convenzo   enseguida,  (sacando  de  debajo  ae 

los  hábitos  las  disciplinas.) 

Lac.  Pues,  fuera,  manos  á  la  obra. 

Barb.  ¡Manos  á  la  obra!  (Salta  ai  torno  y  se  coloca  conve- 

nientemente én  lino  de  sus  huecos.) 

Lac  ,  Si  no  pudierais  abrir,  volved  á  entrar  por  el 

torno. 

Barb.  Si  no  está  la  llave  puesta,  yo  daré  dos  gol- 

pes y  dad  la  vuelta.  (Laeerda  da  la  vuelta  al 
torno.) 

Lauka         ¡Yo  no  puedo  más,  yo  estoy  asustadísima! 
Lac.  Animo,  Laura,  confía  en  mi  amor. 

Laura  ¡Cuidado!  (Escuchando.) 

Lac.  Parece  que  abren  esa  puerta.  (La  primera  dere- 

cha.) "^ 

Laura         í  Ay,  sí,  Dios  mío,  ocultémonos! 

JiAC.  Sí,  esperemos    que  pasen.   (Laura  se  esconde  en 

la  puerta  izquierda;  Laeerda  en  la  puerta  izquierda 
del  foro.) 


ESCENA  IV 


auOHOS  y  el  DEMANDADERO.    (e1    Barbero    da   dos   golpes    en  el 
torno.) 


Dem. 
Lac. 
Dem. 


Lac. 

í)em. 


Ea,  ya  he  cerrado.  (Sale  por  la  primera  derecha 
con  un  lio  blanco'^n  la  mano  y  el  farol.) 

(Asomando  la  cabeza.)  ¡El  Demandadero!  ¡Maldi- 
to viejo! 

Le  dejaré  al  sacristán  su  sobrepelliz,  para 
que  la  encuentre  mañana  temprano  y  no 
me  despierte  á  las  tres  como  hace  el  muy 
picaro  todas  las  madrugadas. 
(¿Qué  hará?) 

El  tiene  mala  intención,  pero  míe  las  va  á 
pagar;  voy  á  aconsejarle  que  se  confiese  con 
el  padre  Anselmo...  y  cuando  le  diga  lo  de  la 
cera,  ¡no  van  á  ser  correazos!  ¡Me  río  de  pen- 
sarlo! Ea,  la  dejaremos  aquí(se  dirige  ai  torno.) 
y  que  la  coja  por  fuera  mañana  por  la  ma- 


—  70  - 


Dem. 
Barb. 


Dem, 


Bar». 

Lac. 

Dem. 

Lac. 

Dem. 

Barjb. 


ñaña.  (Da  vuelta  al  torno  y  se  encuentra  con  el  Bar- 
bero, retrocediendo  asustado.) 

¡Ay!  ¡Dios  mió,  hoiTor!  ¿Qué  es  esto?... 

|Cuerno!  ¡Ah!...  (Salta  del  tomo,  se  arreja  sobre  el 
Demandadero,  tirándole  el  farol  y  emprendiéndola  con 
él  á  correazos.) 

(Huyendo.)  ¡Dios  mío,  el  padre,  el  padre  otra 

vez!  (Va  á  subir  por  la  escalera  del  campanario,  en- 
cuentra á  Lacerda  y  retrocede    más  asustado.)  ¡Otrf» 

padre!... 

¡Quieto!  (zarandeándole.) 

(saliendo.)  ¡Silencio! 

¡Qué  es  esto,  Virgen  santa! 

(a  Laura.)  Sal.  (Sale  cubierta  con  un  manto.) 

¡Otro  padre!  ¡Dios  mío,  una  comunidad  en-^ 
tera! 

¡Calla,  granuja!  (Dándole  un  puntapié.) 


Música 

Barb.  ¡Silencio! 

Dem.  ¡Dios  mío! 

Laura  Fernando,  ¡qué  horror! 

Lac.  No  temas,  que  todo 

lo  vence  el  amor. 
JjAüra  Si  ese  hombre  resiste... 

Barb.  Dejádmelo  á  mí. 

Si  resiste,  vivo 

no  sale  de  aquí.  (Le  da  un  zurriagazo." 

Dem.  (Qué  listo  es  el  padre 

para  sacudir, 

él  la  penitencia 

me  va  á  hacer  cumplir.) 
Barb  En  el  instante, 

(Laura  y  Lacerda  observan  si  viene  alguien.) 

Demandadero, 

ese  llavero 

me  vais  á  dar. 

Porque  las  puertas 

de  este  convento, 

en  el  momento 

quiero  salvar. 
Dem.  ¿Vais  á  marchar? 

¡Padre,  por  Dios! 


~  71   — 

Barb.  Yo  soy  tan  padre 

como  sois  vos. 

Dem.  ¡Válgame  el  cielo! 

¿Qué  me  decís? 
¿No  sois  un  padre? 

Barb.  Como  lo  oís. 

Por  indiscreto, 
por  delator, 
por  comer  carne, 
por  hablador, 
por  sin  vergüenza, 
por  malandrín, 

á  zurriagazos  (Le  ameuaza.) 

vais  á  morir. 
Dem.  Por  San  Clemente, 

por  San  Ramón, 

por  San  Tadeo, 

San  Simeón, 

por  Dios  bendito 

tened  piedad, 

y  sino  hágase 

tu  voluntad. 
Lac.  Por  tu  hermosura, 

por  mi  pasión, 

porque  te  adora 

mi  corazón, 

esta  aventura 

loco  intenté, 

y  al  fin,  mi  Laura, 

te  salvaré. 
Barb.  Ese  llavero 

me  vas  á  dar,  etc. 
Dem.  Todas  las  llaves 

yo  le  daré. 
Laura  Por  tí  tan  solo, 

sólo  por  tí, 

esta  locura 

yo  cometí. 

Dios,  de  nosotros 

tendrá  piedad, 

y  sino  hágase 

su  voluntad. 
Dem.  Todas  las  llaves 

yo  le  daré. 


Lac. 


Al  fin,  mi  Laura, 
te  salvaré. 


Laura 


Dem. 


J.AC 


Barb. 


A  nn  tiempo 

Dios,  de  nosotros 
tendrá  piedad, 
y  sino  hágase 
su  voluntad. 
Por  Dios  bendito 
tened  piedad, 
y  sino  hágase 
tu  voluntad. 
Esta  aventura 
loco  intenté, 
'y  al  fin,  mi  Laura, 
te  salvaré. 
Por  sin  vergüenza, 
por  malandrín, 
á  zurriagazos 
vas  á  morir. 


Hablado 

Dem.  (Arrodillado.)  ¡Señores,  perdón;  perdón  y  no 

me  matéis! 
Lac.  ¡Dadnos  las  llaves  inmediatamente! 

Dem.  Aquí  están...  esta  es...  la  de  la  huerta  y... 

esta...  la  del  torno... 
Laura         Huyamos  por  la  huerta. 

Lac.  Vamos.  (Se  dirigen  á  la  verja  y  abren.) 

.Barb.  Tú  al  suelo,  y  un  cuarto  de  hora  sin  mover- 

te; ¡y  como  vea  yo  que  te  levantas  antes!... 

(Le  da  un  zurriagazo  y  el  Demandadero  se  echa  en  el 
suelo.) 
Dem,  ¡No...  no...  no!... 

Barb.  ¡Huyamos!    (Vanse    ios    tres   por    la    verja.    El  De- 

mandadero    va  á    levantarse,  mira  de  reojo  á  ver  .si 
se  han  ido,  y  entra  el  Barbero.)    ■ 

Barb.  (Le  daré  otro.)   ¡Granuja!  (Le  da  otro  y  vase 

corriendo.) 

Dem.  ¡Ay,  ay,  que  no  me  levantaba,  que  no  me 

levantaba!    (Pausa.    Se    levanta    muy  atemorizado.) 

¡Ya  se  han  ido!  ¡Dios  mio^  qué  gente  será 


esta  que  anda  de  tal  modo  por  el  convento!... 
¡Y  se  han  llevado  las  llaves!...  ¡Y  han  huido! 
¿Serán  ladrones?...  Yo  pido  socorro.  (Gritan- 
do.) ¡Socorro!  ¡Socorro!  ¡Madre  Superiora!... 
¡Socorro^  que  nos  roban!...  (va  á  la  escalerilla 

del  campanario  y  tira  de  nna  cuerda  que  pende  del 
techo,  oyéndose  la  campana.) 


ESCENA    V 

liEMAN'DADERO ,   SUPERIORA,    CORO    de    monjas    y    edueandas. 
T.nego  el  MARQUÉS  y  el    MAYORDOMO    por   la  primera  Izquierda 

música 

Dem.  (üíindo  grandes  voces  ) 

¡Auxilio,  favor,  socorro, 
que  me  matan,  ay  de  mi! 

Coro  (saliendo  asustadas.) 

¿Qué  sucede,  qué  ha  ocurrido, 
cómo  alborotáis  así? 


Hablad,  hablad 
por  caridad. 


Deri.  |Ay,  hermanas 

de  mi  vida, 
•  me  han  matado, 
digo,  no, 
me  han  molido, 
me  han  robado 
tres  bergantes...! 

Coro  ¡Ah!...  ¡Oh!... 


8up,  Decid  como  fué. 

Dem.  (Temblando  y  sin  poder  hablar.) 

No  sé  si  podré. 


—  74 


Vino  nn  padre, 

y  otro  padre, 

y  otro  padre 

vi  después. 

Y  ni  el  padre 

era  tal  padre 

ni  ninguno 

de  los  tres. 

Porque  el  padre 

era  una  madre, 

dicho  sea 

con  perdón. 

Y  la  madre 

y  los  dos  padres, 

son  tres  padres 

1           que  no  son. 

Todos 

Ha  perdido  (con  gran  exlrañeza.) 

la  razón. 

Dem, 

Han  huido, 

se  han  marchado, 

me  han  robado 

ya  lo  ven. 

Y  yo  vengo 

porque  tengo 

mucho  miedo 

del  mostén. 

Todos 

¿De  quién?  (con  asombro.) 

Dem. 

De  ese  padre 

que  no  es  padre, 

ni  predica 

la  pasión. 

Pero  en  cambio 

si  se  ciega, 

pega,  y  pega 

sin  razón. 

Todos 

¡Qué  confusión! 

Dem. 

Vino  un  padre 

y  otro  padre... 

Sup. 

Basta,  hermano. 

por  favor. 

Esas  cosas 

no  suceden 

en  la  casa 

del  Señor. 

75 


T(JDOS 

¡Oh! 

Sup. 

¿Cómo  nadie  se  atreviera 

esta  casa  á  profanar? 

Todos 

¡Ah! 

8up. 

¿Quién  la  calma  de  un  convento 

intentara  perturbar? 

Todos 

¡Ah! 

J^EM. 

¿Quién  me  ha  dado  una  paliza 

mucho  más  que  regular? 

Todos 

¡Ah! 

Dem. 

¿Quiénes  eran  los  tres  padres 

que  no  saben  predicar? 

Todos 

¡Ah! 

(>)RO 

Algo  debe  de  influir  (c;oii  misterio. 

en  su  extraña  turbación, 

cuando  no  sabe  decir 

los  tres  padres  quiénes  son. 

De  la  cabeza  á  los  pies 

tembloroso  el  pobre  está, 

si  eran  dos  padres  ó  tres 

luego  se  averiguará.  ■ 

¡Ah!  ¡Ah!... 

Qué  será,  qué  será. 

Todo  el  convento  rev^uelto  está. 

Marq. 

(saliendo  por  la  derecha.) 

¡Ay,  madre  Abadesa! 

Sup. 

¡Ay,  noble  Marqués! 

Coro 

(Si  será  este  viejo  (con  jaisterio.) 

uno  de  los  tres.) 

Marq. 

Aquí  vengo  echando  el...  (xose.) 

May. 

(Que  habrá  salido  con  él.) 

hígado. 

Marq. 

No  me  deja  hablar  la...  (ídem ) 

May. 

cólera. 

Marq. 

Y  vengo  á  armar  un  es... 

May. 

... can  dalo. 

Marq. 

como  Laura  no  esté  aquí. 

Repasad  bien  esta  e...  (ídem.) 

May. 

. .  .pistola. 

Marq. 

Y  decidme  por  San...  (ídem.) 

May. 

Críspulo, 

Marq. 

Quién  es  el  audaz  mi...  (ídem.) 

May. 

...sérrimo. 

Marq. 

Que  mi  honor  maltrata  así. 

7Ü 


May, 


Marq. 

Sup. 

Marq. 

Coro 

SuK. 

-Coro 

Marq. 

May. 

Coro 

Marq. 

Sup. 
Dem. 


Al  ser  asaltada 

la  casa  de  Dios, 

(Le  entrega  una  carta  á  la  Abadesa.) 

sois  de  esta  enibos... 

(Tose  y  da  con   el  codo  al  Mayordomo    para    que  ter- 
mine la  frase.) 

La  tos,  la  tos. 

(Terminando  la  palabra  que  por  la  los    no  puede  ter- 
minar el  Marques.) 

...cada. 

La  culpable  vos. 

¡Dios  mío,  Laura!  (Aterrada.) 

Esto  es  cruel. 

¡Ha  sido  Laura!  (Con  gran  sorpresa.) 

¡Dios  de  Israel! 
¿Quién  será  él? 
Sois  de  este  rapto 
culpable  vos. 
Calma,  que  puede 
daros  la  tos, 
¿Quiénes  serían 
los  otros  dos? 
Cómo  ha  podido... 
Yo  no  lo  sé. 
Con  vuestra  venia 

yo  os  lo  diré.  (Atención  en  todos  ) 


Vino  un  padre 
y  otro  padre, 
y  otro  padre 
vi  después, 
y  ni  el  padre 
era  tal  padre 
ni  ninguno 
de  los  tres. 
Porque  el  padre 
t«ra  una  madre, 
dicho  sea 
con  perdón; 
y  la  madre 
j  los  dos  padres, 
son  tres  padres 
que  no  son. 


CoKo  ;Qné  explicación! 

Ma;;(,v.  ¡Qué  confusión! 

MviY.  ¡Qué  discreción! 

Sup.  ¡Por  compasión! 

Makq.  Estáis,  vive  Cristo, 

falto  de  razón. 
Dem.  Vos  no  os  habéis  visto 

en  mi  situación. 


May.  Aunque  os  ha  dolido, 

más  vale,  Marqués, 
que  haya  sucedido 
antes  que  después. 

Marq.  ¿Cómo  habrán  podido 

burlar  á  mi  Marqués'? 
Todo  me  ha  salido 
siempre  del  revés. 

Coro  ¡Qué  suerte  ha  tenido, 

qué  dichosa  es, 
haber  conseguido 
en  vez  de  uno  tres! 

Sup.  Culpable  no  he  sido 

mi  noble  Marqués, 
mas  perdón  os  pido, 
vedme  á  vuestros  pies 

Dem.  jQué  bien  me  han  molido 

á  palos  los  tres; 
estoy  dolorido 
quizás  para  un  mes! 


M\RQ.  Que  salgan  de  prisa 

los  mozos  del  pueblo 
y  mi  Mayordomo. 

Coro  Eso  es  lo  mejor. 

^Iarq.  y  si  los  atajan, 

y  si  los  encuentran, 
que  á  los  dos  los  aten 
sin  ningún  temor. 

Co.io  De  prisa,  corriendo 

los  dos  deben  ir, 
aun  pueden,  si  quieren 
sus  pasos  seguir. 


—  78  — 


Dem.          ) 
Mav.         j 

Corriendo,  volando 

voy  de  ellos  en  pos, 

y  vivos  ó  muertos, 

rae  traigo  á  los  dos. 

Coro 

Salid, 

volad, 

corred, 

marchad. 

Marq. 

¡Salid! 

OORO 

Salid. 

Marq. 

¡Voladl 

€ORO 

Volad,  etc. 

FIN  DEL  ACTO  SEGUNDO 


ACTO  TERCERO 


CUADRO  SÉPTIMO 

Decoración.  El  molino  y  alrededores.  En  el  centro  do  la  escena,  y 
hacia  el  foro,  el  molino;  puerta  frente  al  público,  á  la  cual  da 
acceso  una  rampa  ruinosa.  En  la  pared  de  la  derecha  del  mismo, 
que  es  oblicua,  con  respecto  á  la  cara  anterior,  la  rueda  del 
ra.olino.  Detrás  una  cascada.  En  el  lateral  izquierda  el  granero 
con  puerta  practicable.  En  el  derecho,  segundo  término,  fachada 
del  pajar  con  puerta.  Al  foro  telón  de  campo.  Es  de  noche,  antes 
de  romper  el  alba. 

ESCENA  PRIMERA 

CORO  GENERAL  DE  MOZAS  y  MOZOS  que  bajan  al  molino.    Algu- 
nos cargados   con   psqueños   sacos    blancos,    que  dejan  junto   á  la 
rampa    en    cuanto    salen.    Luego    EL    MOLINERO,    MOLINERA    y 
MOZO  3," 

ñnsica 

Ellos  Molinera,  (Dentro.) 

ven  ligera. 
Ellas  Molinero, 

ven  ligero. 
Ellos  Que  te  espero. 

Ellas  Ten  espera, 


Ellos 

Ellas 


zalamero! 
Zalamera! 
Molinero! 


Ellos  ¡Molinera! 


—  NO  — 

Ellos  Levántate,  que  3'a  es  hora; 

sacude  el  sueño  y  despierta, 

molinera  encantadora, 

antes  de  que  entre  la  aurora 

por  el  umbral  de  tu  puerta. 

Ya  el  lucero  matutino 

muy  pronto  podremos  ver; 

no  te  salgas  del  camino, 

molinera,  que  al  molino 

vas  antes  de  amanecer. 
Ellas  Me  levanto  sin  demora 

cuando  el  deber  lo  reclama, 

que  á  la  que  es  madrugadora 

la  luz  de  la  blanca  aurora 

no  la  sorprende  en  la  cama. 

Espérame  si  al  molino 

llevas  el  trigo  á,  moler, 

que  yo  de  noche  no  atino, 

y  es  muy  quebrado  el  camino 

para  ir  sola  una  mujer. 

Ellos  Ellas 

Antes  que  brille  Yo  también  quiero 

la  luz  primera,  tu  compañía; 

ven  molinera;  ven  molinero; 

cantemos  juntos  cantemos  juntos 

una  canción.  una  canción. 

Y  aun  cuando  el  día  Y  aun  cuando  el  día 

tarde  despierte,  tarde  despierte, 

con  sólo  verte  con  sólo  verte 

creeremos  todos  no  ha  de  inspirarme 

que  salió  el  sol.  nada  temor. 

— ¡Molinera! 

— ¡Molinero!  etc. 

(Se  oye  el  loque  de  alba.) 


Todos         Ya  las  campanas  anuncian 
del  día  el  primer  albor. 

Ángelus  Domine, 
bendito  y  alabado  sea  el  Señor. 


—  ül  — 

(Empieza  á  amanecer.) 

De  alba  el  cielo  recibe 
los  tonos  de  luz  suaves; 
ya  todo  revive; 
ya  caiitan  las  aves. 
Ante  los  albores 
sacude  el  hastio, 
ya  se  abren  las  flores 
que  escarcha  el  rocío. 
El  día  5^a  avanza, 
la  noche  decrece, 
un  sol  de  bonanza 
por  fin  resplandece. 
¡Cuánta  luz,  cuánta  armonía! 
¡Oh,  qué  mágico  embeleso! 
¡  Mira  á  la  noche  y  al  día 
dándose  el  último  beso! 


(Saliendo  todos.  Los  mozo»  persiguiendo  a  las  mozas  ) 

Ellos  ¡Molinera  retrechera! 

ICllas  ¡Molinero  juguetón! 

Ellos  ¡Vierte  en  mis  brazos  quisiera! 

•  Ellas  No  es  muy  buena  la  ocasión. 

;  Las  manos  ten  quietas. 

Ellos  ¡Preciosa,  divina!                         ^ 

Ellas  ¡Por  Dios,  no  te  metas 
tan  pronto  en  harina! 

Ellos  ¡Me  abraso,  me  muero! 

Ellas  ¡Apaga  la  hoguera! 

Ellos  ¡Por  Dios,  molinera! 

Ellas  ¡Por  Dios,  molinero! 

Ellos  No  me  desdeñes. 

Ellas  ¡Qué  desatinol 

Ellos  Aunque  te  empeñes 

(corriendo  tras  de  ellas.) 

mía  has  de  ser. 

¡Vuelve  á  mirarme! 
Ellas  ¡Dale,  molino! 

Ellos  ¿Quieres  matarme? 

Ellas  ¡Ay,  qué  moler! 

Ellos  Vente  conmigo; 

moleré  trigo 

pai'a  que  comaB 


-    82  — 

buen  candeal. 
Serás  mi  esposa, 
niña  preciosa. 
Ellas  Ya  eso  es  harina 

de  otro  costal. 

(Se  adelantan  al  proscenio  formando  parejas.) 


Todos 

Bajaremos  muy  temprano, 

en  paz  y  en  gracia  de  Dios, 

con  un  saco  en  cada  mano 

llenos  de  trigo  los  dos. 

Ya  verás  si  nos  casamos, 

como  bien  pudiera  ser, 

¡qué  buenos  ratos  pasamos 

viendo  la  rueda  moler! 

Ris,  ras,  ris,  ras. 

Ellas 

Tu  amor  se  adivina, 

no  me  digas  más. 

Ellos 

Ris,  ras,  ris,  ras. 

Ellas 

Al  fin  en  harina 

metiéndome  vas. 

Ellos 

Ris,  ras,  ris,  ras. 

Ellos 

¡Si  desde  esta  fecha 

á  serme  fiel  vas!... 

Ellas 

Ris,  ras,  ris,  ras. 

Ellos 

¡Qué  buena  cosecha 

de  trigo  tendrás! 

Todos 

Ris,  ras,  ris,  ras. 

Pellos 

¡Qué  dicha  me  espera! 

Ellas 

¡Tan  pronto  no  quiero! 

Ellos 

¡Por  Dios,  molinera! 

Ellas 

¡Por  Dios,  molinero! 

Todos 

Ris,  ras,  ris,  ras. 

(Vanse  los  mozos,  excepto  dos.) 

HaMado 

Mozo  1.*^      (ai  Molinero   que  momentos    ames    ha    salido  )>or  ln 

puerta  derecha.)  ¡TÍO  Bruno,  á  vcr  SÍ  me  des- 
pacháis pronto  estos  sacos! 

Molo,  Arrímalos  ahí. 

Mozo  2.0    Pues  yo  también  tengo  prisa. 

Mozo  1.0    Y  yo. 

Todos         jY  yo,  y  yo! 


-  83  - 

3\1()L.»  (Que  ba  salido  por  la  derecha.)  Todo    Se    andará; 

vamos  con  calma. 
Mozo  1  o    ¿Y  á  mí  no  hay  qnien  me  muela? 
MoL.t'  (a  la  Molinera )  |Tú,  Casilda,  muele  á  éste! 

^lOL.**^  ¡Allá  VOyl   (<'oge  un  saco  y  entra  en  el    molino,  sa- 

liendo en  seguida.) 

i\I<tzo  2.0  (ai  Molinero.)  ¡Oye,  Bruiio;  la  verdad,  quisie-' 
ra  que  me  molieras  antes  que  cá  esos! 

Mor.. o  Bueno,  hombre. 

Mozo  2.0  ¡Ah,  escuchadme!  ¿Y  sabéis  alguno  qué  ha 
sido  el  jaleo  que  hubo  esta  noche  en  el  con- 
vento? 

Moi..^''  ¿Pues  qué  ha  pasao? 

Mozo  1.*  Hombre,  yo  no  sé  más,  que  allá  á  las  once 
se  oían  tocar  á  rebato  las  campanas  interio- 
res del  convento,  y  se  veía  á  las  monjas  á 
través  de  las  celosías  cruzar  volando  cou 
luces  en  la  mano. 

MüL.'a  Será  que  habrán  llegao  padres   misioneros. 

MoL.*^*  ¡Mujer,  por  dos  ó  tres  padres  no  iban  á  me- 

ter tanto  ruido! 

Mozo  2. o  Para  mí,  digo  yo,  ¿que  si  habrá  sido  que 
hayan  querido  robar  en  el  convento? 

Mazo  1."     No  sería  extraño;  lo  cierto  es  que  ayer  ro- ' 
barón  del  mesón   los  hábitos  de   un  lego, 
quizá  para  disfrazarse  de  fraile  algún  ladrón 
y  entrar  mejor. 

Mozo  2.0  O  puede  que  haya  entrao  el  demonio,  como 
hace  seis  años. 

Mor..®  (ai  que  rodean  mozas  y  mozos.)  ¡Quita,  tonto!    Si 

io  de  entonces  fué  que  decían  las  monjas 
que  dentro  de  la  celda  de  la  Superiora  se 
■oía  ruido  de  cadenas,  y  estaban  aterroriza- 
das. Y  como  saben  lo  valiente  que  soy,  me 
mandaron  llamar  y  fui.  (pausa;  atención  en  to- 
-dos.)  Era  una  noche  obscura,  como  boca  de 
lobo,  y  llegué  al  convento,  creyendo  que 
aquello  del  ruido  de  cadenas  sería  cuento. 

Moza  1.«     ¿Y  era  verdad? 

Mol  '^         ]Ya  lo  creo!  Llego  á  la  celda  y  oigo  rúm... 
rúm...  un  ruido  de  cadenas  infernal  que  me- 
tía miedo. 
Todos         ]Ave  María  Purísima! 

MoL.t'         Y  yo,  haciendo  de  tripas  corazón,  sigo  el 


ruido,  que  se  iba  corriendo  por  el  pasillo,  y 
de  pronto  para  el  ruido  y  paro  yo;  hagt)  la 
señal  de  la  cruz  y...   ¡aquí  tengo  la  señal! 

(señalándose  uua  pierna.) 

Mozo  l.t>     ^;De  qué? 

Mol. o  De  un  mordisco. 

Moza  2  »     ¿Del  demonio? 

MoL.o  ¿Qué  del  demonio?  ¡Del  perro,  que  se  había 

soltao  y  andaba  arrastrando  la  cadena,  por 
todo  el  convento! 

Todos         ¡Já!  ¡já! 

Mozo  l.o     ¡Ná!  ¡Que  las  librasteis  del  susto!  ' 

Mol. o  ¡Ya  lo  creo,  y  me  quedaron  muy  agradecidas! 

Mozo  1.0     ¿Y  qué,  os  dieron  algo? 

Mol. o  Darme,  no;  sólo  se  empeñaron  para  obse- 

quiarme en  qne  tomara  un  bocao;  pero  yo, 
después  del  que  me  había  dao  el  perro,  no 
estaba  pa  bocaos. 

Mozo  3. o  (Sale  corriendo  y  muy  sofocado  por  el  camino  que  .s» 
vé  detrás  del  molino.)  ¡Hola,  tíO  BrUllO,  hola!... 
(Abrazándose  al  Molinero.) 

MüL.<^>  ¿Pero  qué  te  pasa? 

Mozo  t>.<>  Pues...  que...  como  he  tenido  que  venir  so](í 
desde  el  pueblo,  vengo  asus+ao. 

Mol.»  ¿y  por  qué? 

Mozo  3. o     ¿Pues  no  sabéis  lo  que  ocurre? 

Todos         (con  gran  curiosidad )  No;  ¿qué? 

Mozo  o. o  Pues  que  me  he  encontrado  al  tío  Malastri- 
pas,  el  cuadrillero... 

Todos  ¿Y  qué? 

Mozo  3. o  Que  me  ha  contao  que  anoche  han  entrao 
en  el  convento  dos  criminales  feroces,  y  que 
lograron  escapar,  pero  que  deben  andar  por 
estos  contornos. 

Mozo  l.o    ¿De  modo  que  eran  ladrones? 

Mozo  3. o  ¡Ladrones,  y  según  el  lio  Malastripas,  de  los- 
más  terribles;  pero  como  él  los  coja!... 

Mol  o  Con  lo  valiente  que  es,  los  deshace,  (nace  mu- 
tis la  molinera  por  la  derecha.) 

Mozo  l.o    Conque  nos  vamos;  hasta  luego,  tío  Bruno,. 

que  volveremos  por  la  harina. 
Mol  o  ¡Id  con  Dios! 

Mozo  3. o     ¡Adiós;  vamos  todos  juntos!  (vase  ei  coro  y 

inQzos  por  la  iz:iuierda.) 


—  8j  — 
ESCENA  II 

El  MOLINERO  y  la  MOLINERA 

-Mol. o  (Llamando.)  ¡Casilda!...  (Pausa.)  ¡Casilda!...  (Pau- 

sa.) [Pero  Casilda!... 

MuL.i^  (saliendo.)  ¡Qué  quieres,  hombre,  qué  quieres! 

MoL.o  (Remedándola.)    ¡Qué   quieres,   horabre,   qué 

quieres!...  ¡Demonio  de  mujer!  ¿Qué  hacesV 
Anda,  anda,  muele  esos  dos  sacos,  que  yo 
voy  á  llevar  estos  al  granero. 

MoL.íi  ¡Bueno,  bueno!   (Entra  en  el  molino  llevando  algu- 

nos sacos.) 
-Mol. o  (Yéndose  al  granero    con    otro    saco.)    ¡Demonche! 

¡Ladrones  por  estos  contornos!...   Pues  hay 

que  andar  con  ojo.   (Entra  en  la  casa.) 

ESCENA  III 

LACiíRDA  y  BARBERO  por  la  izquierda;  salen  corriend» 
Música 

iÍARB.  Aquí  no  nos  ven, 

por  Dios,  deícansad. 
Í.1AC.  Nos  persigue... 

Barb.  (Asustado.)  ¿Quién? 

.Lac.  ¡La  fatalidad! 

Barb.  ¡Ahí 


Lac.  De  mi  Laura  el  recuerdo  querido 

al  cabo  vencido  tendré  que  olvidar; 
y  al  pensar  en  el  bien  ya  perdido 
el  llanto  mis  ojos  pretende  nublar. 

Barb.  ¡Pues  me  voy  á  quedar  divertido 

como  ahora  este  mozo  empiece  á  Uorar! 


J..\c.  .  Salgo  con  Laura,  busco  á  Mendoza, 

no  encuentro  á  nadie,  por  más  que  busco, 
¡qué  decepciónl 


—  86  - 

De  Laura  el  llanto  mi  alma  destroza,. 

¡qué  desencanto! 

Pues  dejar  teme 

la  reclusión. 
Barb.  Al  oir  el  toque  de  la  campana 

de  aquel  maldito  Demandadero 

de  Lucifer, 

¡tan,  tan,  tan,  tan! 
sin  darme  cuenta  de  la  sotana, 
salté,  di  un  grito,  tomé  el  sendera 

y  eché  á  correr. 


Lac.  No  ha  de  ver  ella  flaqueza  en  mí, 

no  desfallezco. 
Barb.  ¿No?  Pues  yo  si. 

(DesfaUecido  y  bostezando.) 


Lac.  Yo  quisiera  de  nuevo  al  convento 

en  alas  del  viento  por  Laura  volverr 
.con  valor  y  con  fuerza  me  siento, 
si  tú  me  secundas,  disponte  á  correr. 

Barb.  No  me  falta  energía  ni  aliento, 

mas  yo  no  me  siento  si  no  es  á  comer 


ÍjAC.  Entre  las  sombras  Laura  se  pierde, 

¡destino  impio! 
-  Que  me  seguía  siempre  creí... 
Porque  la  sombra,  ¡corazón  mío!.,.. 
Ya  vendrá  día  de  que  se  acuerde 
mucho  de  tí. 


Barb.  Muerto  de  hambre, 

falto  de  aliento, 
de  aquel  convento 
de  los  demonios 
más  que  de  Dios, 
salí  con  otros 
dos  padres,  creo, 
y  de  tres,  veo 
que  hemos  llegado 


m 


—  87  — 

tan  sólo  dos. 

¡De  aquí  no  paso! 
J.Ac.  No  alces  la  voz. 

Earb.  ¡Pero  si  tengo 

un  hambre  atroz! 
¡Ah!... 
Lac.  No  alces  la  voz. 

Bakb.  ¡Ah!... 

Hablado 

Bark.  ¡Qué  noche,  Dios  mío,  qué  noche! 

l.Ac:.  ¡Horrible!  Y  la  causa  de  nuestra  desgracia 

ha  sido  el  no  estar  Mendoza  con  los  caba- 
llos, como  nos  prometió. 

Baru.  Es  claro. 

Íjac.  Porque  entonces  hubiésemos  huido  y  Laura 

no  habría  tenido  que  volverse  llorando  á  su 
celda,  viendo  imposible  nuestra  fuga,  y  nos- 
otros... 

Barb.  y  nosotros  no  hubiéramos  tenido  que  re- 

mangarnos los  hábitos  y  emprender  tal  ca- 
rrera, ¡que  me  río  yo  de  los  corzos,  cervatos 
y  cervatillos! 

i.Ac.  ¡Si  aquel  Demandadero  armó  un  escándalo 

espantoso!... 

Bark-  ¡y  tan  espantoso!  Como  que  yo,  al  oir  los 

gritos  y  las  campanas,  sah  escapado  por  la 
huerta,  y  corre  que  corre,  tropecé  con  la  no- 
ria, me  aturdí,  y  sin  saber  lo  que  hacía,  em- 
piezo á  dar  vueltas  á  la  noria,  y  si  no  llegáis 
vos  y  me  dais  aquel  pescozón  y  me  enseñáis 
.  la  puerta,  me  estoy  allí  dando  vueltas  toda 
la  noche...  ¡y  Dios  sabe  el  agua  que  hubiera 
sacado!... 

Lac.  y  lo  que  siento  es  que  no  podamos  quitar- 

nos estos  hábitos. 

Barb.  ¡Cal  Ni  pensarlo. 

Lac.  Conviene  que  sigamos  pasando  por  frailes, 

y  que  para  ocultarnos  pidamos  hospitalida(í 
en  el  molino. 

Barb.  ¡Y  sobre  todo  que  no  caigamos  en  poder  de 

la  Justicia! 

Lac.  Tú,  si  acaso,  aunque  veas  ante  tí  veinte  cua- 


—  88  — 

dnlleros  con  las  espadas  desnudas,   \no  te 
entregues! 
Barb.  ¡Quiá!  Yo  no  me  entrego  aunque  me  pongan 

delante  cien  mil  espadas;  pero  si  me  ponen 
unas  chuletas,  me  entrego  á  las  chuletas...  ¡y 
rebaño  el  plato! 


ESCENA  IV 


DICHr.S  y  el  MOLINERO 

Lac.  ¡Chistl  ¡Aquí  sale  un  hombre;  cuidado!  Para 

que  no  sospeche  habíale  en  latín,  (se  caían  la. 

capucha ) 

Barh.  Si  yo  no  lo  sé. 

Lac.  Pues  es  un  compromiso,  porque  como  yo 

no  lo  he  estudiado  más  que  seis  años,  tam- 
poco lo  sé. 

MoL.c  (saie.  Aparte.)  ¡Frailes  en  mi  casa!  ¿Qué 
querrán?  (auo  )  Padres,  que  el  Señor  sea  con 

todos,  (saludando.) 

Los  DOS       Amén. 

MoL.t'  Supongo  que  al  deteneros  en  esta  vuestra 

casa,  desearéis... 
Lac.  Descanso  por  algunos  momentos,  porque 

venimos  de  mu}^  lejos. 
Barb.  y  algún  refrigerio  por  algunos  momentos, 

porque  \enimos  de  muy  lejos...  ¡sin  comer! 
MoL.^'         ¿Y  de  dónde  venís? 
Lac.  De  los  desiertos,  de  convertir  infieles. 

Barb.  ¡Y  qué  manera  de  predicar  este  padre! 

Mol. o  ¡Los  habrá  convertido  á  todos! 

Barb.  ¡Quiá!  á  ninguno;  no  veis  que  predicaba  en 

desierto... 
Mol. o  ¿Y  ahora  os  volvéis  al  convento? 

Barb  (con  ironía.)  ¡Enseguidita! 

Mol. o  ¿Y  de  qué  convento  sois,  padres? 

Barb.  ¡Hombre,  vaya  una  pregunta!  ¿De  qué  con- 

vento  somos?...   (Aparte   á   Lacerda.)    ¿De  qué 

convento  somos? 
]^AC,  ¡Mostenses!  ¿No  os  lo  dice  nuestro  hábito? 

Mol. o  ¡Ah!  sí,  es  verdad;  pero  como  yo  creí  que 

los  mostenses  eran  descalzos... 


—  81)  — 

Bark.  Eso...  era  untes;  sí,  tenéis  razón:  antes  eran 

descalzos,  pero  entró  en  la  Orden  un  padre 
que  había  sido  zapatero,  y  nos  calzó  á  todos. 

Mol. o  Dispensad,  no  lo  sabía.  De  modo  que  vues- 

tro convento  está... 

3arb.  Ahí...,  todo  derecho,  y  lo  encontraréis  á  In 

vuelta. 

Mol  f  ¿A.  la  vuelta?...  ¡Si  no  hay  ningún  conventft 

de  frailes  en  todos  estos  alrededores! 

Barb.  Digo,  que  todo  derecho,  y  lo  encontraréis  á 

la  vuelta...  de  dos  ó  tres  días. 

Mol. o  ¡Ah! 

JÍarb.  De  modo  que  ya  veis  si  tenemos  prisa;  con- 

que si  queréis  darnos  unas  magritas. 

Mol. o  (Asombrado.)  ¡Magritas  en  cuaresma!...  ¿Pero 

no  ayunáis? 

Barb.  Eso  era  antes...,  pero  entró  en  el  convento 

un  padre... 

Mol. o  Que  había  sido  carnicero  y... 

Barb.  Y  justamente. 

Mol. o  Bien,  pasad,  pasad. 

Barb.  Vamos. 

Mol. o  (ai  Barbero.)  ¿Qué  tenéis?  Cojeáis  un  poco. 

Barb.  Sí,  ha  sido  una  barbaridad  del  herrador. 

Mol.  o  ¿Qué? 

Barb.  Que...  herró  mal  á  la  muía  y  me  caí. 

Lac.  ¡Vamos! 

Mol  o  Vamos.  (Entran  en  el  molino.) 


ESCENA  V 

cuadrillero  1-"  y  CORO  DE  ÍDEM 

(Sale  el  Cuadrillero  seguido  de  cuatro  ó  cinco  más, 
muy  sigilosamente.  Los  restantes  saldrán  cuando  1» 
indique  el  cantable.) 

Sfüsica 


CuAD.  y  Coro 


Toda  la  noche 
vamos  corriendo 
sin  que  podamos 
averiguar. 


—  90  — 

dónele  se  ocultan 
esos  bandidos 
que  á  la  Justicia 
quieren  burlar, 
('uAD.  ¡Chits,  chits 

por  aquí,  por  aquí, 
junto  á  mí,  junto  á  mí. 
Porque  si  solo  me  veo 
me  va  á  dar  el  gran  temblor. 
Coro  Cumplir  es  nuestro  deseo 

la  orden  del  corregidor. 
CuAO.  Para  hacer  frente       • 

á  esos  canallas 
somos  muy  pocos. 
Coro  Tenéis  razón 

CuAD.  De  nuestra  gente 

aun  faltan  muchos. 
( 'ORO  Pero  aquí  llegan 

(Salen  más  cuadrilleros.) 

¡chits...  precaución! 
Coro  Ya  estamos  todos 

aquí  dispuestos. 
(JuAD.  ¡Aun  me  parecen 

pocos  á  mí! 
Coro  Si  tropezamos 

al  íin  con  ellos... 
(.'uAD.  ,      Salimos  todos 

por  pies  de  aquí. 
Coro  No  hay  que  matarles, 

sino  prenderles, 

todos  con  vida 

deben  quedar: 

Y  luego  atarles 

codo  con  codo. 
CuAD.  ¡Ni  aun  así  el  miedo 

me  ha  de  dejar! 
Les  cogéis  por  la  cabeza. 
Coro  Y  vos  luego  por  los  pies. 

CuAD.  No  me  atrevo  por  si  empieza, 

á  largarme  puntapiés. 
Mis  esfuerzos  serán  vanos. 
Coro  Es  verdad,  tenéis  razón, 

sujetadlos  de  las  manos; 
(.'uAD.  Y  me  dan  un  bofetón. 


9d  — 


Coro 

CUAD. 

Coro 


CuAD. 


Entre  los  muertos 

contémonos. 

¿Son  ellos  muchos? 

¡¡Muchos!!...  üjSon  doslü 
¡Oh! 
Pues  la  lucha  está  empeñada; 
lucharemos  cada  cual, 
de  hombre  á  hombre  no  va  nada. 
No  va  nada,  no  va  nada 
y  va  un  miedo  colosal. 


*     A  xiii  tieiiipo 

Coro  Si  como  dice 

solo  son  dos, 
de  nuestras  manos 
líbrelos  Dios. 
CuAD.  De  sus  hazañas 

líbrenos  Dios. 
Coro  Al  enemigo 

no  hay  que  temer. 
CuAi>.  Contad  conmigo 

para  correr. 
Coro  Pobres  de  ellos  si  se  ocultan 

como  dicen,  por  aquí; 
pobres  de  ellos. 
CuAD.  Pobres  de  ellcs 

y  también  pobre  de  mí. 
Todos         Aunque  alarde  hacemos  todos 
de  energía  y  de  valor, 
no  nos  deja  dar  un  paso 
este  pertinaz  temblor. 
Aun  cuando  avanzar  qu'^remo.s 
no  nos  podemos  mover, 
pero  en  cambio  bien  podremos, 
cuando  toquen  á  correr. 
C'uAi>.  ¡Tened  en  cuenta 

que  ellos  son  dos! 


■Coro 
CuAi^, 


A  U.1X  tiempo 

Entre  los  muertos 
cuéntelos  Dios. 
Entre  los  muertos 


—  02  — 

contémonos. 
Todos  jAh! 

i^Corieu  asustados  y  se  reúnen  en  grnpo  muy  com- 
pacto juntando  espalda  con  esp:i!d:i  al  primer  tiempo 
(.leí  último  compás.) 

IIab1?»do 


CuAii.  ¡Ah,  del  molino! 

Mol  o  (Dentro.)  ¿Qiiieu  vá? 

€uAD.  Los  cuadrilleros. 

Mol  ^         (saliendo.)  ¿La  justicia  en  mi  casa? 

CuAD.  No  temáis,  maese  Bruno;  andamos  en  busca 

de  dos  criminales  que  han  intentado  robar 
esta  noche  en  el  convento,  y  (dándose  impor- 
tancia) estamos  muy  interesados  en  prender- 
los, porque  un  señor  marqués  se  lo  ha  supli- 
cado al  corregidor,  y  queríamos  preguntaros 
si  esta  noche  pasada  ha  habido  gente  en  el 
molino. 

MoL.<5  ¡No,  nadie,  nadie!...  ¿De  modo  que  esos  cri- 

minales?... 

t.'uAD.  (Pausadamente  y    ahuecando  la    voz.)  ¡No  SabemOS 

quiénes  son,  pero  sospeclio  que  sean  los 
mismos  que  el  otro  día  entraron  en  un  mo- 
lino, cogieron  al  molinero  y  á  la  molinera  y 
les  cortaron  los  cuatro  pies!... 

Mol. o  ¡A  cado  uno,  eh! 

'CuAD.  Sí  señor,  á  cada  uno  le  hicieron  lo  mismo. 

Mol. o  ¡Dios  mío,  qué  horror! 

CuAD.  Además,  considerad  lo  que  querrían  hacer 

en  el  convento,  que  se  han  atrevido  á  entrar 
vestidos  de  frailes. 

Mol. o  (Muy  asustado.)  ¿De...  de...  qué? 

OuAD.  ¡De  frailes! 

Mol. o  ¡María  Santísima!...   De  modo  que...  ¡Ay, 

Dios  mío!... 

CuAD.  ¡Pero  no  os  asustéis,  hombre! 

Mol. o  (Con  miedo  creciente.)  Es...  CS...  qUe... 

CuAD.  ¡Já,  ja!   ¡Cómo  tiembla!  ¡Es  claro,  la  falta 

de  costumbre  de  trabajar  con  esos  mons- 
truos!... 

Todos         ¡Já,  já! 


—  93  — 

MoT."  Y  decidme,  ¿e...  e...  esos  cri...  cri...  cri...  cri- 

minales, qué  señas  tienen? 
CuAD.  Fues  nos  han  dicho  que  uno  cojea. 

M0L.<^»  -(Horrorizado.)  ¡A_y!  DioS  míO,  SÍ,  SÍ... 

CuA».  ¡Qué  cobarde!  ¡Pero  veis  cómo  tiembla!  ¡Ja, 

já!  (Todos  ríen.) 

Mol  o  ]Si  es  que  esos  criioinales  están,  dentro  del 

molino!!... 

CüAD.  I  ¡Ah!...  (En  el  colmo  del  terror  corren    y    se    atrope- 

CoRO  I  lian,  quedando  agrupados  lejos  del  molino,  en  actitud 

ridiculamente  cobarde,  distiaguieudose  entre  todos  et 

Cuadrillero  1.°) 

Moi,.^>  (ai  Cuadrillero  1.°)  ¿Pcro,  qué  OS  pasa? 

CuAD.  De  modo  que...  que  decís...  que  están... 

Mol. o  ¡Están  (Le  coge  de  la  mano.)  aqUÍ!  (Queriendo  lle- 

varlo al  molino.) 

CüAD.  (Huyendo.)  ¡Bueiio,  hombre,  bueno!  '¿Y  creéis- 

que  efectivamente  son  los  criminales?... 

Mol  <>         Yo,  como  decís  que  van  vestidos  de  frailes... 

CuAD.  Sí,  pero  bien  pueden  ser  estos  frailes  ver- 

daderos. 

Todos          Es  claro. 

Citad.  Vamos  á  ver,  vamos  á  ver,  ¿qué  han  hecho? 

Mol  o  Lo  primero,  pedir  de  comer. 

CüAD.  ¡Frailes! 

MoL.o  Pero  observé  que  se  ponían  á  comer  sin 

echar  la  bendición. 

CuAD.  ¡Diablo!  No  son  frailes. 

Mol  o  ¡y  se  lo  comieron  todo  y  rebañaron  el  plato! 

CuAD.  ¡Frailes,  frailes! 

Moi-.o  Pero  aunque  procuraron  cubrirse,  observé 

que  no  tenían  cerquillo  ni  coronilla. 

Cu.'nD.  Pues  no  digáis  más. 

Mol.^  ¡y  ahora  recuerdo  que  no  sabían  deciraie 

dónde  estaba  el  convento! 

CüAD.  Son  ellos,  no  hay  duda.   ¡Mucho  cuidado^ 

compañeros! 

MoL.o  ¡Por  Dios,  y  mi  mujer  que  está  dentro  con 

ellos!... 

Cl'ad.  ¿y  cómo  no  sale? 

Mol  o  ¡Le  habrán  cortao  ya  los  pies!... 

CUAÜ.  (siempre   quedándose    atrás.)    ¡BuenO,    Compañe- 

ros, ahí  están!...  Con  que  adentro,  (van  pa- 
sando los  cuadrilleros.) 


—  9i  — 

'^roDOS  Vamos. 

MüL.o  Es  que  yo... 

C'UAD.  No  tengciis  miedo.  ¡A  ellos! 

Mol. o  ¡Pues  á  ellos...  son  á  los  que  tengo  miedo! 

l'üAD.  ¡Pasad! 

MOL,*^  Vos  primero.  (Empujándose    el    uno    al    otro    por 

quedarse  el  último  ) 

<\iAD.  Ño,  porque  quiero  guardaros  las  espaldas. 

(l.e  empuja  y  entra  el  último.  Música  durante  el  mutis.) 

ESCENA  VI 

1,ACERD.\.  Al  entrar  los  últimos  cuadrilleros,  asoma  por  eneim». 
de  los.  peñascos  de  la  casciida  con  los  manteos  al  brazo,  y  dice 

i  Imposible  avisar  al  otro;  la  situación  se  ha- 
t^e  insostenible;  corro  al  convento  y  que  de 
una  vez  termine  tanto  sufrir!  Vase.) 

MIJTAClO]¥ 

CUADRO  OCTAVO 

Telón  corto  de  casa  blanca,  que  figura  la  despensa  del  molino.  Dos 
laterales  derecha  é  izquierda  con  puerta.  Se  ven  jamones,  frutas, 
etcétera;  colgadas,  orzas,  tinajas,  etc.  Colgados  en  la  puerta  ix- 
quierda  un  jamón,  dos  botas  de  vino  y  una  cesta. 


ESCENA  PRIMERA 

BARBERO,  por  la  derecha 

¡Dios  míol  Hemos  oído  ruido  extraordinario, 
así  como  si  entrara  mucha  gente  en  el  mo- 
lino; el  señor  Lacerda  echó  á  correr  por  un 
lado  y  yo  por  otro,  y  subiendo  á  escape  la 
escalera  me  he  metido  en  ésta,  que  es  la 
última  habitación  de  la  casa.  ¡Tengo  un 
miedo  y  un  hambre!...  ¡Yo  voy  á  tener  un 
mal  encuentro!...  ¿Qué  es  esto?  (ai  ver  ei  ja- 
món.) ¡Un  jamón!  Pues  no  es  tan  malo.  ¡Ca! 
lie,  y  aquí  una  bota  de  vino...  y  aquí  otra! 


—  9o  — 

(Las  coge.)  ¡Cualquiera  es  fraile  descalzo  con 
este  par  de  botas!...  ¡Y  una  cesta!...   ¿Qué 

habrá?   (Descuelga  la  cesta  y  la  registra.)    ¡BoUoS, 

mantecadas!  (se  guarda  algunas.)  Y  ahora...  (Va 
á  echar  un  trago  y  dice.)  Me  parece  que  el  ruido 
se  acerca;  me  meteré  en  esa  otra  habitación. 

(Vase  llevándose  una  bota  de  vino  y  varias  maatecíi- 
das  y  el  jamón,  dejando  en  mitad  de  la  escena  l.t 
otra  bota  y  la  ce.sta.  Entra  por  la  puerta  izquierda  y 
cierra.) 


ESCENA  II 

MOLINERO  y  CUADRILLERO.  Abren  la  puerta    derecha    y    entran 
con  cautela 


Mol. o  (viendo  la  bota  y  la  cesta.)  ¡Mirad,  mirad,  ya  me 

han  robado!...  ¿Os  convencéis? 
CuAu.  ¡Chist! 

Todos  ¡Chist!...  (Desnudando  las  espadas.) 

Clad.  ¡Compañeros,  el  otro  criminal  ha  huido!... 

xVloL.^  Bajad  la  voz. 

Chad.  Y  á  este  ha}-  que  prenderle. 

ToDo.s  Eso. 

MoL.t»  \Y  el  ladrón  ha  bebido  también! 

OUA  >.  ¿Qué  es  esto?  (Por  la  bota.) 

Mo:  .'->  Vino  añejo. 

•OuAD.  A  ver.  (Bebe.)  ¡Es  verdad;  la  justicia  necesita 

pruebas!  Ahora  es  preciso  que  veamos  lo 

que  hace  ahí  dentro. 
Mol. o  Y"o  miraré  por  la  cerradura.  (ei  Molinero  se 

agacha  y  mira  por  la  cerradura;  los  cuadrilleros  s« 
agrupan  junto  á  la  misma  puerta;  el  Cuadrillero  1.'^ 
con  la  bota  y  la  cesta  en  las  manos.) 

MoL.t'  Come. 

Coro  ¡Come! 

<JlaD.  ¡Bueno!  (comiendo  uu  bollo.) 

Mol, o  (Mirando.)  Bebe. 

<JoR0  ¡Bebe! 

€uAr..  Ya  voy.  (Bebe.) 

MoL.<J  ¡Que  sale,  que  sale  I...  (corren   todos,   ios  cuadri- ' 

lleros,  dejando  encerrados  al  Molinero  y  Cuadrille- 
ro 1.*  que  pugnan  por  salir.) 


—  96  — 

CyAD.  ¡Nos  han  encerrado! 

MóL  o         Protegadme,  tened  valor. 
CuAD.  ¡Haré  un  esfuerzo! 


ESCENA  III 


^  DICHOS  y  el  BARBERO,  aterrado 

Barb.  (saliendo.)  (¡Cascaras!  ¡La  justicia  en  el  moli- 

no! ¡Aquí  me  muelen!  Yo  voy  á  ver  si  esca- 
po.) (Alto.)  ¡Hermanos,  per  omniam  sécula!... 

MoL.<^  ¡Narices!    (Este  y  el  Cuadrillero  quedau  como  pega- 

dos á  la  puerta  de  la  derecha,  dando  muestras  de  un 
miedo  exageradamente  cómico,  durante  toda  la  es- 
cena.) 

Barb.  (¡Caracoles,  no  me  creenl)  ^ 

Mol. o  ¡Cuidado  que  oculta  uu  arma  detrás!  (Por  ei 

jamón  qne  lleva  en  la  mano.) 
CuAD.  ¡Es  verdad!...    ¡Alto!    (con    la   espada    desnuda  ) 

¡Entregaos!...  ¡Lo  sabemos  todo!... 
Barb.^        (Me  han  descubierto.)   Pues,  señores;   yo  . 

(Acercándose.) 

CuAD.  ¡Atrás!!. .  ¡Vos  no  sois  fraile,  confesad!... 

Barb.  .        No,  señor;  no  soy  fraile,  la  verdad. 

CuAD.  ¿Y  os  habéis  puesto  esos  hábitos  para  en- 

trar en  el  convento? 

Barb.  No,  señor;  para  salir. 

CuAD.  ¡Pero  habéis  entrado  á  robar! 

Barb.  Sí.  Pero  el  que  iba  á  robar  era  mi  compa- 

ñero. "^ 

CuAD.  ¡Ese  se  nos  ha  escapado! 

B.^iRB.  ¿Se  ha  escapado?  (Me  alegro.) 

CuAD-  ¿Y  por  dónde  habéis  entrado  en  el  con- 

vento? 

Barb.  Por  el  tejado. 

Mol. o  ¡Qué  bruto! 

CuAD.  ¡Sois  un  miserable,  tan  cínico  como  todos 

los  de  vuestro  oficio!... 

Barb.  ¿Mi  oficio?...   ¡Ah!  Pero,  ¿sabéis  qué  oficia 

tengo? 

Clad.  ;Lo  sabemos  todo!   ¿Y   habréis  entrado   á 

ejercerlo  en  el  convento? 

Barb.  ¡Quiá,  hombre;  si  hubieran  sido  frailes,  ya 


-  97  - 

lo  creo  que  los  arreglo!  ¡Una  vez  llegué  á  un 
convento  y  en  un  minuto  dejé  á  la  comuni- 
dad tan  mondadita!...  (Horror  en  los  otros.)  El 
único  que  se  quejó,  porque  echó  una  gotita 
de  sangre,  fué  el  prior;  pero  yo  una  vez  con 
la  navaja  en  la  mano...  ¡vengan  á  mí  hom- 
bres barbudos! 

Mol. o  ¡Qué  horror! 

CuAD.  ¡Callad,  callad!... 

Barb.  Nada,  que  cuando  cojo  á  un  hombre  así  por 

las  narices,  (como  si  afeitara )  v  abro  la  navaja 
y  empiezo  rís,  ras,  rís,  ras...  ¡no  dice  a}'! 

Los  DOS       ¡¡Ayü... 

Barb.  Y  es  que  como  empiezo  por  la  nuez... 

CuAD.  ¡Basta;  soltad  esa  arma  para  que  os  aten!... 

Barb.  ¿A  mí?...  ¿atarme  á  mí?...   ¡De  ninguna  ma- 

nera! (Sacaudo  el  jamóu.) 

CuAD.  ¡Es  un  trabuco! 

Mol. o  ¡Es  un  jamón! 

Cuad.  ¡Favor  al  rey! 

Mol. o  ¡Favor  al  jamón!  (Entran  todos.) 

Barb.  ¡María  Santísima,  cuánta  gente! 

Todos  ¡A  él,  á  éll 

Barb  .  Pero,  señores,  por  Dios,  que  yo  no  soy  cri- 

minal. Yo  diré  quién  soy.  (Los  ruadrillens  se 
arrojan  sobre  él.) 


ESCENA  IV 


DICHOS,  EL  MAYORDOMO  y  CORO  GENERAL 


May. 

¡Deteneos,  señores! 

Cuad. 

¿Quién  sois  vos? 

May. 

El  Mayordomo  del  señor  Marqués  de   la 

Crin. 

Cuad. 
May. 

¿Y  qué  queréis? 
Llevarme  á  ese  hombre. 

Barb. 

¿A  mí? 

Cuad. 

Ese  hombre  es  un  ladrón. 

May. 

¡Ese  hombre  es  el  sobrino  -del  señor  Mar- 

Todos 

qués! 

(Asombrados.)  ¡Oh! 

—  98 


Mol  o 
Barb. 
MoL.o 

Barb. 

May. 

Barb. 


CUAOS. 

Mozos 
Mozas 
Mol.  o 


CUADS. 

Mozos 
Mozas 


laiisicn 

¿Pues  no  sois  padre? 
¿Padre  de  quién? 
Por  lo  que  veo 
padre  mostén. 
Pues  no  veis  bien. 
Vos  sois  Lacerda. 
¡Por  compasión, 
no  hagáis  que  pierda 

más  la  razón! 

Es  un  bribón. 

No  es  un  bribón. 

Si  es  un  marqués 
y  no  un  ladrón, 
¿con  qué  interés 
guarda  el  jamón? 
¡Chitón,  chitónl 

iChitón,  chitón! 


May, 


Barb. 
May. 

Cuads, 
Mozos 
Mozas 
Barb. 


May. 
Barb. 

Cuads. 
Mozos 
Mozas 
May. 


¿No  sois  vos  quien  del  convento 
se  fugó  con  doña  Laura, 
que  os  absorbe  el  pensamiento 
y  os  consuela  con  su  amor? 

No,  señor. 

Sí,  señor. 

No,  señor. 

Sí,  Señor. 

Yo  he  salido  del  convento 
no  con  una  señorita, 
sino  con  un  señorito 
porque  fué  mi  salvador. 

No,  señor. 

Sí,  señor. 

No,  señor. 

Sí,  señor 

De  escapar  buscáis  camino, 
pero  os  reconozco  al  fin 


-  99  ^ 


TODC'S 

May. 


MAy. 

Mozos 

Mozas 


MOL.O 
CUADS. 


May. 

Coro 

CuADS, 

Barb. 


CüADS. 
MOL.^ 

í      May. 
Coro 


por  sobrino  del  Marqués 
de  la  Crin. 
¡De  la  Crin,  de  la  Crin! 


Que  dé  algunos  pasos 

(Le  obliga  á  dar  algunos  pasos.) 

para  que  yo  vea, 
y  al  fin  me  cerciore 
del  pié  que  cojea. 

Una,  dos,  tres,  (cojeando  ) 
aunque  no  quiera 

decir  quién  es, 

una  dos  y  tres, 
esa  cojera 

es  de  un  marqués. 

Una,  dos  y  tres,  (cojeando ) 

si  á  decir  fuera 

yo  mi  opinión, 

una,  dos  y  tres, 

esa  cojera 

es  de  un  ladrón. 

Es  de  un  marqués. 

Es  de  un  ladrón. 
Una,  dos  y  tres, 
todos  me  miran 

con  interés; 
una,  dos  y  tres, 
pero  los  palos 
vendrán  después. 

Es  un  ladrón. 
Es  un  marqués. 


Todos 


Cuads. 


Señor  Marqués,  (saludando. 

señor  Marqués, 

una,  dos,  tres 

hasta  después. 
Con  Dios  vaya  si  no  es 
como  creo  un  malandrín, 
el  sobrino  del  Marqués 


-    100  — 

(le  la  Crin. 

Todos  ¡De  la  Crin,  de  la  Crin! 

Barb.  ¡Yo  un  Lacérela,  yo  un  la  Crin, 

yo  sobrino  de  un  marqués! 
¡Válgame  San  Valentín, 
San  Cenón  y  San  Ginés! 

CuADS.  Visto  de  distintos  modos 

no  aparece  criminal; 

nos  equivocamos  todos, 

cosa,  al  fin,  muy  natural. 

Barb.         )         ^x,,       me ,  i     i.    -i 

p  I        ¡Valgan,      los  santos  todos 

de  la  Corte  celestial! 
Todos  Una,  dos  y  tres,  (cojeando.) 

¡Señor  Marqués!  (saiudaiuio.) 
May.  ¡Señor  Marqués!  (uiem.) 

Barb.  ¡Pero  este  dómine 

qué  bruto  es! 
Todos  ¡Señor  Marqués!  etc. 

(V)inse  por  la  derecha) 

MUTAcao.:^ 


CUADRO  NOVENO 

Decoración.  Huerta  del  convento.  En  ol  laleral  izquierda,  _fachada 
del  convento;  nna  puerta  en  primer  término  con  gradas.  Kn  el 
lateral  derecha  tapia  con  una  puerta.  Un  pozo  en  segando  tér- 
mino izquierda.  Al  foro,  telón  de  huerta.  Árboles,  flores,  etc. 


ESCENA    PRIMERA 


El  DEMANDADERO  y  LACERDA,  que  sale  por  la  puerta  de  la  tapia 


Lac. 
Dei\i. 
Lac. 


Dem. 


¡Eh,  amigo!  Oidme  un  momento. 

Servidor  vuestro;  ¿qué  queréis? 

Quiero  que  inmetliatamente  me  hagáis  ver 

á  la  Superiora  y  al  marqués  de  La  Crin  y  á 

la  señorita  Laura.  Hacedlo  pronto  y  no  os 

pesará.  ¡Vamos,  vamo?! 

Aguardad,  aguardad.  La  madre  Abadesa  y 

el  señor  Marqués  es  difícil  que  os  reciban. 


-  101  — 

pues  no  están  para  visitas;  y  en  cuanto  á  la 
señorita  Laura,  es  más  difícil  todavía,  pues 
está  bajo  la  inmediata  inspección  de  la  Su- 
periora,  porque  anoche  ha  estado  á  punto 
de  fugarse  del  convento  con  un  granuja. 

LaC.  (Con  ira  contenida.)   ¿CÓmO  UU  granuja?... 

Dem.  sí,  señor;  el  pillo  del  sobrino  del  Marqués. 

Lac.  [Ese  sobrino!...  \ 

Dem.  ¡Ese  sobrino  es  un  sin  vergüenza,  creedme! 

Lac.  ¡Callad,  imbécil,  y  llevadme  ante  la  Supe- 

riora  pronto! 
Dem.  Pues  vamos  allá;  ya  veréis  vos  cómo  os  las 

componéis,   (vanse  por  la  puerta  izquierda.) 


ESCENA  II 

El  MARQUÉS,  el  MAYORDOMO,    luego  el  BARBERO  y  Cuadrillero 
por  la  derecha 

Marq.         Conque  contadme,  contadme  todo,  (saliendo.) 
May.  Pues  nada,  señor  Marqués;  que  tras  muchas 

fatigas  di  con  vuestro  sobrino,  que  se  ocul- 
taba en  un  molino,  y  aquí  le  traen  ya.  (Entra 

el  Barbero   acompañado  de  los  cuadrilleros.)   Ahora 

le  mato,  le  confundo,  y  el  primer  palo  no 
hay  quién  se  lo  quite.  ¡Granuja!  (ai  Barbero.) 
¡De  rodillas!  (se  arrodilla.)  ¡Y  toma,  bribón! 

(Le  da  un  palo.) 

Barb.  ¡Ay!  ¡Ay! 

CuAD.  --  ¡Silencio! 
Marq.  ¡Habla,  sobrino  desnaturalizado!    ¡Levanta 

esos  ojos,   descubre  esa  cara,  y  di  qué  has 

hecho  de  Laura! 

Barb.  Yo,  nada.    (Quitándose  la  capuclia.) 

Marq.          (Asombrado.)  ¡Ah!...  ¡Cáscaras! 

mT.^'"^  j¿Qiiéospasa? 
Marq.  ¡Que  no  es  mi  sobrino! 

May.  (Estupefacto.)  ¿Que  no?... 

Marq.  ¡Pues  claro,  imbécil! 

Barb.  Si  ya  se  lo  dije  yo,  señor  Marqués,  que  no 

era  pariente  de  vuecencia. 


■     ^  10^  — 

CuAD,  Y  yo  también  se  lo  dije...  porque  á  éste  le 

conozco  yo. 
Barb,  El  señor  me  conoce  y  dirá  quién  soy. 

Marq.         ¿y  quién  es?  ' 

CuAD.  ¡Un  terrible  criminal  que  ha  matado  mucha 

gente! 
Barb.  ¡Mentira!  ¡No,  no! 

Marq.         (Huyendo.)  ¿Y  por  qué  me  traéis  ese  bicho? 

¡Atadle,  atadle!  (Le  atan.) 
Barb.  ¡Señores,  por  Dios!  ¡Que  yo  no  soy  criminal! 

CuAD.  ¿Y  qué  hicisteis  con  aquella  comunidad?... 

Barb.  ¡Afeitarla! 


ESCENA  ULTIMA 

DICHOS,  la  SUPERIORA,  DEMANDADERO,  iuego  LAURA,    LACER- 
DA,  monjas  y  educandas.  Todos  salen  por  el  convento 

Sup.  Señor  Marqués,  haced  que  desaten  á  ese 

pobre  hombre. 
Dem.  (ai  verle)  ¡Cielos!...  ¡El  de  los  disciplinazos! 

(Huye.) 

Barb.  Sí;  y  el  barbero  á  quien  delatasteis  al  cape- 

llán, tío  de  mi  novia;  (Le  da  un  puntapié.)  y 
por  este  bribón  entré  en  el  convento,  y  en- 
contré á  vuestro  sobrino  que  me  pidió  ayu- 
da para  escaparse  con  la  señorita  Laura. 

Marq.  ¿Y  dónde  está  ella? 

Barb.  Aquí  quedó. 

Marq.  ¿Aquí?...   (Asombrado.) 

Sup.  Sí,  Marqués;  yo  os  lo  oculté  hasta  que  se 

calmara  vuestro  enojo;  pero  Laura  y  Fer- 
nando, que  vino  luego  implorando  mi  ayu- 
da, desean  vuestro  perdón. 

Marq.  ¡El  también! 

Lac^^  ^   ¡(Saliendo.)  ¡Sí,  tío;  perdón! 

Marq.  ¡Ellos!...  ¡Ah!    (cayendo  sobre  el  Barbero.) 

SüP.  ¡Se  ha  desmayado  el  Marqués! 

Barb.  ¡Que  se  me  cae  La  Crin!  ¡Ayudadme! 

Marq.  ¡Ah!...  ¿Con  que  no  habían  huido? 

Laura  No,  tío;  pero  yo  sin  él  no  seré  feliz. 

Lac.  Y  yo  sin  ella...   (Saleu  las  educandas  y  monjas.) 


—  103'  — 

Marq.         Puesto  que  el  cielo  lo  permite,  ¡casaos!  ( Me 
he  lucido.)  Volveré  á  ser  vuestro  padre. 

SUP.  (a  Laura  y  Lacerda.;    ¡DioS  OS  hará  felices! 

Barb.  ¡Que  sea  enhorabuena! 

Lac.  Gracias;  serás  mi  barbero  y  el  de  mi  tío,  y 

le  hablaré  al  capellán  en  favor  tuyo. 

Barb.  ¡Qué  situación  para  un  barbero!...  ¡Entre  La- 

cerda  y  La  Crin  me  hago  rico!... 

Aliksic» 

A  un.  tiempo, 

Laura  y   \  No  más  clausura, 

Lac.  j  mi  bien  amado, 

dicha  y  ventura 

ven)  ^g^^^^'- 
¡Luciente  aurora, 
sueño  doradOj 
con  quien  me  adora 
voy  al  altar! 


Barb.  Un  personaje 

me  considero, 
y  no  un  barbero 
vulgar  y  ruin; 
su  rapabarbas 
hoy  me  ha  nombrado, 
todo  un  Lacerda, 
todo  un  La  Crin. 


May.  Aunque  ée  encuentra 

mu}''  achacoso, 
darle  otro  esposo 
llora  el  marqués. 
¡Suerte  traidora! 
Pero  más  vale 
que  llore  ahora 
que  no  después, 


—  104  — 

Marq.  ¡Tanta  ternura 

me  ha  conniovidol 
Si  con  locura 
se  aman  los  dos, 
que  no  se  diga 
que  fui  tirano: 
¡Que  los  bendiga 
desde  ahora  Dios! 


Ellas  ¡Ah! 

¡Dichosa  ella, 
que  ha  conseguido 
con  un  marido 
Coro    {  saHr  de  aquí! 

Ellos      ¡Quién  una  esposa, 
joven  y  hermosa, 
tener  pudiera 
también  así! 


FIN 


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Martin,  Puerta  del  Sol,  b;  de  D.  M.  Murillo,  calle  de  Alcalá,  7; 
de  D.  Manuel  Rosado,  calle  de  Esparteros,  11;  de  Gutenberg,  ca- 
lle del  Principe,  14;  de  los  Sres.  Simón  y  C*,  calle  de  las  Infan- 
tas, 18,  y  del  Sr.  Escribano,  plaza  del  Ángel,  ?. 


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